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Dom, Jul

El calor nocturno afecta la toma de decisiones y el bienestar económico, especialmente en hogares con bajos ingresos

Tecnologia
Un estudio reciente de la Monash Business School revela que las noches calurosas, con temperaturas superiores a 25°C, impactan negativamente en la capacidad de tomar decisiones racionales. Esta afectación se debe a la privación del sueño y se manifiesta especialmente en tareas matemáticas cruciales para evaluar riesgos económicos, con un impacto más severo en hogares de bajos ingresos.

Decía Ted Mosby en 'How I met your mother' que nada bueno sucede después de las 2 de la mañana, y tiene sentido, ya que el cansancio y el sueño no son buenos consejeros. Si además se ha consumido alcohol, es aún más prudente evitar enviar mensajes de los que uno pueda arrepentirse. Existe otro momento en el que es mejor no tomar decisiones importantes: cuando hace mucho calor. Esto no es una opinión personal, sino una conclusión respaldada por la ciencia. Considerando lo caluroso que está siendo este verano que apenas comienza, es recomendable tomar las cosas con calma.

Un estudio elaborado por un equipo de investigación de Monash Business School analizó cómo la temperatura afecta la capacidad de tomar decisiones racionales. El dato más llamativo es que no son los días calurosos los que más afectan, sino las noches, específicamente aquellas con temperaturas superiores a 25°C. Como se está experimentando actualmente, estas noches tórridas empeoran la calidad del sueño, y la privación de descanso pasa factura al día siguiente en el rendimiento cognitivo, afectando particularmente a tareas matemáticas necesarias para evaluar riesgos económicos. Esta relación entre sueño y cognición no es nueva: la privación de sueño altera la función ejecutiva, la memoria de trabajo y el control de impulsos.

La importancia de esto radica, en primer lugar, en que a lo largo del día tomamos muchas decisiones (la mayoría pequeñas) que, acumuladas en el tiempo, pueden generar consecuencias duraderas. Un ejemplo es una compra compulsiva en lugar de ahorrar. Además, el estudio demuestra que este efecto discrimina entre clases sociales: golpea con más fuerza a los hogares con menos ingresos, donde el aire acondicionado (tenerlo o encenderlo) es un lujo. El disconfort térmico no es un problema puntual; es una realidad que los veranos son cada vez más calurosos, y las olas de calor se suceden con mayor intensidad y frecuencia.

Para el estudio, se utilizó la Encuesta de Vida Familiar de Indonesia, que emplea datos de miles de familias del país asiático durante años, junto con datos de temperatura de satélites de la NASA. Esto permitió discernir las temperaturas diurnas de las nocturnas. El trabajo se enmarca dentro de una investigación sobre clima y comportamiento económico: ya hay constancia de que con el calor disminuye nuestra productividad, pero también aumenta la agresividad y los comportamientos de riesgo.

El mecanismo que explica esas malas decisiones reside en la falta de sueño y/o en el sueño de baja calidad. Esta privación afecta de forma desproporcionada las habilidades numéricas y de cálculo, más que otras capacidades cognitivas. Esas habilidades matemáticas son precisamente las que sustentan decisiones sobre el riesgo o que tienen su consecuencia en diferentes horquillas temporales.

No obstante, el estudio se centra en un único país con un clima y condiciones socioeconómicas particulares, por lo que la extrapolación a otros lugares requiere de cierta cautela. Además, existen otros factores como la contaminación, que también afectan al rendimiento cognitivo.