Durante años, una pequeña localidad italiana se enorgulleció de poseer un espectacular anfiteatro romano, supuestamente milenario. Sin embargo, detrás de este impresionante hallazgo se escondía un elaborado engaño orquestado por un hombre que se hacía pasar por erudito. La farsa, que llegó a cobrar hasta 40 euros por visita, ha sido finalmente desvelada, culminando con la condena y el ingreso en prisión de su creador.
Por un tiempo, Arcugnano, una pequeña villa en la provincia de Vicenza, se jactó de un atractivo exótico al alcance de muy pocos municipios, incluso en Italia: un espectacular anfiteatro romano con sus gradas de piedra, columnas, estatuas y hasta un estanque. Se afirmaba que el conjunto había sido construido antes del 393 d.C. y que su entorno ocultaba piezas griegas y del Neolítico. Detrás de este hallazgo tan notable se encontraba una figura igualmente fascinante: un erudito conocido como Franz Von Rosenfranz en los círculos artísticos. El problema es que Rosenfranz se llamaba en realidad Franco Malosso y el supuesto anfiteatro era un decorado construido con yeso, hormigón y bloques.
Para entender lo que quizás sea la historia más disparatada de 2026 en Italia, hay que remontarse dos décadas atrás, a 2005, cuando Malosso afirmó haber encontrado una sorpresa en el jardín de una villa de Arcugnano. Ese año, un deslizamiento de tierras supuestamente dejó al descubierto los restos de lo que parecía un antiguo yacimiento arqueológico. Ante la sospecha de que el subsuelo ocultaba algo, Malosso se puso a excavar y recuperó un anfiteatro romano. O al menos, insistimos, eso es lo que cuenta una historia disparatada que ha acabado cayendo por su propio peso.
¿Un anfiteatro romano? Exacto. Para ser más precisos, el "Anfiteatro marittimo berico Porto degli Angeli", que es como se promocionaba años después el yacimiento para orgullo de los vecinos y disfrute de los visitantes fascinados por la historia de la antigua Roma. Su magnetismo era más que comprensible. El supuesto anfiteatro contaba con amplias gradas de piedra, columnas, estatuas y un estanque. Circuló la historia de que el complejo se había levantado antes del 393 d.C. y que en los alrededores se habían encontrado vestigios de origen griego o que se remontaban al Neolítico. En un doble giro histórico, incluso se dijo que Julio César había pasado por esa misma zona cuando regresaba de Egipto con Cleopatra o que Julieta Capuleto vivió allí cuando era una adolescente. ¿Genial, no? Sí. Demasiado. De hecho, sonaba tan espectacular que las sospechas no tardaron en sobrevolar el anfiteatro de Arcugnano.
En 2016, los Carabineros investigaron el yacimiento, los arqueólogos analizaron las supuestas estructuras romanas y se recurrió también a imágenes satelitales para estudiar cómo había cambiado la zona a vista de pájaro en los últimos años. La conclusión fue clara: no había anfiteatro romano alguno, solo una construcción reciente levantada con más voluntad que maña. Un decorado. Las gradas romanas se habían construido en realidad con bloques de piedra modernos que alguien había tratado para darles un aspecto envejecido. Las estatuas eran de yeso y las columnas se fabricaron básicamente con fibra de vidrio y hormigón. El estanque también tenía poco de antiguo, se había excavado en los últimos años. En resumen, el Anfiteatro Marítimo Berico era básicamente un decorado levantado sin demasiado criterio histórico.
Que alguien levante una réplica (más o menos exacta) de un anfiteatro romano en pleno siglo XXI es curioso, pero si la historia del yacimiento Berico ha despertado el interés de la prensa mundial es porque Malosso llegó a convencer a otros de que aquella construcción era romana. Es más, se dice que cobró hasta 40 euros por visitarla y logró, no se sabe muy bien cómo, que las autoridades locales incluyesen el supuesto anfiteatro en una guía y una aplicación promocional, según revela el periódico Corriere della Sera.
El resultado es que lo que parecía un reclamo turístico ha acabado convertido en motivo de escarnio para el municipio. Paolo Pellizzari, quien entonces ejercía de alcalde, reconoce en Il Giornale di Vicenza que cuando se destapó el engaño "nos convertimos en el hazmerreír de Italia". Sin embargo, defiende también que Malosso actuó con habilidad: "Había disimulado muy bien la operación y el terreno era de su propiedad". Gran parte de la obra la hizo además sin permisos ni pasar por la oficina técnica municipal. "Se presentaba de forma cautivadora y prometía el oro y el moro", zanja.
La historia ha escrito un nuevo capítulo. Y no precisamente bueno para Malosso, que ahora tiene 69 años. El caso lleva tiempo en los juzgados y en 2021 el Tribunal Supremo de Casación llegó a confirmar una condena de dos años y cuatro meses de prisión para el presunto arqueólogo por construcción ilegal, falsificación de obras de arte y edificar en un entorno con protección paisajística. Ahora, una vez rechazada la solicitud de libertad condicional presentada por Malosso, la sentencia ya es efectiva. De hecho, ha ingresado en la prisión de Ventimiglia.
En 2016, poco después de que estallase la polémica, La Stampa entrevistó a Malosso, quien aseguraba que en realidad no había engaño alguno o que esa nunca fue su intención. "Eso no es el anfiteatro, es un jardín con formas elípticas, una maqueta de lo que alguna vez estuvo allí, probablemente debajo, descrito por varios poetas y escritores como 'el gran anfiteatro'", se justificó.
La gran incógnita es cómo su engaño pudo escalar hasta el punto de colarse en una guía de viajes oficial o incluso atraer visitantes dispuestos a pagar 40 euros. Más allá de las columnas de hormigón y estatuas de yeso, los expertos recuerdan que el contexto también carece de sentido. "Un anfiteatro en pleno campo, lejos de un núcleo urbano antiguo, es falso", explica a El País Jacopo Bonetto, arqueólogo. De hecho, siendo estrictos, ni siquiera se debería hablar de un anfiteatro: la estructura de Arcugnano, con forma de media luna, encaja mucho mejor con las características del teatro romano. Eso sin contar el sinsentido de algunas de las referencias temporales supuestamente compartidas por Malosso. Por ejemplo, la prensa asegura que llegó a contar a los turistas que Julio César había pasado por allí a su regreso de Egipto con Cleopatra, cuando la famosa pareja vivió en el I a.C. y el anfiteatro supuestamente databa del IV d.C. Ahora el problema no son las incoherencias históricas, sino quién asumirá la demolición del yacimiento falso.