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Sáb, Ago

Fracasa la reintroducción de urogallos cantábricos criados en cautividad: solo una de treinta sobrevive

Tecnologia
Un programa experimental para recuperar el urogallo cantábrico, una subespecie en peligro crítico de extinción, ha tenido un resultado desalentador. De 30 aves criadas en cautividad y liberadas en León, solo una hembra sobrevivió seis meses después, principalmente debido a la depredación. Este suceso subraya los desafíos de la reintroducción de especies silvestres y la necesidad de estrategias más efectivas.

Mantener bajo control la población de una especie invasora requiere grandes esfuerzos, investigación e inversión. Evitar la desaparición de las especies autóctonas, también. Desafortunadamente, no es tan sencillo como conseguir crías de la especie en cuestión y liberarlas en su hábitat natural. Un ejemplo de esto es el urogallo cantábrico, una subespecie exclusiva de la cordillera Cantábrica y la más amenazada de Europa occidental.

En 2005, el urogallo cantábrico fue clasificado como "en peligro de extinción" y, actualmente, quedan menos de 300 ejemplares en libertad, una cifra que continúa disminuyendo (la Junta de Castilla y León reporta un número aún menor). En 2018, se inició un plan para su recuperación que incluía la cría en cautividad, la mejora de su hábitat y liberaciones a modo de prueba. La primera liberación experimental ha sido un desastre.

Entre el 23 de octubre y el 4 de noviembre de 2025, se llevó a cabo la primera suelta de 30 urogallos criados en cautividad en el Centro de Valsemana, ubicado en la Zona de Especial Protección para las Aves del Alto Sil, en León. El resultado fue desalentador: seis meses después, solo una hembra permanecía viva, según informó el Diario de León. Los datos de seguimiento, obtenidos con dispositivos GPS/GSM y emisores VHF, indican que 26 de las 29 muertes fueron causadas por depredadores como el zorro, aves rapaces o la marta.

Este evento es importante porque demuestra, con cifras contundentes, que la reintroducción de aves criadas en cautividad rara vez funciona con gallináceos de bosque. La razón principal es que son demasiado ingenuas frente a posibles depredadores, un hecho que ya se había comprobado previamente. Con una población silvestre en estado crítico, estos intentos fallidos representan un malgasto de recursos y tiempo, que biológicamente es escaso para la especie.

Desafortunadamente, no es la primera vez que ocurre algo así. Un experimento similar en Harz (Alemania) tuvo un desenlace parecido: solo el 23% de las aves liberadas sobrevivió, la mayoría de las muertes ocurrieron en el primer mes (la vida media fue de 13 días) y el 62% de las muertes se atribuyeron al zorro. Además de los depredadores, también se encontraron problemas fisiológicos: su aparato digestivo no está tan preparado como el de un ave salvaje para la dieta silvestre.

Antes de la liberación, las aves permanecieron entre 12 y 19 días en los voladeros de presuelta, donde se adaptaron correctamente. Posteriormente, la liberación se realizó de forma gradual y sin incidentes en cinco grupos (tres solo de machos y dos mixtos). El seguimiento inicial mostró que la mayoría se mantuvo cerca del punto de suelta, con solo tres ejemplares alejándose más de un kilómetro. La cría en cautividad funciona muy bien, lo que confirma que el problema no es reproducir la especie, sino su supervivencia posterior.

Aunque el programa ha generado avances y aprendizajes, el balance de resultados en cifras es más bien pesimista. No existen datos públicos sobre el coste específico de esta suelta, pero sí del programa en general: el Centro de Cría de Valsemana, incluyendo su ampliación y la mejora del hábitat del urogallo cantábrico, superó los 5 millones de euros en total.

A pesar de que en términos de supervivencia el resultado ha sido un fracaso, el enfoque no es inviable. Un estudio en Polonia, con 22 urogallos jóvenes liberados, encontró que su actividad, movimientos y dieta eran similares a los de aves silvestres, concluyendo que la reintroducción de urogallos criados en cautividad puede tener éxito siempre y cuando se reduzca la mortalidad inicial. De hecho, un programa alemán de los años 80 y 90 logró establecer una población de 30-40 individuos tras liberar 393 aves. En resumen: la mortalidad inicial es muy alta, pero perfeccionando el entrenamiento antipredatorio y el control de depredadores en la zona de suelta, la tasa de supervivencia puede mejorar. De hecho, es algo que la propia Junta ya considera para futuras acciones.