En la aldea de Ventorros de Balerma, una calle con el sugerente nombre de El Límite no solo separa dos provincias, Granada y Córdoba, sino que también genera una compleja red de desafíos administrativos. Esta peculiar división afecta desde la gestión de impuestos y servicios públicos hasta la aplicación de normativas, creando situaciones únicas para sus habitantes y autoridades locales.
Mientras en el fútbol una línea de cal es crucial para decidir un gol, en Ventorros de Balerma, una simple calle marca la frontera entre Granada y Córdoba. Esta aldea comparte sus fiestas, bares y colegio, pero no su ayuntamiento, provincia, ni sus recibos. Como otras fronteras inusuales, esta particularidad se convierte en un problema cuando se trata de cobrar impuestos, censar a los residentes o determinar la fase de desescalada de un centro de salud.
La aldea se ubica en la sierra de Campo Agrio, muy cerca del pantano de Iznájar. La frontera es la calle El Límite, junto a una fuente. A un lado, la jurisdicción es de Loja (Granada); al otro, de Iznájar (Córdoba). La fuente de Malerva, que con el tiempo se transformó en Balerma, dio nombre al lugar. Incluso hay una ermita, la de San Isidro, construida en 1908 gracias al dinero de un vecino que cumplió una promesa. Es un pueblo con una única fiesta y dos expedientes.
Esta división es resultado de una herencia histórica. El asentamiento de Valerma se originó en el Reino de Granada, cerca de la frontera que desde el siglo XV lo separaba del Reino de Córdoba. En 1833, Javier de Burgos transformó los límites de los reinos en límites provinciales, manteniendo la franja divisoria en el mismo lugar. Sin embargo, el pueblo se expandió: a principios del siglo XX, creció alrededor de unos ventorros (posadas de hospedaje) en la carretera de Loja a Iznájar, adentrándose en territorio cordobés a medida que aumentaba su tamaño.
Las responsabilidades se distribuyen de forma singular. Por ejemplo, el colegio C.P.R. Iznájar Sur está en la sección cordobesa, al igual que los dos bares. El consultorio médico pertenece al distrito sanitario de Granada y a la zona básica de Loja. Según informes de prensa de 2020, el suministro de agua llega a toda la aldea desde Iznájar, y la recogida de basura la realiza Loja, lo que no es un mal acuerdo. Los códigos postales son 14978 en un lado y 18312 en el otro, y los números de teléfono fijo comienzan por 957 o por 958, dependiendo de la acera. Un niño con fiebre en el recreo cordobés necesita un médico granadino, lo que equivale a un "contragolpe de acera a acera" en términos futbolísticos.
Los recibos también se duplican. El Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) es cobrado por el ayuntamiento donde se ubica el inmueble, y cada ayuntamiento establece su tipo dentro del rango legal (del 0,4% al 1,1% para vivienda urbana). Esto significa que dos casas idénticas separadas por una calle pueden pagar cantidades diferentes. Lo mismo ocurre con las ordenanzas: cada mitad de la aldea se rige por su propio reglamento.
A día de hoy, Ventorros no posee un padrón propio; el INE contabiliza cada mitad dentro de su respectivo municipio. En 2019, había 143 empadronados en Iznájar y 166 en Loja, sumando un total de 309. Cada ayuntamiento solo cuenta a sus propios residentes, y de estas cifras dependen los repartos por habitante. Las cifras varían según quién las sume y cuándo: 211, "menos de 300" o hasta 500 vecinos. La parte cordobesa alcanzó su pico de población en 2004, con 185 empadronados. Para 2025, eran 126, lo que representa una disminución de 59 personas. En cualquier caso, es un censo con un margen de error considerable.
Durante la desescalada del confinamiento en mayo de 2020, la aldea vivió el episodio más insólito de su historia. La parte granadina comenzó en la fase 0, mientras que la cordobesa lo hizo en la fase 1. Esto significaba que el consultorio estaba en una fase, y los bares y el colegio en otra. Con la movilidad entre provincias restringida, cruzar la calle implicaba infringir el estado de alarma. El alcalde pedáneo, Julián Ruiz, apeló al sentido común, y este prevaleció: todo el núcleo urbano se mantuvo en la fase más ventajosa.
Ventorros de Balerma no es el único caso de este tipo. Existe una situación similar en otra parte del país. En Cataluña, la calle de las Dos Provincias divide Bellvei, en Tarragona, de Castellet i la Gornal, en Barcelona. Allí, una vivienda está literalmente partida entre las dos provincias.