El presidente Donald Trump, en un acto de campaña en Fort Myers, Florida, dirigió nuevamente su atención a Cuba, prometiendo abordar la situación de la isla después de la confrontación con Irán. Sus comentarios, que incluyeron la visión de un buque militar cerca de la costa cubana, se producen a días de las elecciones de mitad de mandato, buscando resonar con el electorado cubanoamericano en Florida. Esta retórica subraya la continua presión de EE. UU. sobre La Habana, aunque carece de un plan de acción concreto.
El presidente Donald Trump, durante un acto político en Fort Myers, Florida, volvió a señalar a Cuba como un objetivo clave en su discurso, asegurando que Estados Unidos se encargará de la nación caribeña una vez finalizado el conflicto con Irán. El mandatario incluso visualizó una situación en la que una embarcación de guerra estadounidense se posicionaría a unos cuarenta y cinco metros de la costa cubana, para luego enviar al secretario de Estado, Marco Rubio, a "cerrar el trato". Estas declaraciones se producen a solo unos días de los comicios intermedios del 3 de noviembre, en un estado donde la postura hacia Cuba es particularmente relevante para segmentos del electorado de origen cubanoamericano. Así, Trump retoma una estrategia de intimidación hacia La Habana, fusionando referencias al poderío militar de Estados Unidos con la promesa de una futura solución al desacuerdo con el gobierno cubano.
Aunque el presidente ha empleado expresiones similares en el pasado, no ha presentado un esquema definido para una intervención militar en Cuba. Sus palabras también pueden interpretarse con una intención electoral, como un mensaje destinado a movilizar a sus seguidores en Florida, mientras la disputa con Irán sigue siendo un punto central en su agenda internacional.
Recientemente, Estados Unidos ha intensificado su presión sobre Cuba, afectándola con una ampliación de sanciones que abarca prácticamente a cualquier individuo o corporación no estadounidense que mantenga vínculos comerciales con la isla, especialmente en los sectores energético, de defensa, seguridad y financiero. Las medidas punitivas más recientes incluyen sanciones dirigidas al conglomerado militar cubano Gaesa, a sus directivos y a una empresa minera de riesgo compartido con la canadiense Sherritt, una de las mayores empresas extranjeras con presencia en la isla, que poco antes comunicó la suspensión inmediata de sus operaciones en Cuba.