Un proyecto del Ministerio de Medio Ambiente, respaldado por JICA, busca convertir el pez diablo, una especie invasora, en harina para fertilizantes y alimento animal. A pesar de una fase piloto exitosa en Montecristi, la implementación a nivel nacional y la integración de pescadores locales como Félix Frías en La Vega aún no se han concretado, generando incertidumbre sobre su expansión y financiamiento.
En La Vega, la iniciativa para transformar el pez diablo, una especie invasora presente en los cuerpos de agua del país, en harina destinada a fertilizantes orgánicos y suplementos para el ganado, aún no se ha materializado. Este proyecto, impulsado por el Ministerio de Medio Ambiente junto a People for Development (AVSI República Dominicana) y financiado por la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), busca dar una utilidad productiva a un pez que perjudica los ecosistemas acuáticos y la pesca debido a su rápida proliferación y competencia con especies de valor comercial.
La propuesta va más allá de la simple remoción de los peces de los ríos y lagunas, planteando un proceso de conversión que podría generar ingresos para las comunidades pesqueras. La fase experimental se llevó a cabo en el Refugio de Vida Silvestre Laguna Saladilla, en Carbonera, Montecristi, con la participación de pescadores, agricultores y ganaderos. Este proceso incluía la captura de los ejemplares, su separación de otras especies valiosas y su traslado a un centro comunitario equipado para cocerlos, secarlos y molerlos.
Según la metodología documentada durante la prueba, los peces se hierven por unos minutos y luego se extienden en plataformas para secarse al sol durante aproximadamente 48 horas. Posteriormente, se introducen enteros en una trituradora que los convierte en harina. Los datos del proyecto indican que se obtienen aproximadamente cuatro libras de harina por cada libra de pescado. La harina producida fue analizada en laboratorio y distribuida en muestras a ganaderos de la zona para evaluar su efectividad como suplemento alimenticio y abono orgánico. El plan también prevé el uso de los residuos del procesamiento para crear un fertilizante líquido. Este producto no pretende reemplazar la dieta principal del ganado, sino complementarla.
El proyecto tuvo una duración de diez meses y su objetivo era que la comunidad desarrollara una cadena de valor en torno a la captura y procesamiento del pez. No obstante, su continuidad depende de la capacidad de los pescadores para organizar la recolección, mantener la producción y establecer canales de venta para la harina. Por lo tanto, la experiencia en Montecristi no asegura que el modelo esté funcionando de forma generalizada en todas las provincias afectadas.
En julio de 2026, Marina Hernández, directora de Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente, explicó que se planeaba extender esta iniciativa a otras localidades y que se estaban buscando fondos para adquirir la maquinaria necesaria que permitiera expandir el procesamiento. Entre las áreas mencionadas se encontraba el río Camú, en La Vega, donde técnicos de la institución habían realizado inspecciones y establecido contactos con la comunidad.
La espera en La Vega
A pesar de estos planes, el proyecto aún no se ha concretado en La Vega. En declaraciones a N Digital, el pescador Félix Frías manifestó que sigue esperando la visita de las autoridades a los lugares donde realiza sus actividades de pesca para coordinar la integración de su labor en la iniciativa. Frías indicó que continúa enfrentando la proliferación del pez diablo con sus propios medios, sin recibir remuneración ni apoyo económico del Gobierno. Aunque considera que ha logrado reducir su presencia en algunos de sus puntos de trabajo, reconoció que es imposible erradicarlo de los ríos donde ya se ha establecido.
Como parte de sus tareas, el pescador recorre las orillas para localizar las madrigueras que construye esta especie y destruir los nidos donde deposita sus huevos. También captura ejemplares adultos y los retira del agua; algunos son entregados a vecinos que utilizan su carne para preparar alimentos. Este trabajo implica gastos de combustible, transporte y la colaboración de otras personas, que Frías asegura cubrir con sus propios recursos y, ocasionalmente, con pequeñas donaciones de sus seguidores. Sus recorridos también se han extendido a otras zonas, como Nagua, el río Yaque y canales de la región del Cibao.
La situación deja pendiente que el Ministerio de Medio Ambiente especifique cuándo se implementará el modelo de aprovechamiento en La Vega, qué equipos y recursos estarán disponibles y cómo se incorporará a los pescadores que ya están realizando labores de captura. Mientras tanto, en el río Camú, Frías continúa con sus jornadas sin el apoyo institucional que esperaba.