La práctica de estrenar atuendos nuevos para las celebraciones de Nochebuena y Año Nuevo, conocida como la "pinta de diciembre", fue una costumbre profundamente arraigada en las familias dominicanas. Sin embargo, con el paso de los años, esta tradición ha experimentado cambios significativos. Actualmente, mientras algunos hogares mantienen la costumbre, otros han ajustado sus prioridades de gasto, influenciados por hábitos de consumo modernos y desafíos económicos.
En el pasado, la llegada del último mes del año no solo traía consigo la anticipación de la Navidad, las reuniones familiares y las cenas tradicionales, sino también la emoción de vestir prendas nuevas. Para muchos habitantes de la República Dominicana, tener un conjunto para el día veinticuatro de diciembre y otro para recibir el Año Nuevo era casi una obligación, una expectativa que empezaba semanas antes y que formaba parte de los preparativos hogareños. La llamada “pinta de diciembre” se convirtió, a lo largo de varias generaciones, en una de las costumbres más arraigadas en los hogares dominicanos. Padres que hacían grandes esfuerzos para adquirir ropa y calzado para sus hijos, niños que esperaban con entusiasmo el momento de estrenar y adultos que separaban una porción de sus ingresos para lucir vestimentas nuevas durante las festividades.
No obstante, con el transcurso del tiempo, esta práctica parece haber sufrido modificaciones en la manera en que las familias la adoptan. Mientras ciertos grupos familiares conservan la costumbre de comprar indumentaria para Nochebuena y Año Nuevo, otros han disminuido sus adquisiciones o han dejado de considerar el estreno como un objetivo principal dentro de sus gastos navideños.
Una de las principales alteraciones se relaciona con los patrones de consumo. Antiguamente, muchas familias esperaban las festividades de diciembre para renovar parte de su guardarropa, mientras que hoy en día, la posibilidad de comprar ropa en cualquier momento del año ha restado la singularidad que poseía el acto de estrenar en Navidad. A esto se suman las condiciones financieras de los hogares, el aumento de las obligaciones económicas y el costo de los artículos de vestir, factores que pueden llevar a priorizar otras necesidades antes de destinar dinero a un atuendo completo.
La llegada del doble sueldo también representa una oportunidad para estas compras, aunque no significa necesariamente que las familias puedan disponer de ese ingreso para adquirir ropa, ya que muchos lo emplean para saldar deudas y cubrir compromisos pendientes.
A pesar de las transformaciones, la costumbre de estrenar ropa durante las festividades no ha desaparecido. Un recorrido publicado en un periódico de circulación nacional en diciembre de 2025 recabó testimonios de ciudadanos que afirmaron destinar entre cinco mil y veinte mil pesos dominicanos para adquirir sus atuendos, principalmente en establecimientos de la avenida Duarte, en el Distrito Nacional.
En esa investigación, algunos compradores explicaron que, aunque los precios representan un desafío, procuran mantener la tradición, en especial cuando se trata de comprar ropa y calzado para sus hijos y nietos. De igual modo, otro reportaje, difundido el treinta de diciembre de 2025, documentó un significativo movimiento comercial durante la Nochebuena, cuando propietarios y administradores de negocios aseguraron que sus ventas llegaron a duplicarse, impulsadas por la demanda de prendas de vestir, alimentos y artículos para el hogar. Estos testimonios demuestran que la "pinta" sigue siendo parte de las celebraciones de numerosos hogares, aunque las posibilidades de compra y la cantidad de prendas adquiridas varían entre las familias.
Otro factor que ha influido en la modificación de esta costumbre es la forma en que las nuevas generaciones interactúan con la vestimenta y las celebraciones navideñas. Para quienes crecieron en décadas pasadas, estrenar el veinticuatro o el treinta y uno de diciembre representaba un evento especial. La ropa se compraba con antelación, se guardaba para la ocasión y, en algunos hogares, los padres se esforzaban para que cada miembro de la familia tuviera algo nuevo que lucir. Hoy, aunque esa emoción persiste en muchos hogares, no siempre tiene la misma relevancia para todos. La adquisición de ropa compite con otros gastos y, en ocasiones, se limita a una sola prenda nueva, un par de zapatos o una combinación de vestimentas que permita participar de la celebración sin comprometer excesivamente el presupuesto.
Esta realidad también se observa en los establecimientos comerciales. En diciembre de 2025, comerciantes consultados en Santo Domingo Oeste describieron una temporada de ventas más lenta que en años anteriores, con compradores que priorizaban las ofertas y los artículos de menor costo. Sin embargo, otros negocios reportaron un comportamiento favorable durante las festividades, lo que indica que las experiencias comerciales no son uniformes.
La "pinta de diciembre" también posee un componente afectivo que va más allá del valor de las prendas. Para muchos dominicanos, representa los esfuerzos de sus progenitores, los recuerdos de la niñez y la satisfacción de iniciar el año con algo novedoso. Por ello, cuestionarse si esta tradición se ha perdido implica observar más allá de las tiendas y los precios. También supone reconocer cómo han evolucionado las dinámicas familiares, las expectativas de los niños y las prioridades de los adultos. La costumbre de estrenar aún encuentra cabida en numerosos hogares dominicanos, pero ya no necesariamente bajo las mismas condiciones ni con la expectativa que acompañaba a generaciones anteriores. Así, entre quienes mantienen la tradición, quienes la han reducido y quienes prefieren destinar ese dinero a otras necesidades, la "pinta de diciembre" sigue siendo parte de la memoria navideña del país, aunque su significado y su alcance se han transformado con el tiempo.