Suegro de Pipa Middleton niega la acusación de violación

Europa

La noticia de su arresto en el aeropuerto de Orly, el pasado 27 de marzo, saltó a los titulares de la prensa internacional y dejó estupefacto a un Reino Unido hasta entonces admirado por el perfil de este empresario de éxito y feliz hombre casado, el hijo de un minero que ha logrado amasar una fortuna estimada en 40 millones de libras. Tras permanecer 48 horas en custodia, David Matthews, de 74 años, fue puesto en libertad con fianza, a la espera de una investigación judicial que en un plazo de seis meses decidirá si es llevado a juicio por “violación de una menor por una persona con autoridad sobre la víctima” (se ha especulado, sin confirmación oficial, que se trata de una sobrina suya).

Los supuestos hechos, solo denunciados el año pasado por un testigo no identificado, se habrían producido entre 1998 y 1999, una época en la que Matthews tenía instalada su residencia permanente en la isla caribeña de San Bartolomé junto a su segunda esposa y madre de tres de sus hijos. Por aquel entonces ya había forjado un gran imperio económico, fraguado desde sus años de juventud en el modesto garaje de la localidad inglesa de Rotherham que su progenitor compró al dejar la mina.

David empezó a trabajar como aprendiz de mecánico, pero pronto quedaron claras su habilidades para la compra-venta de autos que le permitieron financiar una carrera de piloto. Se casó con Anita Taylor, también piloto, pero el divorcio llegó tras el nacimiento de su única hija (Nina). Fueron tiempos difíciles en los que su condición de promesa del automóvil se vio truncada por un grave accidente en el circuito de Silverstone, en el que murió otro conductor y él sufrió heridas en un ojo.

Mathews se volcó entonces en levantar una gran compañía de autos de segunda mano que le procuró los beneficios necesarios para expandirse hacia el sector inmobiliario en los años noventa. De su segundo matrimonio con la artista y antigua reina de belleza Jane Parker nacieron James y Michael, que optaron ambos por dedicarse a las finanzas en la City, y el benjamín Spencer, hoy erigido en una estrella de la telerrealidad (gracias al programa Made in Chelsea). En 1999, Michael se convirtió a los 23 años en el británico más joven en coronar el Everest, pero nunca regresó de aquella expedición y fue dado por muerto.

Sus hijos le apodan “The Band”, en referencia al grupo americano de rock alternativo con el que comparte nombre, The Dave Mathews Band. Ricos, guapos y en perfecta sintonía familiar, esa idílica estampa de los Matthews se ha visto empañada ahora por la grave imputación que pende sobre el padre. Su portavoz ha negado “categóricamente las falsas y escandalosas acusaciones”. La última palabra la tiene ahora la justicia francesa.

 El País