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Lun, Jul

La Salud Mental en República Dominicana: Urgencia y Barreras de Acceso Económico

Nacionales
La importancia de la salud mental en República Dominicana es cada vez más evidente, impulsada por una creciente demanda de servicios y una mayor conciencia sobre trastornos como la ansiedad y la depresión. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos gubernamentales por ampliar el acceso, persisten desafíos significativos, especialmente en lo referente al alto costo de la atención especializada en el sector privado, lo que limita su continuidad para muchas familias.

La relevancia del bienestar psicológico en la República Dominicana se hace más patente día tras día. En los últimos años, este asunto ha cobrado mayor relevancia debido a un incremento en la solicitud de asistencia psicológica y psiquiátrica, así como a una comprensión más profunda de condiciones como la ansiedad, la tristeza profunda y el riesgo de autoeliminación. Los profesionales concuerdan en que diversos sucesos pueden convertirse en desencadenantes de dificultades emocionales y mentales. Desde circunstancias personales y familiares hasta calamidades colectivas, múltiples elementos pueden iniciar o agravar problemas de bienestar mental, subrayando la necesidad de fortalecer la prevención y la disponibilidad oportuna de servicios especializados.

Uno de los incidentes que volvió a colocar este tema en el debate público fue la tragedia ocurrida en la discoteca Jet Set en abril de 2025. En aquel momento, expertos en el campo de la salud mental alertaron sobre la urgencia de implementar sistemas de apoyo psicológico, no solo para las víctimas directas y sus parientes, sino también para quienes siguieron el acontecimiento desde sus hogares y se vieron afectados emocionalmente por la magnitud del suceso. A esta realidad se añade que, después de diversos actos violentos registrados en el país, las autoridades suelen comunicar que los presuntos responsables presentaban dificultades de salud mental. Aunque cada situación exige una evaluación clínica individual y no se debe vincular automáticamente la enfermedad mental con la violencia, estos han sido los eventos que en los meses recientes han reactivado la necesidad de fortalecer la detección temprana, el tratamiento y el acompañamiento de quienes padecen trastornos psicológicos.

Avances impulsados por el Gobierno

En febrero, el presidente Luis Abinader presidió la presentación de los logros alcanzados en el ámbito del bienestar mental a nivel nacional. Entre las principales disposiciones anunciadas se encuentra la expansión de la línea de ayuda sin costo 811, que reemplazó al número anterior 809-200-1400, con la finalidad de facilitar el acceso constante a orientación y asistencia especializada. Durante la actividad también se informó sobre el aumento de la capacidad hospitalaria para pacientes de salud mental, pasando de 137 a 500 camas, así como el inicio de las labores para la creación del Instituto Nacional de Neurociencia, que dispondrá de áreas de atención clínica e investigación.

Persisten barreras para acceder a la atención

A pesar de estos progresos, los especialistas afirman que aún subsisten obstáculos importantes. El prejuicio asociado a los trastornos mentales sigue demorando la búsqueda de ayuda profesional, particularmente entre hombres y personas de edad avanzada. Asimismo, identifican como factores que influyen con mayor frecuencia en el bienestar mental el estrés laboral, las dificultades económicas, la violencia, los procesos de duelo, las adicciones y el uso intensivo de las redes sociales.

El costo también pesa

Además del estigma, el aspecto financiero representa una de las principales barreras para acceder a atención especializada. En el ámbito privado, una consulta con un psicólogo generalmente tiene un costo entre RD$1,500 y RD$4,500, mientras que una cita con un psiquiatra fluctúa entre RD$2,500 y RD$6,000. A estos gastos se añaden los medicamentos, las terapias complementarias y las consultas de seguimiento, lo que puede incrementar considerablemente el costo mensual del tratamiento y dificultar su continuidad para muchas familias dominicanas.