A menudo, nos sentimos atraídos por películas que, objetivamente, carecen de calidad en su trama, guion o actuaciones, llegando incluso a convertirse en obras de culto. Un estudio reciente explora este fenómeno, revelando que la preferencia por lo 'cutre' se debe a la anticipación de una mayor diversión y entretenimiento. Este comportamiento se magnifica cuando la experiencia es compartida y percibida como inofensiva.
Existen producciones cinematográficas que resultan difíciles de analizar, ya sea por su trama, guion o incluso las interpretaciones, pero aun así, las vemos repetidamente. Algunas logran transformarse en clásicos de culto. ¿Qué nos atrae de lo que consideramos de baja calidad?
Cuando una película mala se convierte en un espectáculo. Uno de los ejemplos más conocidos es 'The Room', de 2003. Esta película fue tan deficiente que algunos cines llegaron a exhibir carteles advirtiendo que no se devolvería el dinero, pero el boca a boca generó el efecto contrario, atrayendo a legiones de seguidores que acudían a las salas para deleitarse con su falta de sentido. Este no es un caso único: 'Troll 2' (1990), 'Campo de batalla: La Tierra' (2000) o 'Batman & Robin' (1997) también transformaron sus guiones inconsistentes, efectos visuales pobres y decisiones absurdas en una comedia involuntaria. La búsqueda de lo 'cutre' es lo que atrae.
Esta fascinación tiene una estrecha relación con el cine de serie Z de productoras como Troma, con títulos como 'El Vengador Tóxico' (1984) o 'Los Surfistas Nazis Deben Morir' (1987). En estos casos, la baja calidad es completamente intencional, pero el resultado es el mismo: una experiencia que se disfruta precisamente por su pésima ejecución. En España, contamos con ejemplos propios como 'Brácula' (1997) o 'Karate a muerte en Torremolinos' (2003).
Tan mala que es buena. Este es el título de un estudio realizado en 2023 que investigó la razón por la cual, en ocasiones, los consumidores optamos por las peores alternativas. El trabajo incluyó doce experimentos, cinco principales y siete estudios adicionales en el apéndice, con un total de 5.400 participantes. Los investigadores buscaban determinar si elegimos deliberadamente cosas que consideramos de baja calidad y, lo más importante, qué nos impulsa a hacerlo. Para verificarlo, propusieron diversas opciones de calidad variada dentro de múltiples ámbitos del entretenimiento: chistes, imágenes, videos de audiciones de baile e incluso de karaoke.
Por qué nos gusta lo de baja calidad. El estudio concluye que preferimos lo peor porque anticipamos que será más divertido y nos proporcionará mayor entretenimiento. En uno de los experimentos, las imágenes peor valoradas por su calidad estética también sobresalieron por su humor y su carácter absurdo.
Los investigadores también notaron que las opciones de peor calidad fueron elegidas con mayor frecuencia que las simplemente mediocres, lo que indica que para lograr este efecto, una película no solo debe ser mala, sino tan terrible que resulte memorable.
Sí, pero. El efecto depende del contexto. Los investigadores observaron que disfrutamos de lo 'cutre' cuando lo percibimos como inofensivo, económico y diseñado para el ocio, pero pierde su atractivo en el momento en que hay dinero involucrado o se busca un resultado práctico, como aprender algo o resolver un problema. En uno de los experimentos, cobrar 0,25 dólares por ver un video redujo la frecuencia con la que los participantes elegían la peor opción, incluso si anticipaban que sería más divertida. La clave para que nos resulte gracioso radica en que no haya nada importante en juego, porque entonces lo malo deja de ser una broma y se convierte en un defecto.
Mejor en compañía. Aunque el estudio no lo midió directamente, sus autores señalan un factor social relevante: disfrutar de lo de baja calidad suele ser más fácil (y más divertido) cuando se comparte. El caso de 'The Room' lo ilustra bastante bien: sus proyecciones se han transformado en eventos colectivos donde el público se ríe de los diálogos, grita a la pantalla y lanza cucharas de plástico. En resumen, una película mala se vuelve divertida cuando hay alguien con quien compartir las risas.