Una encuesta reciente revela que la mayoría de las familias urbanas en República Dominicana residen en viviendas alquiladas o cedidas, siendo la adquisición de una casa propia un desafío significativo. A nivel nacional, más de la mitad de los hogares no posee su vivienda, una situación que contrasta con las zonas rurales. Este escenario subraya un considerable déficit habitacional que va más allá de la mera propiedad, incluyendo la calidad de las infraestructuras.
Adquirir una residencia propia sigue siendo una meta esquiva para miles de familias dominicanas. A pesar del incremento en la construcción de proyectos habitacionales en los últimos años, la mayoría de los habitantes de las ciudades aún ocupan propiedades arrendadas, prestadas o cedidas. Estos datos provienen de la Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (ENHOGAR-MICS 2025), que indica que el 60.7 % de los núcleos familiares urbanos vive en una residencia que no pertenece a ninguno de sus miembros, mientras que solo el 39.3 % habita en una vivienda de su propiedad. A escala nacional, la situación es similar, ya que únicamente el 44.3 % de las viviendas en el país pertenece a algún integrante del hogar, lo que implica que más de la mitad de las familias dominicanas reside bajo otra modalidad de tenencia, ya sea alquiler, préstamo o cesión.
El panorama cambia considerablemente al analizar las áreas rurales. En estas zonas, el 57.3 % de los hogares sí posee una vivienda propia, superando con creces a las ciudades, donde el acceso a una casa continúa siendo uno de los mayores retos económicos para las familias.
Un desafío que trasciende la propiedad
La dificultad para obtener una vivienda se enmarca en un problema de mayor envergadura. El Ministerio de Vivienda y Edificaciones (MIVHED) estima un déficit habitacional aproximado de 1.46 millones de unidades. De este total, cerca de 393 mil corresponden al déficit cuantitativo, es decir, familias que requieren una vivienda completamente nueva, mientras que más de 1.07 millones presentan un déficit cualitativo, lo que significa que sus residencias necesitan mejoras debido a problemas en techos, pisos, paredes o servicios esenciales. Esto sugiere que el problema no se limita solo a quienes carecen de una vivienda propia, sino también a aquellos que residen en condiciones que afectan su calidad de vida.
¿Qué se considera una vivienda adecuada?
Disponer de una vivienda adecuada no se reduce a tener un techo. Implica residir en un espacio seguro, con acceso a agua potable, saneamiento, suministro eléctrico, infraestructura sólida, materiales resistentes, condiciones de habitabilidad y una ubicación que facilite el acceso a centros educativos, hospitales, lugares de trabajo y transporte público.
El 46.9 % de las viviendas en nuestro país cuenta con piso de cemento, mientras que el 1.2 % aún conserva piso de tierra o barro. En cuanto a las paredes, el 84.7 % de las viviendas está construido con bloques o concreto, aunque el 3.2 % todavía utiliza tabla de palma como material principal. Respecto a los techos, el 52.6 % de las viviendas tiene techo de concreto, mientras que el 44.4 % aún presenta techo de zinc o madera.