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Sáb, Jul

La Historia Milenaria del Protector Solar: Desde Antiguas Civilizaciones hasta la Ciencia Moderna

Tecnologia
A lo largo de la historia, la humanidad ha buscado proteger su piel del sol, aunque las motivaciones y el conocimiento sobre sus efectos han evolucionado. Desde el uso de sustancias para blanquear la tez en civilizaciones antiguas, motivado por distinciones sociales, hasta el desarrollo de fórmulas más sofisticadas, el ingenio humano ha sido clave. Este recorrido revela cómo, incluso sin comprender la radiación UV, algunas prácticas ancestrales ofrecían protección efectiva.

Actualmente, la importancia del protector solar es ampliamente reconocida. En el pasado, aunque no se comprendían los mecanismos con la misma claridad, su uso era común. Generalmente, se aplicaban sustancias para aclarar la piel o prevenir su oscurecimiento, dado que una tez morena se asociaba a las clases sociales bajas. Las élites deseaban distinguirse, y algunos miembros de clases bajas procuraban disimular su origen, lo que llevó al desarrollo de diversas mezclas destinadas a mantener la piel pálida.

Con el avance del tiempo y el conocimiento científico actual, algunos investigadores han analizado estas fórmulas antiguas. Se ha descubierto que, si bien algunas eran perjudiciales para la salud, otras resultaron ser seguras e incluso efectivas. Sin embargo, esto no implica que debamos adoptarlas hoy en día, ya que disponemos de opciones mucho mejor estudiadas. Aun así, para la época en que fueron creadas, algunas de estas soluciones no estaban nada mal.

Cuando la melanina era suficiente

Los primeros seres humanos habitaban en África, por lo que su piel estaba genéticamente adaptada a una intensa exposición solar, gracias a altos niveles de melanina. A medida que el Homo sapiens se dispersó por otras regiones del mundo, la necesidad de tanta melanina disminuyó, lo que provocó un aclaramiento progresivo de la piel. El problema es que una menor exposición solar no significa ausencia total, lo que llevó a las personas a buscar gradualmente un sustituto para la melanina que habían perdido. Aunque no sabían la razón exacta, la buscaban.

Los egipcios y su destreza en la cosmética

En el antiguo Egipto, la cosmética desempeñó un papel muy significativo. El maquillaje, las cremas y los aceites se utilizaban para hidratar la piel, mejorar la apariencia física o como símbolo de estatus. Incluso algunos productos cosméticos tenían propósitos religiosos y rituales. Por ello, no es sorprendente que entre los egipcios hubiera grandes formuladores. Muchas de sus mezclas carecían de efectividad, pero algunas sí tenían aplicaciones interesantes y comprensibles con la ciencia moderna.

En esta última categoría se encuentra un protector solar elaborado a base de jazmín, arroz y lupino (la planta de la que se obtienen los altramuces). El objetivo de esta mezcla era mantener la piel lo más blanca posible. Aunque ellos desconocían los efectos dañinos de la radiación solar, indirectamente se estaban protegiendo, ya que hoy sabemos que el salvado de arroz absorbe la luz ultravioleta, el jazmín contribuye a reparar el ADN y el lupino aclara la piel. No solo se protegían, sino que también reparaban los daños ya existentes y mantenían la piel más clara.

De los griegos a los romanos

Los griegos empleaban aceite de oliva para protegerse del sol y, especialmente, para cuidar la piel después de la exposición. Aunque no eran conscientes de la magnitud del problema, sí observaban que la piel sufría con la exposición solar, por lo que crearon su propio tratamiento post-solar. Actualmente, sabemos que el aceite de oliva tiene un factor de protección solar (FPS) de 8, lo cual es bajo, pero superior a otras opciones posteriores y, sin duda, mejor que no usar nada.

En cuanto a los romanos, fueron de los primeros en utilizar óxido de zinc para evitar el oscurecimiento de la piel. Esta sustancia sigue empleándose en la actualidad como filtro físico en numerosas cremas solares, lo que demuestra su acertada elección. También se utilizaba en la India y China.

Precaución con el plomo

En Japón, la piel blanca era un claro símbolo de estatus y belleza femenina. Por esta razón, las mujeres se aplicaban polvos de plomo. Las mujeres europeas de los siglos XVI y XVII también lo usaban, generalmente mezclado con agua y vinagre, en una preparación conocida como Venetian ceruse. En ambos casos, se utilizaba porque, al ser un polvo espeso y blanco, proporcionaba un efecto de máscara que imitaba la apariencia de una tez muy pálida. Sin embargo, no ofrecía ninguna protección. Al contrario, el plomo es altamente tóxico.

Los inicios de los protectores solares modernos

En 1801, el químico Johan Wilhem Ritter descubrió la radiación UV, aunque sus efectos nocivos sobre la piel no se conocieron hasta 1820, cuando un médico llamado Sir Everard Home determinó que estas radiaciones, provenientes del Sol, son perjudiciales y que la propia piel se defiende mediante la pigmentación. A raíz de este último descubrimiento, se intentó fabricar protector solar con taninos, como los de la uva tinta. No obstante, el efecto oscuro que dejaba en la piel no fue bien recibido. Con el tiempo, se probaron distintas opciones, incluido el óxido de zinc ya utilizado por los romanos.

Hoy comprendemos mucho mejor los efectos del sol y el protector solar

Al final, muchas de estas fórmulas de civilizaciones antiguas no estaban tan equivocadas. Hoy en día conocemos los efectos de este y otros filtros físicos, así como los de los químicos, que no crean una barrera en la piel, sino que absorben las radiaciones. Todos ellos, en esencia, son el resultado de miles de años de curiosidad e investigación. Es cierto que los primeros humanos que fabricaron protector solar ni siquiera lo hacían por la razón adecuada. Pero el caso es que, sea por lo que sea, lo hacían. Instintivamente nos hemos protegido desde siempre. Que la tendencia de un futbolista bronceado no nos haga retroceder al pasado.