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Mar, Jul

Juguetes Carrión: El Fin de una Era para una Juguetería Emblemática de Málaga

Tecnologia
Juguetes Carrión, una histórica juguetería de Málaga, ha cerrado sus puertas definitivamente después de casi un siglo, marcando el fin de una era para muchas familias. El gerente atribuye el cierre a un cambio en los hábitos de juego de los niños y a la falta de rentabilidad del sector. Este suceso refleja una tendencia más amplia de declive en el comercio minorista de juguetes, impactado por la competencia digital y los cambios en el consumo.

Antes de la era de los carritos de Amazon y los videos de unboxing, la infancia de muchos se forjó pegada a los escaparates. Cualquier sábado, los niños se agolpaban frente a la juguetería, empañando el cristal con su aliento, absortos en la pista de Scalextric, la muñeca Nancy o el castillo de plástico que quizás llegaría en Reyes. Con luces de bombilla y el catálogo doblado en el bolsillo, intentaban memorizar detalles para luego explicárselos a sus padres o incluirlos en la carta.

Durante décadas, el epicentro de los sueños malagueños tuvo un nombre propio: entrar en Juguetes Carrión era casi un rito de paso para muchas familias. A mediados de abril de 2026, la última de sus tiendas bajó la persiana. Arturo García Carrión, gerente de la firma, argumenta que “los niños ya no juegan, el sector ya no es rentable”. Como se puede observar en su sitio web, ya no hay venta al público.

De aceitunas a juguetes

Lo más sorprendente de esta historia comienza en sus orígenes: la empresa no nació como juguetería. En 1953, Francisco Carrión Ruiz, fundador de Aceitunas Carrión, adquirió un local en la calle Compañía. Lo denominó Almacenes Carrión y vendía confección, perfumería, mercería y también juguetes. Los juguetes se convirtieron rápidamente en el centro neurálgico del negocio. Durante los años 80, abrieron tiendas en Mártires, Alarcón Luján, Santa Lucía y Mármoles. El almacén principal se estableció en la calle Bodegueros, paralela a la arteria de El Gallo, en el polígono industrial Ronda Exterior. Muchos malagueños recuerdan esta nave repleta de cajas.

La segunda generación, con María Dolores Carrión Martín, transformó la empresa en una cadena. En los años 90, llegó a tener casi 30 tiendas distribuidas por toda Andalucía, incluyendo centros comerciales, donde cada diciembre se adornaban con árboles navideños.

25 tiendas y una marca mítica

A la marca matriz de juguetes se sumó Don Dino, una enseña que agrupa a otros asociados independientes y que se extendió por toda España. Hace una década, el negocio familiar llegó a contar con 25 tiendas propias y hasta 45 franquicias bajo la marca Don Dino. En la práctica, la red cubría gran parte de Andalucía oriental, con locales propios en Málaga, Granada y Jaén. Hace poco más de dos meses, el mapa era mucho más reducido: solo quedaban las tres tiendas de la calle Nueva, Juan Sebastián Elcano y Motril, además del almacén de Bodegueros, que ya estaba enfocado en la reconversión digital, gestionando los pedidos web y funcionando como outlet.

El declive comenzó con la tienda de la avenida de Velázquez, seguida por la de Teatinos, y así sucesivamente hasta que la tercera generación decidió que no era posible cuadrar las cuentas. “Lo hemos intentado de todas las formas posibles”, afirmaban.

“Los niños ya no juegan”

“No podemos seguir perdiendo dinero, no es rentable”, declaraba García Carrión hace unos meses. Los hábitos de consumo han cambiado: más tiempo frente a pantallas y menos con juguetes físicos, una herencia e influencia directa de los propios hábitos de consumo de los padres. Además, la competencia es feroz y proviene de todas partes: desde los hipermercados que venden juguetes a gran escala hasta plataformas como Temu y AliExpress, que seguirán compitiendo a pesar de los nuevos aranceles, como la “tasa Shein” de 3 euros más IVA por cada venta a distancia B2C enviada fuera de la UE, que ya se aplica a todas las importaciones de compras iguales o inferiores a 150 euros.

Las tiendas físicas sufren una tormenta perfecta porque, con márgenes mínimos, alquileres crecientes y costes fijos que no se pueden reducir sin vaciar la tienda, no queda otra opción que desaparecer. Los clientes que comparamos precios con el móvil tampoco tenemos argumentos para ir al centro, salvo cuando recordamos que un trato humano y una selección y recomendación profesional siempre valdrá más que el precio del producto que queramos regalar.

El mapa que se encoge sin parar

El cierre de Carrión es solo un ejemplo más de la desaparición de un sector entero, o al menos de su retirada: entre 2019 y 2023, España pasó de 1.340 tiendas especializadas a 1.160, lo que representa 180 jugueterías menos en cuatro años. La cifra ha continuado descendiendo, al igual que los índices de natalidad del país. Cadenas icónicas como Imaginarium, que sirvió de puerta de entrada para muchos niños, cerraron tras 32 años de funcionamiento. Poly Juguetes también desapareció. Juguettos adquirió sus marcas y nueve de sus locales, y ya está trabajando en una reestructuración para cerrar el año con unas 200 tiendas operativas. A finales de 2025, se hablaba de 44 asociados, 700 empleados y el objetivo de alcanzar los 100 millones en 2026, tras su alianza con Eurekakids. No obstante, aunque los juguetes siguen siendo el núcleo del negocio, no son algo exclusivo.

¿Cuáles quedan?

Juguettos y Toy Planet concentran la mitad de las jugueterías especializadas que quedan en España. Detrás, le siguen redes como Don Dino, Drim o Juguetilandia. Todas compiten en un mercado que se debilita progresivamente. La desaparición de la venta de videojuegos en formato físico también afectará a los comercios con escaparate. Lego lo resume con un dato tan sencillo como que, en España, su “socio minorista número uno” es Amazon, con un crecimiento anual del 25%. El canal online global creció un 30%, y el de tiendas se redujo en una cifra equivalente.

Ante esta escasez de opciones, no desaparecen solo unos cuantos metros de estantería; también se pierden esos espacios donde los niños tocan, prueban y piden sin necesidad de una aplicación. Málaga se ha quedado en semanas sin dos establecimientos míticos como Carrión y la Confitería Aparicio de Caldedería. El problema de fondo es ese: dos puertas menos donde entrar y dos ritos de infancia que se sustituyen por la ironía de las grandes superficies y un menú de alternativas más limitado. Al problema de la rentabilidad se suma el de un país cuyo núcleo de conversación se desplaza a las plataformas tematizadas, muchas sin caja ni cajero.