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Sáb, Oct

La ciencia desvela la verdad detrás de los beneficios de la sauna: ¿mito o realidad?

Tecnologia
La popularidad de la sauna ha crecido, impulsada por la creencia en sus múltiples beneficios para la salud. Sin embargo, la ciencia reciente sugiere que muchas de estas afirmaciones podrían estar más relacionadas con la buena salud preexistente de los usuarios que con un efecto milagroso intrínseco de la sauna. Exploramos la evidencia para desvelar qué hay de cierto en estas creencias y cuáles son las verdaderas implicaciones para nuestra salud.

Adoptar la costumbre de pasar un tiempo en una sauna se ha vuelto cada vez más común, especialmente con la integración de estos servicios en gimnasios que priorizan las instalaciones de spa. Lo más interesante es que muchas personas eligen la sauna por la percepción de que ofrece una amplia gama de ventajas para la salud, aunque la realidad es que parte de esta creencia puede ser un mito.

Gran parte de las impresionantes estadísticas que circulan sobre la sauna se originan en un único estudio: el de la cohorte KIHD. Este estudio monitoreó a 2.315 hombres finlandeses, con edades entre 42 y 60 años, durante más de dos décadas. Los resultados indicaron que aquellos que utilizaban la sauna de 4 a 7 veces por semana presentaban un riesgo de muerte súbita cardíaca un 63% menor en comparación con quienes la usaban solo una vez.

Además de esto, otros estudios también señalaron una reducción del 65% en el riesgo de demencia, una disminución del 61% en el riesgo de ictus y un notable 47% menos de casos de hipertensión. A primera vista, estos hallazgos parecían extraordinarios y sugerirían que todos deberíamos incorporar la sauna a nuestra rutina.

Sin embargo, poco después de la publicación de estos datos, surgió un aspecto crítico: el problema de la causalidad inversa. Esto implica que exponerse a temperaturas de 80 ºC no es una actividad trivial; requiere que el sistema cardiovascular trabaje intensamente para disipar el calor. Por lo tanto, es muy probable que no sea la sauna la que prolongue la vida, sino que solo las personas que ya gozan de muy buena salud son capaces de soportar sesiones frecuentes de sauna.

Por ejemplo, un individuo con una insuficiencia cardíaca incipiente o problemas de salud generales simplemente dejará de acudir 4 veces por semana porque no se sentirá bien, y por ende, no figurará en estas estadísticas. Desde esta perspectiva, la sauna podría ser más un indicador de buena salud, ya que para permanecer un tiempo prolongado en ella es necesario estar en óptimas condiciones físicas.

Para abordar este problema, los ensayos clínicos son una herramienta esencial. Un pequeño ensayo de 2022, que incluyó a 47 adultos sedentarios, demostró que añadir 15 minutos de sauna después del ejercicio reducía la presión 'alta' en 8 mmHg más que el ejercicio por sí solo. No obstante, no se observó el mismo efecto en la variabilidad de la frecuencia cardíaca.

Adicionalmente, en 2023, el Instituto del Corazón de Montreal sometió a 41 pacientes con enfermedad coronaria estable a 4 sesiones semanales a 79 °C durante dos meses. Sin embargo, no se registró ninguna mejora en la función endotelial, la rigidez arterial o la presión arterial.

A corto plazo, se produce un cambio fisiológico debido a la vasodilatación de todo el sistema vascular. El corazón bombea más sangre en un intento de enfriar el cuerpo, simulando en cierta medida el esfuerzo de un ejercicio vascular de intensidad baja o moderada. Además, un estudio reciente indica que una sesión de 30 minutos es capaz de movilizar células inmunitarias de forma aguda, fortaleciendo temporalmente nuestras defensas.

El inconveniente es que este efecto térmico no es inofensivo. Se ha observado que tres meses de uso de sauna, con una frecuencia de dos veces por semana, reducen el recuento y la movilidad espermática en voluntarios sanos. La buena noticia es que este efecto es reversible si se interrumpe el uso de la sauna durante algunos meses.