Ingenieros y especialistas han identificado los motivos detrás del colapso de múltiples estructuras en el norte de Venezuela tras dos potentes sismos. Entre los factores clave se encuentran la antigüedad de los inmuebles, la falta de cumplimiento de las normativas antisísmicas y las características del suelo, revelando la vulnerabilidad de la infraestructura ante eventos telúricos. La tragedia ha dejado cientos de víctimas fatales y miles de afectados.
La Guaira, Venezuela (AP).- Edificios antiguos, construcciones que no seguían los protocolos de seguridad antisísmica y las propiedades del terreno fueron algunos de los elementos que contribuyeron a la caída de numerosas edificaciones durante los dos terremotos que asolaron el norte de Venezuela, según ingenieros y expertos consultados por The Associated Press (AP). Los especialistas indicaron que los sismos de magnitudes 7.2 y 7.5, registrados con apenas 39 segundos de diferencia, se encuentran entre los más intensos que han afectado al país en más de un siglo. La catástrofe ha provocado más de 900 decesos, una cifra que continúa en aumento, mientras miles de personas permanecen desaparecidas o desplazadas.
La inteligencia artificial desvela la magnitud de los perjuicios. El laboratorio AI for Good de Microsoft analizó fotografías satelitales de Catia La Mar, en el estado La Guaira, una de las poblaciones más golpeadas por los temblores. Utilizando modelos de evaluación de daños basados en inteligencia artificial, la empresa determinó que cerca de un tercio de las casi 30,000 edificaciones de la ciudad sufrieron algún tipo de daño, una estimación que demuestra la envergadura del desastre.
Especialistas en estructuras señalaron que numerosos complejos residenciales fueron levantados durante los periodos de bonanza petrolera, cuando muchas construcciones se ejecutaron con celeridad y, presuntamente, sin aplicar las mejores técnicas de ingeniería para resistir terremotos de gran magnitud. También destacaron que muchas residencias edificadas durante las décadas de 1950 y 1960, antes de la implementación de normativas antisísmicas modernas, nunca fueron reforzadas para soportar movimientos telúricos de alta intensidad.
El concreto envejecido y los “pisos débiles” incrementaron el peligro. El ingeniero estructural David Cocke, expresidente del Instituto de Investigación en Ingeniería Sísmica de Estados Unidos, explicó que la combinación de suelos blandos, edificaciones elevadas y estructuras de concreto con muchos años favoreció el derrumbe progresivo de muchos inmuebles. “Simplemente, no poseen las conexiones de acero de refuerzo más modernas que hoy incorporamos en ese tipo de edificios”, afirmó. Por su parte, Eduardo Miranda, profesor de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de Stanford, indicó que muchas construcciones contaban con “plantas blandas”, es decir, primeros niveles destinados a estacionamientos o áreas abiertas con menor rigidez estructural. Según el especialista, este tipo de diseño aumenta considerablemente el riesgo de que los edificios se desplomen piso por piso durante un sismo.
El doble impacto sísmico intensificó la devastación. El geofísico Marcos Ferreira, investigador del Servicio Geológico de Brasil, explicó que la destrucción también estuvo influenciada por el fenómeno conocido como doblete sísmico, que ocurre cuando dos temblores de gran magnitud se producen en un corto lapso de tiempo. Comparó el efecto con dos ondas que se superponen y amplifican la vibración del terreno, aumentando el potencial destructivo de los movimientos telúricos.
Edificios recientes también cedieron. Tras el terremoto de 1967, Venezuela actualizó sus reglamentos de construcción para mejorar la resistencia sísmica de las edificaciones. Sin embargo, el ingeniero civil venezolano Juan Carlos Vielma, académico de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, en Chile, afirmó que algunos edificios de construcción relativamente reciente también se desplomaron, lo que plantea interrogantes sobre el cumplimiento de las normas vigentes y los procesos de supervisión. “Necesitamos emprender un proceso no solo de reconstrucción, sino también de revisión de las normas aplicables, ya que algo podría haber fallado también dentro de nuestros procesos de ingeniería”, sostuvo.
El rescate que devolvió la esperanza, el bebé que sobrevivió 32 horas bajo los escombros.