La industria automotriz china está redefiniendo el concepto de vehículo, yendo más allá de la simple electrificación para innovar en el diseño interior y la funcionalidad. Esta transformación, ejemplificada por marcas como Xiaomi con Skynomad, convierte el coche en un espacio multifuncional y de confort, una tendencia que, según el autor, Europa podría estar desaprovechando. La capacidad de adaptación y la visión renovada de los fabricantes chinos contrastan con la perspectiva occidental tradicional del automóvil.
En 1996, Francis Ford Coppola estrenó la película Jack, donde Robbie Williams interpretaba a un niño que crecía cuatro veces más rápido de lo normal. A los diez años, Jack Powell tenía la apariencia de un adulto divorciado, desorientado, pero con la vitalidad, el ingenio y los intereses de un niño. Su ilusión al enfrentar los problemas de la adolescencia era la de un crío, lo que le otorgaba una gran capacidad para divertirse y encontrar soluciones ingeniosas a los desafíos de la vida.
Me pregunto si la industria automotriz china no es ese Jack. Han adoptado una nueva tecnología que cambia por completo la forma de concebir el automóvil y, lejos de limitarse a lo básico, como poner cuatro ruedas a una batería y cambiar la fuente de energía, han revolucionado el concepto de coche.
El mejor ejemplo de esto se observa en los enormes SUV de rango extendido que se han popularizado y a los que Xiaomi ha respondido con Skynomad, su segunda marca de automóviles, diseñada para aglutinar propuestas con motores de combustión.
Y nos estamos perdiendo esa fiesta.
Soy un firme defensor del coche puro y pasional, diseñado para disfrutar al volante, jugando con el cambio de marchas y deleitándose con el ronroneo de un buen motor de combustión.
Pero soy plenamente consciente de que los coches son cada vez más similares entre sí y de que las ventajas del coche eléctrico son numerosas y, en la mayoría de los casos, superan a las del coche de combustión. Un coche eléctrico es más agradable de usar en ciudad y en trayectos largos gracias a su par motor instantáneo y una significativa reducción del ruido. En resumen, a menos que la autonomía de la batería sea un problema, el coche eléctrico me parece más interesante para la inmensa mayoría de los desplazamientos.
Esto, si nos limitamos a lo que ofrece un coche eléctrico concebido como uno de combustión. Hemos visto adiciones interesantes como activar la climatización a distancia o la calefacción de los asientos. También la posibilidad de ver una película en la pantalla del coche mientras se carga. Quien nunca lo ha probado podría pensar que son añadidos sin sentido.
Yo también lo pensaba.
Lo bueno de un coche eléctrico es que puede concebirse de una manera completamente diferente. Existen desventajas, como el tamaño de la batería y la necesidad, al menos hasta que la densidad energética mejore, de elevar el suelo. Pero hay ventajas evidentes, como la compacidad de sus motores, lo que multiplica las posibilidades en su habitáculo.
Y eso es lo que están aprovechando en China y aquí nos estamos perdiendo. Hemos asumido que los coches son, sin excepción, espacios para moverse de un lugar a otro y que solo los vehículos de extralujo añaden una verdadera capa de confort o tecnología al interior. Sin embargo, en el país asiático están haciendo realidad esos conceptos que siempre se nos vendieron de interiores diáfanos y multitareas.
Skynomad, de Xiaomi, es el último en unirse a una tendencia que está repensando el interior de los coches. Aprovechando los suelos planos y el mayor espacio interior, compañías como BYD (y Denza o Yangwang, sus marcas de lujo), el Grupo Geely, Li Auto o los Aito, que cuentan con tecnología de Huawei, han logrado revitalizar el concepto de coche como punto de encuentro.
Todas ellas ofrecen enormes SUV o furgonetas con grandes butacones en el interior y una flexibilidad enorme en la distribución interior. Hay pantallas que bajan del techo, butacones que giran para entablar conversaciones y asientos que se reclinan hasta convertirse en cama. Todo ello amenizado por un software con "modo descanso" o "modo camper" que explotan al máximo estas virtudes.
Interiores configurables los hemos visto antes en Europa, pero justo ahora que la tecnología ofrece muchísimas más opciones, es una pena que hayamos perdido este tipo de propuestas cuando más partido se les puede sacar.
Es posible que nos estemos perdiendo la fiesta, sencillamente, porque no tenemos los mismos gustos ni las mismas costumbres que quienes están en la otra punta del mundo. Pero quiero pensar que hay una rendija para que las marcas chinas lleguen a Europa con este tipo de propuestas y calen. Que observemos que el coche puede ser mucho más que un espacio con cuatro ruedas y cuatro ventanillas en el que desplazarnos de un lado a otro.
En China, como Jack en la película de Coppola, están construyendo coches que por fuera parecen un adulto hecho y derecho, pero que en su interior guardan la inocencia, la ilusión y las salidas inesperadas de un niño. Y mola.
No, no me imagino a un grupo de españoles cantando un karaoke en el interior de un coche. Pero sí hemos visto multitud de opciones para el interior que maximizan los viajes, que amplían la experiencia de viajar.
Sumarnos o no a la fiesta es algo que acabaremos decidiendo nosotros mismos.