El boxeo español lamenta la partida de José Legrá, el renombrado pugilista hispanocubano, quien falleció en Madrid a los 83 años. Conocido por su carisma y su estilo único, Legrá dejó un legado imborrable tras haber conquistado múltiples títulos mundiales y europeos en la categoría de peso pluma. Su contribución al deporte fue fundamental en la época dorada del boxeo nacional.
El boxeador español de ascendencia cubana, José Legrá, considerado una de las grandes personalidades del boxeo español y un ícono de las décadas de los sesenta y setenta, murió la madrugada de hoy en Madrid a la edad de 83 años, según confirmaron a EFE fuentes de la Real Federación Española de Boxeo (RFEB).
El pugilista hispanocubano se convirtió en una de las figuras más reconocidas del boxeo español después de obtener dos veces el Campeonato Mundial del peso pluma (en 1968 y 1972) y siete veces el de Europa. Desde el año 2003, poseía la medalla de plata de la Real Orden del Mérito Deportivo.
“Se nos va un grande”, expresó a EFE Felipe Martínez, presidente de la RFEB, quien resaltó que Legrá fue “uno de los principales emblemas de la época dorada del boxeo español, que aportó mucho al deporte”. Conforme a lo manifestado por Martínez, “desde la RFEB se ha brindado todo el apoyo posible” a sus familiares y seres queridos, quienes lo acompañaron en sus últimos instantes.
Manel Berdonce, entrenador del equipo olímpico español de boxeo durante doce años y una de las personas más cercanas al campeón hispanocubano durante las últimas dos décadas, compartió unas emotivas palabras de recuerdo y reconocimiento para Legrá y su impacto en el deporte.
“En el boxeo existen buenos boxeadores, hay campeones, hay estrellas y hay leyendas. Pepe Legrá es una leyenda”, explicó. Apodado ‘el pequeño Cassius Clay’, rememora Berdonce, Legrá deja una herencia “muy significativa y grandiosa” para el boxeo español por su manera de entender el deporte y por su comportamiento: “Tenía un estilo de boxeo muy distintivo, era muy carismático”, afirmó.
Legrá, quien pasó sus últimos años en una residencia y sufría de “deterioro cognitivo”, era un hombre “muy feliz que siempre vivió con una sonrisa”. “Siempre tuvo muy buen carácter y, hasta el final, nos quiso regalar esa eterna sonrisa”, añadió.