La administración de Donald Trump ha iniciado una severa campaña económica contra Irán, expandiendo significativamente las sanciones secundarias y advirtiendo a las naciones con lazos comerciales con Teherán que deben cesarlos para evitar represalias. Esta iniciativa, bautizada internamente como el 'Día D económico', busca la asfixia financiera del régimen iraní, en un contexto de tensiones crecientes y sin perspectivas de resolución.
El gobierno de Donald Trump ha emprendido una enérgica acción económica contra Irán. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció una mayor extensión de las sanciones secundarias, alertando a todas las naciones que mantienen nexos comerciales con Teherán que deben romperlos o enfrentar consecuencias por parte de Washington. Esta determinación, internamente denominada “Día D económico”, ocurre mientras el conflicto entre ambas potencias se acerca a los seis meses sin un acuerdo que lo resuelva. Bessent caracterizó el propósito de esta ofensiva como la “asfixia económica” del gobierno iraní. “Haremos que todos rindan cuentas, y esto significa la estrangulación financiera de este régimen”, manifestó en una conferencia de prensa. Agregó que los países que no se unan a las prohibiciones “compartirán el aislamiento” de Irán, y confirmó que Trump está contactando directamente a líderes globales para exigirles que suspendan sus intercambios con Teherán.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha impuesto sanciones a 60 personas, organizaciones y embarcaciones, y comunicó que extenderá las restricciones a cinco sectores fundamentales para la economía iraní: criptoactivos, metales preciosos, tecnología, aeronáutica y transporte marítimo. Bessent también adelantó un “comunicado importante” sobre nuevas penalizaciones a una entidad financiera antes de que finalice la semana. A pesar del tono enérgico, el anuncio no identificó a países específicos que serían objeto de sanciones secundarias ni estableció plazos concretos para su implementación. China, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos figuran como los principales socios comerciales de Irán, y Pekín ha sido durante años el comprador más relevante de petróleo iraní.