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Dom, Jul

Ailanto: La Especie Invasora que Amenaza Ecosistemas e Infraestructuras en España

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El ailanto, un árbol originario del sudeste asiático, se ha convertido en una especie invasora prohibida por ley en España. Aunque inicialmente apreciado por su rápido crecimiento y porte ornamental, hoy representa una seria amenaza para la biodiversidad y las infraestructuras urbanas. Su agresiva expansión y capacidad para alterar los ecosistemas lo hacen un objetivo prioritario de control y erradicación.

El árbol ailanto (Ailanthus altissima), originario del sudeste asiático, llegó a Europa hace dos siglos valorado por su rápido crecimiento y atractivo porte. Sin embargo, lo que una vez fue una cualidad, hoy lo convierte en una especie invasora que está prohibida por ley en España debido a su impacto negativo en la flora local y las infraestructuras.

El ailanto puede alcanzar hasta 30 metros de altura, posee una corteza gris y hojas compuestas por múltiples folíolos alargados. Sus semillas aladas, que cuelgan en racimos, facilitan su dispersión. Una característica distintiva es el olor desagradable que desprende al frotar una de sus hojas. Se ha extendido ampliamente por la península, con una presencia notable en Cataluña y la Comunidad Valenciana, colonizando cunetas, taludes, riberas degradadas y jardines abandonados. Un solo ejemplar adulto puede producir hasta 350.000 semillas aladas anualmente, lo que impulsa su rápida expansión.

Según la ficha oficial del MITECO, el ailanto altera el funcionamiento de los ecosistemas forestales y modifica la química del suelo, dificultando la supervivencia de otras especies. Su rápido crecimiento le permite competir por el espacio y la luz, especialmente en zonas ribereñas ricas en vegetación, y libera sustancias tóxicas que inhiben el crecimiento de otras plantas a su alrededor. Un estudio ambiental de la Junta de Andalucía ha documentado que en áreas con ailanto, la vegetación se reduce entre un 35% y un 40% en comparación con zonas sin su presencia. Además de los daños a la vegetación, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico advierte sobre los perjuicios a infraestructuras urbanas. Sus raíces, largas y ramificadas, pueden extenderse hasta 15 metros, buscando grietas y huecos, lo que provoca la rotura de tuberías, alcantarillado, cimientos y otras estructuras.

El ailanto, originario de China, fue documentado como árbol ornamental desde el siglo XVIII y se naturalizó en España a principios del siglo XIX. A mediados de ese siglo, Marcelino Sáez de Sautuola, conocido por el descubrimiento de las cuevas de Altamira, destacó su exitosa plantación por sus cualidades ornamentales y medicinales. Actualmente, el ailanto es una especie invasora reconocida a nivel mundial y está incluida en la lista de especies exóticas invasoras de la Unión Europea, lo que exige a los estados miembros adoptar medidas coordinadas de control. Es común encontrarlo en países como Alemania, Austria, Suiza, República Checa, la cuenca del Danubio y en casi todos los países mediterráneos.

La inclusión del ailanto en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013, prohíbe su posesión, transporte, tráfico y comercio en todo el territorio español. Las sanciones por incumplimiento varían desde multas de 100 a 3.000 euros para infracciones leves, de 3.001 a 200.000 euros para graves, y hasta 2 millones de euros en los casos más severos. Cada comunidad autónoma puede, además, establecer su propia normativa adicional. El Real Decreto contempla una excepción para los ejemplares plantados en jardines particulares, parques urbanos o jardines botánicos antes de la entrada en vigor de la norma. Los ejemplares presentes en jardines públicos deben ser eliminados progresivamente por las administraciones.

Erradicar el ailanto es una tarea compleja y costosa. El informe del MITECO indica que simplemente cortar el árbol no es eficaz, ya que estimula la aparición de nuevos brotes. La estrategia más efectiva combina la retirada mecánica de las plántulas jóvenes con tratamientos químicos específicos aplicados directamente sobre las hojas o los tocones, una práctica que se está llevando a cabo en los Montes de Málaga y la Sierra de Cazorla. De cara al futuro, la investigación se centra en el control biológico como una alternativa más sostenible; el ácaro Aculus taihangensis ha demostrado ser un agente específico efectivo. En Estados Unidos, el USDA investiga un hongo del suelo, Verticillium nonalfalfae, que está mostrando resultados prometedores en el control de esta especie.