Una mujer guatemalteca, tras casi tres décadas en Estados Unidos y siete meses de detención migratoria, ha optado por la autodeportación, regresando a su país natal. Esta decisión la ha llevado a separarse de sus cuatro hijos, todos ellos ciudadanos estadounidenses. Su caso subraya las complejas implicaciones de las políticas migratorias en familias de estatus mixto.
Una ciudadana guatemalteca, quien residió por casi treinta años en territorio estadounidense, ha abandonado la nación mediante un proceso de autodeportación, dejando atrás a sus cuatro descendientes, todos ellos con nacionalidad americana, después de pasar aproximadamente siete meses bajo custodia de las autoridades de inmigración. Se trata de Olga Pérez, quien tomó un vuelo el pasado 6 de julio desde el Aeropuerto Internacional de Fort Lauderdale-Hollywood, en Florida, con destino a Guatemala, luego de consentir su partida voluntaria para evitar una reclusión indefinida en un centro de detención para migrantes. Previo a su partida, Pérez reiteró que jamás había cometido delito alguno. “No soy una criminal”, expresó la señora, cuyo asunto ha captado la atención de diversas agrupaciones que apoyan a inmigrantes.
Olga Pérez estuvo recluida por alrededor de siete meses en el Centro de Detención de Eloy, en Arizona. De acuerdo con las organizaciones que la asistieron durante el procedimiento, un juez de inmigración le concedió dos semanas de libertad provisional para organizar su salida del país a través de la figura de la autodeportación. La mujer trabajó por veinte años como traductora de lenguas indígenas en el Centro Guatemalteco Maya, donde brindaba asistencia a migrantes que hablaban una variante poco común de una lengua maya en trámites legales y administrativos.
Con la partida de Pérez, sus cuatro hijos, cuyas edades oscilan entre los 13 y 21 años, permanecen en Estados Unidos. La hija mayor, Elisa, de 21 años, ha quedado a cargo del cuidado de sus tres hermanos menores. “Mi mamá no ha hecho nada”, afirmó la joven al despedirse de su progenitora en el aeropuerto. Tras su llegada a Ciudad de Guatemala, Olga Pérez fue recibida por una comunidad de religiosas salesianas, donde residirá temporalmente gracias a las gestiones realizadas por el Centro Guatemalteco Maya.
El suceso de Olga Pérez nuevamente pone de manifiesto la situación de miles de hogares con estatus migratorio mixto en Estados Unidos, donde los progenitores carecen de documentos migratorios mientras sus descendientes poseen la ciudadanía estadounidense. Organizaciones dedicadas a la defensa de los inmigrantes argumentan que este tipo de situaciones evidencia el impacto que las regulaciones migratorias pueden tener sobre la cohesión familiar, especialmente cuando menores de edad son separados de sus padres. Por su parte, aquellos que respaldan la aplicación rigurosa de las leyes migratorias consideran que las autoridades deben hacer cumplir la legislación vigente, sin importar el tiempo que una persona haya residido en el país. Esta narrativa ilustra el dilema que enfrentan numerosas familias inmigrantes, cuya permanencia en Estados Unidos depende de procedimientos judiciales y administrativos que, en muchos casos, culminan con la separación de padres e hijos.