Las plataformas digitales presentan constantemente nuevas modas que los jóvenes adoptan, llevando algunas de ellas de lo virtual a su vida diaria. Este fenómeno plantea interrogantes sobre la construcción de la identidad en la era digital, la necesidad de pertenencia y los posibles vacíos existenciales que pueden influir en la imitación de comportamientos observados en línea. Una especialista aborda las implicaciones psicológicas detrás de estas conductas.
Las plataformas sociales exhiben sin cesar nuevas corrientes ante la juventud, quienes las replican, adaptan y, en ciertos casos, las incorporan a su día a día. Sin embargo, detrás de estas modas subyace un debate que va más allá de los videos virales: ¿por qué algunos jóvenes sienten la necesidad de reproducir conductas, personajes o códigos que ven en internet? Para la psiquiatra Francis Báez, uno de los factores clave a observar es la identidad. La experta considera que, en ciertas situaciones, la adopción de estas actitudes puede vincularse con la falta de propósito, baja autoestima o el anhelo de pertenecer a un grupo.
“Lo que sucede es que copian a otros, porque carecen de una identidad propia”, afirmó Báez al referirse a quienes adoptan ciertos patrones de comportamiento que se popularizan en línea. La psiquiatra explica que este fenómeno puede manifestarse de diversas maneras y que no todas las personas que siguen una moda tienen necesariamente un problema de salud mental. No obstante, comprende que detrás de algunos casos pueden existir situaciones que ameriten atención especializada.
Uno de los ejemplos que Báez menciona son los denominados “therians”, un término empleado para describir a individuos que experimentan una conexión interna con animales no humanos. En las redes sociales, este fenómeno se hizo visible a través de jóvenes que usan máscaras, colas, imitan movimientos de animales y practican quadrobics, una actividad física que implica desplazarse usando las cuatro extremidades. La especialista cuestiona específicamente los casos en los que una persona llega a asumir comportamientos animales como una forma de reemplazar su propia identidad.
Báez sostiene que algunos individuos pueden emplear estas tendencias como una vía para hallar aceptación, pertenencia o una comunidad con la cual sentirse identificados. También advierte que, en determinadas situaciones, pueden coexistir problemas psicológicos que requieren una evaluación individual. Sin embargo, ser therian no constituye por sí mismo un diagnóstico psiquiátrico. Expertos a nivel internacional han señalado que se debe diferenciar entre una identidad o práctica cultural de internet y aquellos casos donde exista pérdida de contacto con la realidad, sufrimiento significativo o deterioro en el funcionamiento personal.
Cuando los “therians” empezaron a disminuir su popularidad en las redes, surgió otra expresión que rápidamente captó la atención de los jóvenes: “farmear aura”. El término fusiona dos conceptos. “Farmear” proviene del ámbito de los videojuegos y alude a la repetición de acciones para acumular recursos, experiencia o puntos. “Aura”, en el argot de internet, se emplea para referirse al carisma, la presencia, la seguridad o la habilidad de una persona para proyectar una imagen impactante. “Farmear aura”, por lo tanto, significa realizar actos que permitan simbólicamente obtener puntos de presencia o reconocimiento.
La tendencia evolucionó hasta convertirse en una especie de competición. Una persona puede “ganar aura” al hacer algo considerado impresionante, elegante o seguro, mientras que una caída, un momento incómodo o una acción que cause vergüenza puede significar una supuesta “pérdida de aura”. En agosto de 2026, las llamadas “batallas de farmear aura” incluso comenzaron a trascender las pantallas para convertirse en encuentros presenciales donde jóvenes compiten mediante poses, gestos y movimientos para demostrar quién logra generar mayor impacto. En República Dominicana, la tendencia también comenzó a ganar terreno. Un evento anunciado en Santo Domingo ilustra cómo una práctica nacida en la cultura digital puede trasladarse rápidamente al entorno físico.
Para Francis Báez, el foco de atención no reside únicamente en una moda específica, sino en la facilidad con que algunos jóvenes pueden abandonar sus propios referentes para adoptar los que encuentran en internet. “Pueden ser humanos o pueden ser animales, pero en este caso, querer ser un animal o adoptar todas las señales que hace otro y dejar de comunicarte con el habla, que es lo más hermoso que la divinidad ha creado como humano, es perder la cualidad humana que poseen”, expresó la especialista.
Báez también menciona entre los posibles factores que pueden manifestarse en ciertos casos los traumas, las carencias existenciales, los problemas de autoestima y algunos trastornos psiquiátricos, aunque estos elementos no pueden atribuirse automáticamente a todos los jóvenes que participan en una tendencia viral. La distinción es crucial: una persona puede usar una máscara de animal para grabar un video, imitar un movimiento porque está de moda o decir “farmear aura” simplemente porque desea hacer reír a sus amigos, sin que exista una condición psicológica subyacente.
La rapidez de estos fenómenos está muy relacionada con el funcionamiento de las plataformas digitales. Un usuario publica un video. Otro lo replica. Un tercero lo transforma en una parodia. Un creador lo convierte en un desafío. Miles de personas terminan copiándolo y, en cuestión de días, aquello que parecía inusual empieza a formar parte del vocabulario o comportamiento diario de una generación. Esto es lo que ha sucedido con numerosas tendencias juveniles: la imitación se convierte en el mecanismo que mantiene vivo el fenómeno.
En República Dominicana, además, las tendencias internacionales se fusionan con el humor local, la música urbana y los códigos propios de los jóvenes, creando versiones dominicanizadas de fenómenos que originalmente surgieron en otros países.
La discusión sobre los “therians” y “farmear aura” no debería limitarse a señalar lo que está bien o mal. El verdadero reto es comprender qué buscan los jóvenes al reproducir estas tendencias. Para Báez, es necesario prestar atención cuando una conducta deja de ser un juego o una moda y comienza a reemplazar la identidad, afectar las relaciones, generar aislamiento o ir acompañada de otros signos que puedan requerir una evaluación profesional.
Las plataformas sociales, mientras tanto, seguirán generando nuevos códigos. Hoy es “farmear aura”. Ayer fueron los “therians”. Mañana probablemente será otra palabra, otro personaje, otro reto o una nueva forma de comportarse frente a una cámara. Y esa velocidad plantea una interrogante que trasciende las tendencias: en un mundo donde los jóvenes tienen miles de modelos de identidad disponibles en una pantalla, ¿cómo se forja una identidad propia?