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Jue, Oct

El auge de los oficios manuales: jóvenes en EE. UU. y Francia eligen la formación técnica ante la era de la IA

Tecnologia
La promesa de un futuro laboral seguro mediante una carrera universitaria está siendo reevaluada por la irrupción de la inteligencia artificial. En Estados Unidos, las matrículas en formación técnica están en aumento, mientras que en Francia, profesionales universitarios optan por oficios manuales. Este cambio se atribuye a la demanda de habilidades prácticas que la IA aún no puede replicar, como la instalación de tuberías o la construcción.

En las últimas décadas, la creencia generalizada era que una carrera universitaria garantizaba un buen futuro laboral para millones de jóvenes. Sin embargo, la llegada de la inteligencia artificial está poniendo en tela de juicio esta premisa. En Estados Unidos, se observa un incremento en las matriculaciones en programas de formación técnica, y en Francia, profesionales con títulos universitarios están dejando sus trabajos de oficina para dedicarse a oficios manuales. Una razón clave, según un estudiante de fontanería de Los Ángeles, es que la IA, aunque capaz de muchas cosas, aún no puede realizar tareas físicas como instalar tuberías.

Esta tendencia ha sido denominada en Estados Unidos como la 'generación del cinturón de herramientas' por el Wall Street Journal. Se refiere a jóvenes que eligen aprender oficios como fontanería, electricidad, carpintería o mecánica como alternativa a la educación universitaria. El National Student Clearinghouse reporta que las inscripciones en programas de construcción y mecánica aumentaron un 30% entre 2022 y 2024, alcanzando cifras históricas.

De hecho, en el Los Angeles Trade-Technical College (LATTC), casi todos los programas técnicos de dos años tienen extensas listas de espera. El atractivo reside en una formación asequible, oportunidades laborales sólidas y una menor exposición a la automatización impulsada por la IA.

Víctor Velasco, de 26 años, explicó al diario Le Monde que estudia fontanería en Los Ángeles en busca de estabilidad profesional. Comentó sobre un amigo con un título universitario en Humanidades que no ha encontrado empleo en su campo y ahora trabaja en Chipotle. Velasco, por su parte, aprende un oficio con alta demanda y aspira a establecer su propia empresa.

Cerca de allí, Brandon, también de 26 años, se dedica a la construcción de estructuras de madera tras abandonar Geología debido a sus inciertas perspectivas laborales. Ambos han descubierto una ventaja difícil de replicar con inteligencia artificial: la reparación de instalaciones, la manipulación de materiales y la resolución de problemas físicos en entornos reales requieren habilidades que siguen siendo complejas de automatizar.

En Francia, el fenómeno presenta una particularidad interesante: muchos jóvenes acceden a los oficios después de haber completado una carrera universitaria y trabajado durante años frente a un ordenador. Apolline Jude, de 24 años, dejó atrás el Derecho y la Comunicación para convertirse en pastelera cerca de París.

Durante unas prácticas en un bufete de abogados, se le pidió redactar artículos utilizando ChatGPT, una experiencia que finalmente la alejó de esa profesión. Ahora, percibe un salario neto de unos 1.689 euros mensuales por 39 horas semanales, menos de lo que anticipaba ganar como abogada. Sin embargo, afirma haber recuperado la satisfacción de crear algo tangible y disfrutar de su trabajo.

Hermine, de 33 años, relató al medio francés que abandonó el diseño gráfico y la comunicación para formarse como mosaísta, después de observar cómo los algoritmos transformaban su sector. Aina, de 34, trabajó una década en el comercio electrónico y llegó a dirigir una unidad de IA antes de fundar un taller artesanal en Madagascar, que emplea a cinco mujeres.

Jonas, de 29 años, dejó una agencia donde la inteligencia artificial se encargaba de redactar resúmenes, preparar presentaciones y acelerar una carga laboral que llegó al 180% de una jornada. Ahora es profesor y gana 1.800 euros netos mensuales, en contraste con los casi 3.000 que percibía anteriormente. Indudablemente, estos tres casos ejemplifican una reacción que va más allá del temor al desempleo; en la práctica, son jóvenes que buscan recuperar el significado de lo que hacen.

En Estados Unidos, las matriculaciones universitarias de primer año experimentaron un ligero descenso en 2025. Las instituciones privadas más costosas pueden alcanzar unos 40.000 dólares anuales. A esto se suma que aproximadamente el 35% de los estudiantes abandona antes de graduarse, según cifras citadas en un reportaje de Le Monde.

Aunque un título universitario sigue ofreciendo ventajas económicas a lo largo de la vida laboral, la inversión resulta menos atractiva para aquellos que temen endeudarse sin asegurar posteriormente un empleo cualificado. En el LATTC, los carpinteros pueden empezar ganando unos 45.000 dólares anuales. Sus profesores notan un cambio generacional, ya que antes predominaban los trabajadores de treinta o cuarenta años que buscaban reconvertirse, mientras que ahora muchos llegan directamente del instituto.

En TikTok e Instagram, la etiqueta TradesVsCollege agrupa vídeos de jóvenes que muestran sus ingresos como electricistas, fontaneros o carpinteros y los comparan con el costo de la universidad. La reivindicación de estos oficios también ha ingresado en el debate político estadounidense, especialmente entre sectores conservadores críticos con las universidades.

Existe, si se quiere, una paradoja adicional: en junio de 2026, Meta anunció una inversión de 115 millones de dólares para crear America’s Workforce Academy, con el fin de formar trabajadores especializados en la construcción de centros de datos. Esto demuestra que la expansión de la propia inteligencia artificial requiere electricistas, técnicos y profesionales de la construcción capaces de edificar y mantener sus infraestructuras.

Una encuesta de LinkedIn y Censuswide, publicada en diciembre de 2025, reveló que cerca del 63% de los jóvenes entre 18 y 28 años prefería una profesión práctica frente a un empleo de oficina, en comparación con el 52% del total de encuestados.

Además, el 65% consideraba que los trabajos técnicos y manuales aportaban un mayor sentido personal, mientras que más del 67% rechazaba pasar su vida laboral frente a una pantalla respondiendo correos electrónicos. La socióloga francesa Anne Jourdain advierte que estas reconversiones aún son minoritarias. La IA está acelerando una insatisfacción que ya existía entre las expectativas de los jóvenes y la realidad de muchos empleos.

Los oficios manuales también presentan inconvenientes: esfuerzo físico, posibles lesiones, horarios exigentes y condiciones laborales que no siempre resultan atractivas. Además, tampoco son inmunes a la automatización, ni todas las profesiones universitarias están igualmente amenazadas. Aun así, Francia y Estados Unidos parecen indicar cómo una jerarquía profesional construida durante décadas empieza a transformarse.

Muchas familias asociaron el progreso con abandonar el trabajo físico y acceder a una oficina. Ahora, mientras las máquinas aprenden a escribir, programar y generar imágenes, algunos jóvenes están descubriendo que una de las habilidades más valiosas del futuro podría ser algo tan ancestral como saber construir una casa, un mueble o reparar una tubería.