Este martes, Estados Unidos celebra sus elecciones de medio mandato, donde se define el control del Congreso y numerosos cargos locales. El país mantiene la singular tradición de votar en martes, una costumbre que se remonta a casi dos siglos. Esta jornada es crucial para el futuro político de la nación y la agenda presidencial en curso.
Este martes, los ciudadanos de Estados Unidos acuden a las urnas para participar en las elecciones de medio término. En estos comicios, se decide la mayoría en el Congreso, que influye directamente en la agenda del presidente actual, además de numerosos puestos a nivel estatal y municipal.
A diferencia de muchas otras naciones que realizan sus votaciones los domingos, Estados Unidos ha mantenido una costumbre de casi doscientos años: las elecciones federales se llevan a cabo el martes siguiente al primer lunes de noviembre, cada cuatro años. Por ejemplo, las últimas elecciones presidenciales, en las que el actual presidente resultó ganador, se efectuaron el 5 de noviembre de 2024, y las próximas están programadas para el 7 de noviembre de 2028. En cuanto a las elecciones legislativas de medio mandato, las anteriores tuvieron lugar el 8 de noviembre de 2022, y después de las de hoy, las siguientes se realizarán el 5 de noviembre de 2030.
La singularidad de esta fecha se originó con una legislación aprobada por el Congreso en 1845. Esta ley estableció un día uniforme para las elecciones presidenciales, extendiéndose posteriormente a las del Congreso. Previamente, cada estado tenía la libertad de organizar sus votaciones en un lapso de 34 días antes de que los delegados se reunieran para designar al presidente.
La diversidad de fechas presentaba el riesgo de que los resultados conocidos en los estados que votaban primero pudieran influir en la decisión de los electores de aquellos que acudían más tarde a las urnas. La elección de noviembre y del martes tampoco fue casual: en una sociedad predominantemente agrícola como la estadounidense del siglo XIX, se buscaba una fecha que no interrumpiera las labores del campo y en la que las condiciones climáticas permitieran los desplazamientos.
La primavera y el verano coincidían con las épocas de siembra y cultivo, mientras que a principios del otoño aún se estaban desarrollando las cosechas. Noviembre ofrecía, por consiguiente, un margen entre el final de la recolección y los meses más rigurosos del invierno.
El martes se seleccionó por razones igualmente prácticas: en aquel periodo, muchos ciudadanos residían lejos de los centros de votación y necesitaban trasladarse a caballo o a pie, lo que podía requerir un día para llegar y otro para regresar.
El domingo se descartó por ser el día de culto y descanso, mientras que el miércoles era tradicionalmente el día de mercado para los agricultores. La fórmula de «el martes después del primer lunes» también tenía una justificación específica: evitar que las elecciones coincidieran con el 1 de noviembre, un día de actividad laboral especial para comerciantes y contables, al ser el primer día del mes.
Casi dos siglos después, Estados Unidos mantiene esta tradición, a pesar de que el contexto social y laboral ha experimentado cambios drásticos. Una de las particularidades del sistema es que el día de las elecciones no es feriado, por lo que millones de estadounidenses deben equilibrar sus responsabilidades laborales con el ejercicio del voto. Esta situación ha impulsado la adopción del voto anticipado y por correo, dos modalidades que permiten a los ciudadanos emitir su sufragio sin tener que esperar al día oficial de las elecciones.