La República Dominicana enfrenta una alerta en su sector ganadero tras la advertencia de un experto sobre la posible circulación de la enfermedad de la lengua azul. Este virus, detectado en búfalos importados, podría haberse extendido más allá de los animales inicialmente investigados. La situación genera preocupación por la sanidad animal y posibles restricciones comerciales, instando a las autoridades a una acción inmediata y transparente.
La potencial identificación de la patología viral conocida como lengua azul en la República Dominicana ha activado las alarmas en el ámbito ganadero. Un especialista ha advertido sobre el riesgo de que el agente infeccioso haya comenzado a propagarse fuera del conjunto de animales estudiados inicialmente.
El médico veterinario y profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Radhamés Silverio Céspedes, indicó que el incidente estaría relacionado con 81 búfalos de agua traídos de Centroamérica en julio pasado. Los exámenes realizados en el país habrían arrojado resultados positivos a mediados de agosto, confirmándose posteriormente con pruebas efectuadas en Estados Unidos a finales de ese mes.
Esta enfermedad, también denominada fiebre catarral ovina, es causada por un virus que afecta principalmente a bovinos, ovinos, caprinos y otros rumiantes. Aunque no representa peligro para la salud humana, su presencia es crucial para la salud animal y puede ocasionar limitaciones en el traslado y la comercialización de animales y productos pecuarios.
Silverio consideró apremiante que las entidades agropecuarias clarifiquen públicamente el alcance del descubrimiento y precisen qué pruebas se realizaron, cuál es el serotipo del virus detectado y bajo qué circunstancias fueron gestionados y trasladados los animales sujetos a investigación. El experto también planteó la necesidad de averiguar si el suceso se restringe a los búfalos implicados o si el virus ya está circulando en otras manadas y rebaños del territorio nacional.
Piden ampliar vigilancia epidemiológica
Ante esta situación, Silverio instó al Ministerio de Agricultura y a la Dirección General de Ganadería a fortalecer las medidas de monitoreo y prevención para evitar una posible expansión de la enfermedad. Entre las acciones sugeridas se incluyen la inmovilización sanitaria de las manadas bajo investigación, el seguimiento de los desplazamientos de los animales, la ampliación del muestreo en bovinos, ovinos, caprinos y búfalos, así como la ejecución de pruebas virológicas y serológicas que permitan determinar con exactitud la coyuntura epidemiológica.
Asimismo, recomendó intensificar la supervisión del insecto Culicoides, principal transmisor del virus, en las explotaciones afectadas y en aquellas consideradas de alto riesgo. Según el veterinario, una posible estrategia de vacunación debería ser analizada una vez que las autoridades identifiquen el serotipo involucrado y la magnitud de la circulación viral.
Preocupación por impacto comercial
Más allá de las repercusiones clínicas que pueda generar en los animales, el especialista advirtió que la enfermedad podría afectar el estatus zoosanitario del país y provocar inconvenientes para el desplazamiento y la venta de ganado, material genético y ciertos productos y subproductos de origen animal.
La inquietud se intensifica dado que la República Dominicana aún padece las consecuencias de la Peste Porcina Africana, una enfermedad que ha causado importantes pérdidas en la producción porcina nacional. Silverio afirmó que este nuevo episodio subraya la necesidad de reforzar los sistemas de bioseguridad, cuarentena y vigilancia epidemiológica, con mayores recursos humanos, tecnológicos y presupuestarios.
El veterinario recordó que en 2022 se había registrado un brote de lengua azul en ovinos mantenidos en condiciones de cuarentena. Sin embargo, señaló que el panorama actual demanda un escrutinio particular, ya que, según la información disponible, la detección en los animales vinculados al caso habría ocurrido después de su traslado a una explotación pecuaria.
Por ello, consideró esencial determinar si durante los procesos de importación, cuarentena, diagnóstico y liberación se cumplieron todos los protocolos sanitarios y si las instalaciones disponibles tienen la capacidad necesaria para gestionar este tipo de operaciones. La pregunta principal, según el experto, es ahora establecer si el virus está confinado al grupo de animales bajo investigación o si ya existe transmisión en otros rebaños del país.