En Japón, un fenómeno inmobiliario peculiar está ganando terreno: las 'jiko bukken' o propiedades estigmatizadas, que han sido escenario de tragedias como suicidios o muertes solitarias, se alquilan y venden con grandes descuentos. A pesar de la superstición local, el alto costo de la vivienda está impulsando a más personas, como Ryua y Diane Tincher, a considerar estas opciones, transformando el estigma en una oportunidad económica. Este artículo explora cómo estas propiedades, a menudo reveladas por ley, están redefiniendo el mercado inmobiliario japonés.
Ryua reside en un modesto apartamento en el barrio tokiota de Setagaya. El alquiler de mercado sería de 62.000 yenes, aproximadamente 350 euros, pero ella abona 45.000 yenes, un 30% menos. Una situación similar experimenta Diane Tincher, una guía turística estadounidense con décadas de residencia en Japón. Su vivienda en Kagoshima, valorada en 45 millones de yenes en condiciones normales, fue adquirida por menos de la mitad.
La razón por la que Ryua y Diane pagan tan poco por sus hogares no es un error de cálculo ni generosidad inmobiliaria. Sus propiedades están devaluadas porque se clasifican como 'jiko bukken', un término que designa a las propiedades consideradas encantadas o vinculadas a tragedias.
"Decidí hacerme amiga del fantasma", declaró Ryua, una joven 'aidoru', en una reciente entrevista con la BBC, explicando cómo logró vivir en un elegante sector de Tokio pagando un alquiler muy inferior a los precios de mercado. Cuando, hace cuatro años, visitó el estudio de 25 m², le informaron de su historia trágica: un hombre se había suicidado en su interior. La propia Ryua afirma que la primera vez que pisó el apartamento vio "un fantasma", un hombre que la observaba fijamente y que solo ella podía percibir. Incluso hoy, asegura, siente actividad paranormal. Sea o no cierto, el historial de la vivienda ha beneficiado enormemente a la joven, ahorrándole 17.000 yenes mensuales en el alquiler.
"Son muy supersticiosos", comenta Diane Tincher, quien, a sus 79 años, nació en Estados Unidos y vive en una zona rural de Kagoshima, en el extremo opuesto de Japón. Ella también se ha beneficiado del recelo de los japoneses a residir en casas con historias dramáticas. Durante su búsqueda de vivienda, encontró un chalet de tres habitaciones a un precio irrisorio: 20 millones de yenes, menos de la mitad de su tasación. Lo visitó y lo compró. El agente inmobiliario fue honesto al explicarle que era una ganga porque, tiempo atrás, una anciana había fallecido sola en la propiedad, dejándola estigmatizada. "No creo en fantasmas. Pero sé que los japoneses son muy supersticiosos", explica Tincher, añadiendo: "Si hay un fantasma, le agradezco cada día vivir en una casa tan espléndida y asequible".
Estos no son casos aislados. En Japón existe un término específico para referirse a viviendas como las de Ryua y Tincher: 'jiko bukken', o "propiedades estigmatizadas", marcadas por episodios trágicos y traumáticos como crímenes, suicidios o incluso muertes en soledad, que son cada vez más frecuentes. "Debido a la imagen de mala suerte y fenómenos psíquicos que crean este tipo de inmuebles, quienes buscan casa suelen rechazarlos, y por lo general es difícil encontrar residentes para ellos. Es un gran inconveniente para la industria inmobiliaria", explica la web especializada Nippon.com.
Complicando el mercado, Erik Oskamp, un agente inmobiliario de Tokio, confirma: "Incluso un apartamento situado junto a un cementerio será difícil de alquilar, sobre todo si desde la cocina se ven las tumbas. Lo peor es que se haya producido un suicidio. Aunque alguien se haya tirado desde la azotea, muchos inquilinos se marcharán. Otros problemas son un delito grave o muerte en soledad". Aunque vender o alquilar propiedades así puede ser un desafío en otras partes del mundo, Osakamp está convencido de que los japoneses son especialmente reacios a instalarse, comprar o arrendar 'jiko bukken'.
Que Ryua y Tincher conozcan el pasado lúgubre de sus viviendas no es casualidad ni depende únicamente de la transparencia de las inmobiliarias. Según la BBC, los agentes a menudo deben informar si la propiedad que muestran ha sido escenario de un suicidio, homicidio o muerte por incendio. También si alguien ha fallecido en su interior y su cadáver ha tardado en encontrarse, un drama cada vez más común en el país.
Si la casa se alquila, esa información debe estar disponible durante al menos tres años. En propiedades a la venta, la norma se aplica de forma indefinida.
No es necesario investigar mucho para encontrar información sobre las 'jiko bukken'. Desde hace años existe una web, Oshimaland, que incluye un mapa de 'propiedades estigmatizadas', escenarios de hechos lúgubres que pueden resultar interesantes para posibles compradores o inquilinos. Especialmente si, al igual que Ryua, no les importa vivir en una supuesta 'casa encantada' a cambio de una rebaja del 30% en su alquiler. Oshimaland ofrece información de diferentes países, pero cubre principalmente el territorio nipón.
La sociedad japonesa quizás sea más sensible a las 'jiko bukken', pero también lo es a las fluctuaciones de la economía. Y eso se nota en un escenario marcado por el encarecimiento de la vivienda. Hace un año, Kazutoshi Kodama reconocía a la agencia Reuters que el aumento del precio por metro cuadrado está llevando a más personas a considerar vivir en propiedades 'estigmatizadas'. "Antes encontrar inquilino era casi imposible. Pero con el aumento de precios inmobiliarios, la gente ha empezado a considerar las propiedades desafortunadas una opción", relata. Hay estudios que muestran que alrededor del 54% viviría en una 'jiko bukken' si el alquiler lo compensa.
Kodama sabe de lo que habla. Hace años fundó en Shinjuku, Tokio, una empresa que ofrece un servicio peculiar: realiza lo que denomina investigaciones paranormales para inmobiliarias y propietarios. Estos análisis demuestran a los clientes aprensivos que una casa no tiene espíritus. No es un servicio barato. Según The Asahi Shimbun, cobra 88.000 yenes por sesión. "Pueden revalorizar sus propiedades cuando les dicen a los inquilinos que no debería haber ningún problema porque no hay nada de qué preocuparse", explica Kodama. "Cuando alguien publica en Internet que hay un cadáver en una casa, esa información permanece y es difícil de borrar". En los casos más escabrosos (con crímenes de por medio), eso puede hundir hasta un 80% el precio de venta.