El Ártico experimenta un calentamiento acelerado, cuatro veces superior a la media global, y sus niveles de hielo marino están en mínimos históricos. Ante esta emergencia, un equipo de investigación ha ideado una solución aparentemente simple: bombear agua de mar sobre el hielo existente para generar capas adicionales. Este proyecto, que combina ciencia rigurosa con experimentación en campo, busca ganar tiempo mientras se implementan soluciones a largo plazo para la reducción de emisiones.
El calentamiento global no se manifiesta uniformemente en todo el planeta. Europa, por ejemplo, es el continente que más se calienta, según la Organización Meteorológica Mundial. Sin embargo, el Ártico es otro punto crítico, donde el Polo Norte se calienta a una velocidad cuatro veces mayor que el promedio global. Adicionalmente, el hielo marino ha alcanzado sus niveles más bajos registrados en 125 años.
Frente a esta crisis climática, un equipo de investigación ha propuesto una solución sorprendentemente sencilla: si falta hielo, se puede fabricar artificialmente. Han llevado sus ideas del laboratorio al terreno para validar su viabilidad.
La empresa Real Ice, en colaboración con la Universidad de Cambridge, ha desarrollado una técnica que consiste en perforar el hielo marino durante el invierno y bombear agua de mar sobre su superficie helada. Al exponerse a temperaturas extremadamente bajas, el agua se congela instantáneamente, añadiendo una capa extra de hielo. Real Ice está adaptando bombas utilizadas en pistas de patinaje o plataformas petrolíferas para que funcionen con energía renovable.
Según The Guardian, en una prueba reciente, el equipo bombeó 50.000 toneladas de agua sobre una capa de hielo de 1,5 metros de grosor a -40 ºC, logrando aumentar su espesor en 0,50 metros.
La importancia de esta iniciativa radica en que, aunque la reducción de emisiones es la única solución sostenible a largo plazo, es crucial explorar técnicas que permitan ganar tiempo. El deshielo del Ártico tiene consecuencias en cascada a diversas escalas: a nivel local, amenaza los modos de vida de las comunidades inuit y la fauna, como el oso polar y la morsa, desestabilizando el ecosistema. A nivel global, puede alterar los patrones meteorológicos.
El hielo marino actúa como un regulador térmico planetario: su superficie blanca refleja la radiación solar, a diferencia del océano oscuro (fenómeno de retroalimentación del albedo). El calentamiento adicional del Ártico también se asocia con una corriente en chorro más ondulada y lenta, lo que puede prolongar y favorecer olas de calor o inundaciones. Además, el deshielo del permafrost, que libera metano, acelera aún más el calentamiento.
Este proyecto forma parte del programa RASI (Re-thickening Arctic Sea Ice), una iniciativa público-privada donde la Universidad de Cambridge y las empresas Real Ice y Arctic Reflections llevan a cabo investigaciones que combinan modelos científicos rigurosos con experimentación real en el Ártico. Cabe destacar que existen otras propuestas más controvertidas, como la dispersión de aerosoles de sulfato en la estratosfera para reflejar la luz solar.
El primer estudio realizado en la campaña 2024/2025 confirmó que las zonas de prueba terminaron el invierno con un grosor de hasta 32 centímetros más que las zonas de control. Según el estudio, esta diferencia es comparable a lo que el Ártico ha perdido en los últimos 50 años. Además, al finalizar la campaña invernal, se observó que este nuevo hielo se mantenía más blanco y brillante durante la época de deshielo, lo que sugiere que se fundía más lentamente, mejorando el albedo.
Aunque en teoría el concepto es prometedor, la comunidad científica mantiene ciertas reservas. Un análisis de varias de estas propuestas, publicado en la revista Frontiers in Science, concluyó que no cumplían con éxito los criterios de viabilidad, coste, gobernanza y riesgo ambiental. La crítica fundamental es que podría generar la falsa percepción de que existe un atajo técnico, lo que relajaría la presión para la reducción de emisiones. Por otro lado, una cosa es una prueba en un área específica y otra muy distinta es el costo de escalar esta técnica a todo el Ártico.