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Lun, Oct

Dominicanos Enfrentan Rutas Migratorias Peligrosas: De Viajes Ilegales a Conflictos Armados en el Extranjero

Nacionales
Ciudadanos dominicanos, en busca de mejores oportunidades, se han visto envueltos en travesías sumamente peligrosas, desde cruces marítimos clandestinos hasta ser reclutados involuntariamente en la guerra en Ucrania. Estas situaciones revelan los graves riesgos que muchos están dispuestos a asumir para emigrar, destacando una problemática recurrente que el país ha enfrentado durante décadas en su búsqueda de un futuro más próspero.

Numerosos individuos partieron de la República Dominicana con la aspiración de obtener mayores ingresos, conseguir empleo y asegurar un porvenir más favorable para sus seres queridos. Sin embargo, algunos terminaron en zonas de combate, otros desaparecieron en el océano y muchos más enfrentaron arduos trayectos a través de selvas, desiertos y fronteras controladas por redes de tráfico de personas.

Las recientes denuncias de dominicanos que viajaron a Rusia, atraídos por supuestas ofertas de empleo, y que finalmente se vieron involucrados en el conflicto bélico contra Ucrania, han puesto de nuevo en el centro de la discusión una realidad bien conocida en el país por décadas: los enormes peligros que ciertos ciudadanos están dispuestos a afrontar para migrar. Lo que antes se manifestaba principalmente en las embarcaciones ilegales con destino a Puerto Rico o en los viajes irregulares hacia los Estados Unidos, ahora se presenta también en contratos laborales en lenguas extranjeras, promesas de salarios elevados y reclutamientos que pueden culminar en áreas de enfrentamiento armado.

¿Qué impulsa a una persona a arriesgarlo todo para establecerse en otro país? La búsqueda de mejores ingresos, el anhelo de adquirir una vivienda, proporcionar apoyo económico a la familia, saldar deudas o acceder a empleos que consideran mejor remunerados son algunas de las motivaciones recurrentes en las narraciones de quienes deciden emigrar.

Pero las expectativas económicas también pueden ser explotadas por intermediarios que presentan los viajes como oportunidades rápidas y seguras. En ciertas circunstancias, los migrantes están conscientes de algunos de los riesgos y, aun así, optan por emprender el viaje. En otras, denuncian haber recibido información errónea sobre el trabajo, el destino o las condiciones que les esperaban.

El caso de Rusia representa una de las manifestaciones más recientes de los riesgos asociados a ciertas ofertas de empleo en el extranjero. El canciller Víctor Bisonó informó que las autoridades dominicanas habían identificado más de 30 casos de ciudadanos relacionados con el conflicto entre Rusia y Ucrania, una cifra que había aumentado desde los aproximadamente 20 expedientes conocidos inicialmente.

La situación salió a la luz después de que el programa N Investiga presentara a familiares que aseguraron que sus parientes habían viajado atraídos por propuestas de trabajos técnicos, de construcción, soldadura y otras actividades civiles, pero que posteriormente fueron integrados en instalaciones militares rusas. Uno de los testimonios es el de Jesús Campusano, de 52 años, residente en Bajos de Haina, quien recibió una oferta para trabajar como soldador en la ciudad rusa de Kazán. Según relató su hermana, Cristina Campusano, al llegar a Rusia le entregaron documentos en ruso, le quitaron el pasaporte y después le dieron un uniforme militar. La familia denunció que terminó expuesto a la posibilidad de ser enviado al frente de batalla. Este suceso demuestra hasta dónde puede llegar una promesa de mayores ingresos: desde una oferta laboral recibida en la República Dominicana hasta la posibilidad de terminar participando en una guerra a miles de kilómetros de distancia.

Mucho antes de las denuncias sobre la guerra en Rusia, miles de dominicanos habían intentado llegar de forma irregular a Puerto Rico a través del Canal de la Mona, una de las rutas marítimas más peligrosas del Caribe. Las travesías se realizan en embarcaciones que, en muchos casos, carecen de las condiciones necesarias para transportar a decenas de personas durante largas horas de navegación. El exceso de pasajeros, los fallos mecánicos, la carencia de equipos de seguridad y las fuertes corrientes marinas convierten estos viajes en operaciones de alto riesgo.

Las autoridades dominicanas han llevado a cabo durante años operativos para interceptar embarcaciones, detener a los organizadores y rescatar a los pasajeros. En informes difundidos por la Armada Dominicana, durante 2026 se documentaron 7,587 personas rescatadas o detenidas en operaciones relacionadas con viajes clandestinos entre 2023 y mediados de 2025, un indicador de la magnitud de los intentos de salida por mar. Detrás de esas cifras hay personas que venden propiedades, solicitan préstamos o comprometen los ahorros familiares para pagar a quienes organizan viajes ilegales. Puerto Rico representa para muchos la posibilidad de acceder a territorio estadounidense y, eventualmente, encontrar mejores condiciones laborales, enfrentando el riesgo más grave que es la desaparición en el mar. Cuando una embarcación naufraga, las familias pueden pasar días o semanas esperando noticias. En ciertos casos, los cuerpos nunca se recuperan y los desaparecidos permanecen sin una confirmación definitiva de su destino.

Otra de las modalidades empleadas por dominicanos ha sido la conocida como "vuelta por México", una expresión popular para referirse a los viajes que buscan alcanzar los Estados Unidos mediante recorridos por varios países de América Latina. No se trata de una única ruta. Dependiendo de los requisitos migratorios, los controles fronterizos y los contactos disponibles, algunos viajeros han comenzado su recorrido en Centroamérica y otros en países sudamericanos.

En muchos casos, el trayecto implica utilizar vuelos comerciales hasta un país donde sea posible ingresar y luego continuar por tierra hacia el norte. Durante ese recorrido, los migrantes pueden quedar expuestos a redes que cobran por el transporte, los alojamientos, los cruces fronterizos y los supuestos contactos necesarios para alcanzar territorio estadounidense. Para algunos migrantes, la travesía hacia los Estados Unidos ha incluido el paso por la selva del Darién, ubicada entre Colombia y Panamá. El recorrido exige atravesar montañas, ríos y zonas selváticas donde las lluvias, las corrientes y la falta de alimentos pueden poner en peligro la vida. A las dificultades naturales se suman las denuncias de robos, agresiones sexuales, extorsiones y otros abusos cometidos por grupos criminales. Hasta noviembre de 2024, un total de 315 dominicanos cruzaron la selva del Darién durante ese año, según datos del Servicio Nacional de Migración de Panamá. Para quienes parten desde la República Dominicana, llegar al Darién implica haber realizado previamente desplazamientos por otros países, lo que aumenta los gastos y la dependencia de intermediarios.

Los peligros de la migración irregular no siempre están relacionados con embarcaciones precarias o travesías por territorios inhóspitos. En algunos casos, el riesgo comienza con la entrega de dinero a organizaciones que prometen facilitar la entrada a Europa mediante documentación fraudulenta. Durante 2026, las autoridades españolas informaron sobre investigaciones contra redes que habrían facilitado el ingreso irregular de ciudadanos dominicanos utilizando identidades y documentos colombianos. El mecanismo consistía en aprovechar las diferencias entre los requisitos de entrada aplicables a determinadas nacionalidades. Estas organizaciones podían utilizar conexiones aéreas por distintos países de América Latina antes de trasladar a los viajeros hacia territorio europeo.

La magnitud de la diáspora dominicana ayuda a comprender la importancia social y económica de la migración, aunque no debe confundirse con la cantidad de personas que utilizan vías irregulares. Las cifras permiten dimensionar el fenómeno migratorio dominicano. De acuerdo con la quinta edición del Registro Sociodemográfico de los Dominicanos Residentes en el Exterior, presentada en julio de 2026 por el Instituto de Dominicanos y Dominicanas en el Exterior (INDEX), 3,030,647 dominicanos y personas de origen dominicano residen en 129 países y territorios. Esto representa una población equivalente a más de una cuarta parte de los habitantes del territorio nacional, aunque no significa que todos hayan emigrado personalmente, ya que el registro también comprende personas de ascendencia dominicana nacidas fuera del país. La mayoría de esa diáspora se concentra en América del Norte, que reúne el 84.9 %, mientras Europa representa el 9.8 %. Detrás de esos millones de residentes en el exterior existen historias de éxito, reunificación familiar y movilidad económica. Pero también hay una realidad menos visible: la de quienes intentan llegar por vías irregulares, confían en intermediarios o aceptan ofertas laborales sin conocer completamente las condiciones que encontrarán.