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Mié, Jul

Descubrimiento Inesperado: Tiburones Dormilones del Pacífico en el Mar de China Meridional Tras Experimento con Carroña

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Un inusual experimento marino, que consistió en arrojar el cadáver de una vaca a 1.629 metros de profundidad en el mar de China Meridional, reveló la presencia de ocho tiburones dormilones del Pacífico. Este hallazgo, el primero documentado de la especie en la región, no solo amplía su rango de distribución conocido, sino que también ofrece valiosa información sobre su comportamiento social, jerarquías alimentarias y adaptaciones fisiológicas, desafiando ideas previas sobre la biodiversidad abisal tropical.

El océano esconde numerosas sorpresas. Mientras que en ocasiones los enigmas emergen a la superficie, como los pies humanos a la deriva encontrados en Canadá hace años, la mayoría de las veces es necesario explorar las profundidades para desvelar misterios. Esta premisa guio a un grupo de investigadores en un experimento singular: lanzaron el cadáver de una vaca a 1.600 metros de profundidad.

En uno de los experimentos marinos más peculiares de los últimos tiempos, científicos sumergieron una vaca muerta a 1.629 metros en una pendiente continental del mar de China Meridional, frente a la isla china de Hainan. El objetivo era simular el hundimiento de una ballena y estudiar el comportamiento de los carroñeros de aguas profundas. Lo que descubrieron sorprendió incluso a los investigadores más experimentados: ocho tiburones dormilones del Pacífico (Somniosus pacificus) aparecieron en el lugar, marcando la primera observación documentada de esta especie en la región.

Este hallazgo no solo expande de forma inesperada el mapa de distribución de este elusivo tiburón, sino que también proporciona información crucial sobre sus patrones de comportamiento, jerarquías alimenticias, adaptaciones fisiológicas y su posible expansión geográfica.

Aunque el tiburón dormilón del Pacífico tiene una amplia distribución en el norte del océano Pacífico (desde Japón hasta Alaska y al sur hasta Baja California), su detección en aguas del sur de China fue totalmente inesperada. Esto plantea interrogantes sobre la verdadera extensión de su hábitat, un posible desplazamiento debido al cambio climático o incluso la existencia de una población estable y aún no registrada en esa región.

Las imágenes captadas por las cámaras submarinas no solo confirmaron su presencia, sino que revelaron un comportamiento inusual para grandes depredadores: una especie de sistema de turnos, donde los tiburones se alineaban para alimentarse del cadáver, cediendo el lugar a otros individuos que se aproximaban desde atrás. Este tipo de “etiqueta alimentaria”, raramente observada en especies depredadoras, sugiere que el orden en la alimentación podría estar determinado por la intensidad competitiva de cada individuo, en lugar de una lucha caótica por los recursos. Esto indicaría un nivel de organización social más complejo del que se sospechaba en estos animales.

El estudio también documentó variaciones en el comportamiento según el tamaño corporal. Los ejemplares que superaban los 2,7 metros de longitud se mostraron mucho más agresivos y directos al atacar la carroña, mientras que los tiburones más pequeños optaban por movimientos cautelosos, rodeando el cadáver en círculos antes de aproximarse. Este patrón sugiere que, incluso en un entorno donde los alimentos son escasos y las oportunidades aleatorias, los tiburones dormilones podrían haber desarrollado una estrategia de convivencia con rangos jerárquicos que minimizan el conflicto directo.

Otro hallazgo notable fue un comportamiento de retracción ocular observado durante la alimentación. Dado que esta especie carece de membrana nictitante (la “tercera pestaña” protectora que poseen otros vertebrados como los gatos o ciertos reptiles), los investigadores creen que esta retracción refleja una adaptación evolutiva para proteger los ojos durante mordidas o forcejeos, lo que aporta un nuevo dato sobre la fisiología defensiva de estos tiburones en su ambiente natural.

Las grabaciones también mostraron otros aspectos reveladores: varios tiburones portaban parásitos visibles en sus ojos, identificados como copépodos, aunque no se logró clasificar con precisión la especie. Este detalle refuerza el paralelismo biológico entre los tiburones dormilones del Pacífico y sus parientes más conocidos, los tiburones de Groenlandia, que también suelen alojar parásitos en sus órganos visuales. Además de los tiburones, el experimento atrajo una sorprendente variedad de fauna abisal, como peces caracol y numerosos anfípodos, todos atraídos por la fuente de materia orgánica en descomposición. Estos registros confirman que las zonas profundas del mar de China Meridional no solo albergan una biodiversidad aún poco documentada, sino que podrían ser más productivas de lo que se creía hasta ahora, en contra de la idea de que las profundidades tropicales son biológicamente más pobres que sus contrapartes polares.

La presencia de estos tiburones plantea una cuestión crucial: ¿es una expansión reciente de su rango debida al calentamiento global, o ha sido siempre parte de su hábitat y simplemente nunca se había observado? Se sabe que la especie ha aparecido ocasionalmente en regiones tan alejadas como Palaos o las Islas Salomón, lo que sugiere que podría haber más poblaciones meridionales de lo que indica la literatura científica. Sin embargo, la “aparición frecuente” en el suroeste del mar de China, según el propio equipo investigador liderado por Han Tian, sugiere más bien una falta estructural de datos en una región poco explorada más que un cambio reciente en el patrón de distribución. En ese sentido, el experimento con el cadáver de vaca no solo ha aportado una observación puntual, sino que ha abierto una vía para revisar conceptos clave sobre la biogeografía marina de especies abisales.

En febrero de 2026, se documentó, por primera vez en la historia, un tiburón (de la familia de los dormilones, posiblemente un tiburón dormilón austral, pariente muy cercano del dormilón del Pacífico) frente a las islas Shetland del Sur, en aguas antárticas, a 490 metros de profundidad. Se trata de la primera vez que se filmaba un elasmobranquio en el océano Austral, y varios expertos apuntan a que el calentamiento de las aguas podría estar facilitando desplazamientos de esta familia de tiburones hacia zonas donde antes no se les esperaba, aunque también advierten que podrían llevar allí mucho tiempo sin haber sido detectados.

Todos estos hallazgos subrayan la utilidad de experimentos simples, pero cuidadosamente diseñados para obtener datos sobre entornos remotos, inaccesibles y a menudo poco comprendidos. La idea de simular un hundimiento de ballena con una vaca no solo resultó eficaz, sino que demostró ser un poderoso imán ecológico capaz de revelar complejas interacciones biológicas. En un contexto donde el cambio climático y la actividad humana están alterando ecosistemas incluso a gran profundidad, este tipo de investigaciones resulta crucial para comprender el funcionamiento invisible del océano profundo. La aparición de ocho tiburones dormilones donde nadie les esperaba, comportándose con orden, agresividad medida y mecanismos adaptativos sofisticados, es una prueba más de que las profundidades marinas guardan secretos que apenas estamos comenzando a comprender.