Un reciente estudio científico ha revelado que la construcción masiva de presas en todo el mundo, como la emblemática de las Tres Gargantas en China, ha provocado un desplazamiento significativo en los polos geográficos de la Tierra. Este fenómeno, atribuido a la redistribución de vastas masas de agua, ofrece nuevas perspectivas sobre el impacto humano en las dinámicas geológicas del planeta y sus posibles consecuencias a largo plazo.
Hace un par de décadas, científicos del Jet Propulsion Lab de la NASA calcularon que el llenado de la presa de las Tres Gargantas en China, un monumental proyecto hidroeléctrico, implicó el movimiento de una cantidad de agua tan inmensa que extendió la duración del día terrestre en 0,06 microsegundos. Aunque esta presa china es un caso excepcional por su tamaño, es solo una de las decenas de miles de embalses que existen en nuestro planeta. El impacto global de estos embalses ha sido recientemente objeto de un estudio exhaustivo.
Un nuevo estudio ha encontrado evidencia de los efectos geológicos que la construcción de presas puede tener a escala global. Los investigadores observaron que la edificación de estas estructuras ha causado un leve desplazamiento de los polos geográficos del planeta.
Desde pequeños, es probable que nos enseñaran que los polos geográficos y los polos magnéticos de la Tierra se encuentran en puntos distintos dentro de sus respectivos círculos polares. También nos habrían dicho que los polos magnéticos tienden a moverse lentamente con el tiempo, mientras que los polos geográficos permanecen estáticos, conformando el eje de rotación de la Tierra. Esta afirmación es en gran parte cierta, pero no del todo precisa: los polos geográficos también pueden desplazarse.
La razón de este movimiento reside en la estructura interna de la Tierra. Nuestro planeta no es un bloque de roca uniforme, sino que está compuesto por varias capas concéntricas. Si bien la capa exterior es esencialmente sólida, las interiores no lo son. De manera similar a como una colchoneta flota sobre una piscina, la corteza terrestre 'flota' sobre el manto, lo que implica que puede moverse de forma más o menos independiente, impulsada por las fuerzas físicas que actúen sobre ella en cada caso.
Estas fuerzas dependen en parte de la distribución de las masas en la superficie del planeta, una distribución que se altera cada vez que introducimos cambios en la geografía. Estos cambios incluyen el desplazamiento de grandes volúmenes de agua hacia los pantanos, agua que en condiciones 'normales' habría fluido hacia el océano a través de los ríos donde se construyen las presas.
“Cuando atrapamos agua detrás de las presas, no solo retiramos agua de los océanos, lo que reduce el nivel del mar, sino que también distribuimos la masa de una manera diferente alrededor del mundo”, explicó Natasha Valencic, coautora del estudio, en un comunicado de prensa.
El equipo responsable del estudio analizó el impacto de la acumulación de agua en 6.862 embalses, una cantidad de agua que equivale a dos veces el volumen del Gran Cañón del Colorado. Los investigadores observaron que entre 1835 y 2011, esta acumulación de agua podría ser responsable de un desplazamiento de casi un metro en el eje de rotación terrestre con respecto a la superficie del planeta.
Este desplazamiento se dividiría en dos etapas. La primera, entre 1835 y 1954, en la que el polo se habría movido 20,5 cm hacia el meridiano 103 este, como consecuencia de la construcción de presas en Europa y Norteamérica. La segunda etapa, entre 1954 y 2011, habría estado dominada por la construcción en Asia y África del este, llevando el polo 57 centímetros hacia el meridiano 117 oeste. Los detalles de este estudio fueron publicados en un artículo en la revista Geophysical Research Letters.
Las implicaciones de estos cambios geográficos no son extremas; al fin y al cabo, las placas tectónicas no dejan de moverse bajo nuestros pies, aunque sus ritmos suelen ser más lentos. Sin embargo, conocer estos pequeños movimientos puede ayudarnos a entender algunas de las dinámicas geológicas y el impacto de la actividad humana sobre ellas. “No vamos a entrar en una nueva edad de hielo porque el polo se haya modificado alrededor de un metro en total, pero sí tiene implicaciones para el nivel del mar”, aclaró Valencic.