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Jue, Sep

Omar Fernández Cuestiona la Eficacia de la Inversión Educativa Tras Años del 4% del PIB

Nacionales
El senador Omar Fernández ha manifestado su preocupación por los resultados de República Dominicana en las pruebas PISA, a pesar de la inversión sostenida del 4% del PIB en educación durante más de una década. Fernández sugiere que el enfoque debe cambiar de cuánto dinero se gasta a cómo se invierten esos recursos, destacando la necesidad de revisar las estrategias pedagógicas para mejorar el rendimiento académico de los estudiantes.

El senador por el Distrito Nacional, Omar Fernández, ha puesto en tela de juicio los rendimientos obtenidos por el país en las evaluaciones PISA. Él argumenta que, después de más de una década asignando el 4% del Producto Interno Bruto (PIB) a la enseñanza, la discusión debe ir más allá de la cantidad de dinero invertido y enfocarse en la efectividad de tales fondos.

Mediante un video difundido en su perfil de Instagram, Fernández describió como alarmantes los puntajes de los jóvenes dominicanos de 15 años en estas pruebas internacionales. Afirmó que estos resultados revelan una situación educativa que no puede ser ignorada. Conforme a los datos presentados por el legislador, de cada cien alumnos dominicanos evaluados, apenas nueve alcanzan el nivel mínimo de aptitud en matemáticas, mientras que 23 lo logran en comprensión lectora y 26 en ciencias.

Para Fernández, estas cifras exigen una revisión de las políticas implementadas durante los años en que el país ha dedicado el 4% del PIB a la educación. “Entonces, debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿el problema sigue siendo la cantidad de dinero que invertimos o la manera en que estamos invirtiendo ese dinero?”, inquirió.

El senador mencionó a El Salvador como ejemplo, un país que, a pesar de tener una economía más pequeña que la dominicana, registra mejores desempeños que República Dominicana en matemáticas, lectura y ciencias. Fernández aclaró que esta comparación no implica que El Salvador haya resuelto sus desafíos educativos, sino que sirve para demostrar que una mayor disponibilidad de fondos no asegura automáticamente mejores logros académicos. “Lo que esto significa es que poseer más recursos por sí mismo no garantiza mejores resultados. Y esa es la enseñanza que debemos asimilar”, aseveró.

Cambiar la forma de enseñar

Fernández considera que República Dominicana debe explorar nuevos paradigmas educativos y adecuar la instrucción a las exigencias contemporáneas, en lugar de mantener tácticas que no han generado los efectos deseados. Entre las áreas que mencionó como esenciales se encuentra la preparación y evaluación del personal docente, considerando que los maestros son pilares fundamentales en la transmisión del conocimiento a los alumnos.

También propuso integrar eficazmente la tecnología y la inteligencia artificial en el proceso de aprendizaje, así como investigar modelos que permitan adaptar la enseñanza al ritmo y a las necesidades específicas de cada estudiante. Como ilustración, citó Alpha School, un esquema educativo que emplea herramientas tecnológicas y aprendizaje individualizado como parte de su método.

El legislador sugirió, además, prestar mayor atención a la educación dual, mediante un sistema que posibilite a los jóvenes combinar la formación académica en las aulas con experiencias prácticas en empresas. A su juicio, esta modalidad podría contribuir a que los estudiantes desarrollen desde temprano habilidades y conocimientos pertinentes para las demandas del mercado laboral.

El reto después del 4%

Para Fernández, la asignación del 4% del PIB representó un progreso significativo para el sistema educativo dominicano, pero los resultados actuales obligan a iniciar un debate sobre la eficiencia y el impacto de dicha inversión. “No podemos seguir haciendo las mismas cosas y esperar desenlaces distintos”, afirmó.

Su planteamiento vuelve a poner en el centro del debate educativo la correlación entre inversión, calidad del aprendizaje y resultados, en una nación que durante años ha incrementado los fondos destinados al sector sin que esto se traduzca necesariamente en un avance equivalente en las capacidades de los estudiantes. “El 4% fue, sin duda, un paso crucial, pero ahora el desafío no es solo invertir más, sino educar con mayor calidad”, concluyó Fernández.

Para el senador, la medida definitiva del éxito educativo no debería ser la cantidad de dinero que el Estado asigna al sistema, sino cuánto aprende cada niño.