El monitor LG UltraGear 52G930B, con su impresionante tamaño de 52 pulgadas y curvatura 1000R, redefine la experiencia de juego y trabajo. Su diseño exige consideraciones de espacio, pero ofrece una inmersión sin precedentes, especialmente en juegos de mundo abierto y simuladores. Sin embargo, su potencial de 240 Hz requiere una tarjeta gráfica de alta gama para aprovecharse al máximo.
Lo primero que se debe hacer al recibir el LG UltraGear 52G930B es encontrar un escritorio lo suficientemente grande. El monitor mide 120 cm de ancho y su curva de 1000R proyecta los extremos del panel hacia el usuario, lo que implica que necesita una profundidad de mesa mayor de lo que su anchura sugiere inicialmente.
En segundo lugar, surge la duda sobre si una Nvidia RTX 4070 será suficiente para moverlo adecuadamente. La respuesta es afirmativa, aunque con ciertas reservas que se detallarán más adelante.
El LG UltraGear de 52 pulgadas se posiciona como uno de los monitores gaming más grandes a nivel global. Cuenta con 52 pulgadas, una relación de aspecto 21:9, resolución 5K2K de 5.120 x 2.160 píxeles y una curva de 1000R que, aunque parezca exagerada al principio, se revela como la característica más destacada del producto en poco tiempo. Su precio de lanzamiento es de 1.799 euros.
Lo primero: esto no cabe en cualquier escritorio
Antes de analizar la calidad de imagen o la experiencia de juego con este enorme monitor curvo, es crucial abordar el tema del espacio físico. Esto no es para desanimar, sino porque es la primera decisión práctica que condiciona todo lo demás.
Con 120 cm de anchura y una curva que acerca los laterales al usuario, el LG 52G930B requiere un escritorio de al menos 80 cm de profundidad para ser utilizado a una distancia adecuada.
En mi caso, lo instalé en una mesa de 60 cm y los bordes del panel quedaban demasiado cerca, obligándome a girar la cabeza más de lo deseado para abarcar todo el campo visual. En una mesa de 80 cm de profundidad, la experiencia mejora, pero se recomienda una distancia de casi un metro. Para quienes poseen una configuración de escritorio convencional, medir el espacio antes de la compra no es una recomendación, es un requisito.
Incluso en escritorios amplios, el LG ocupa bastante espacio.
El soporte incluido por LG es robusto, ajustable en altura, giro e inclinación, y su diseño es coherente con el tamaño del panel. Es destacable que no se haya optado por un soporte alargado, manteniendo un diseño compacto. Esto no compromete la estabilidad, no genera inseguridad y permite conservar la mayor parte del espacio de la mesa, a diferencia de otros soportes.
El acabado general del monitor es el negro mate característico de la gama UltraGear, sin excesos de iluminación RGB, limitándose a unas tiras LED y el logo. Los controles se reducen a un único botón tipo joystick que, una vez familiarizado con sus gestos y pulsaciones, facilita el acceso a las múltiples opciones de configuración, encendido, fuentes y ajustes con cierta comodidad y rapidez.
Los puertos se encuentran en la parte posterior, orientados hacia abajo, lo que simplifica el cableado una vez instalado, pero exige acceder por detrás para conectar o desconectar dispositivos. Dispone de dos HDMI 2.1 y un DisplayPort 2.1, además de un pequeño hub USB-A. También incluye USB-C 4 (5.120 x 2.160@200Hz) y puertos de entrada/salida para auriculares.
La curva de 1000R: el argumento que lo cambia todo jugando (y la limitación que hay que asumir)
Introducir un monitor de 52 pulgadas con curvatura 1000R en casa es una experiencia impactante, incluso para usuarios acostumbrados a monitores curvos. La diferencia entre una curvatura 1800R y la 1000R del LG 52G930B es más significativa de lo que el número sugiere. No solo es una curva más pronunciada, sino que, con esta diagonal y sus 120 cm de ancho, la curvatura 1000R transforma la pantalla en algo que se siente como un arco que te envuelve. A corta distancia, la palabra inmersión se queda corta.
La curvatura 100OR y el enorme tamaño de la pantalla hacen que el LG 52G930B te envuelva literalmente de manera física.
En un panel plano de 52 pulgadas con formato 21:9, la diferencia de distancia entre el centro y los extremos supera los 40 cm si se considera una distancia de uso razonable de 70 cm. Esto obliga a los ojos a enfocar constantemente a distintas distancias al recorrer la pantalla de lado a lado, provocando fatiga en sesiones prolongadas.
Un solo control de tipo joystick basta para encender y controlar las opciones del panel, que son numerosas.
La curva de 1000R compensa este gradiente, acercando los extremos al plano focal natural del ojo. El efecto es inmediato: toda la superficie del panel se percibe a una distancia uniforme, y la imagen se integra en el campo visual de una manera que ningún panel plano puede replicar.
En juegos de mundo abierto, mis favoritos, la diferencia es instantánea e innegable. La inmersión es total y el realismo alcanza otra dimensión.
En juegos de mundo abierto, la sensación de libertad, espacio para explorar e inmersión en la escena es brutal con este LG UltraGear 52G930B. Mejor que con gafas VR.
Después de algunas pruebas con títulos aleatorios, el primer juego al que dediqué tiempo fue Red Dead Redemption 2. Los escenarios que ya había explorado ahora parecían nuevos. Desde el primer galope por las Heartlands de New Hanover, este monitor transformó la experiencia previa. La pradera abierta con las manadas de bisontes en los extremos del encuadre, las nubes que se acumulan en el horizonte anunciando la tormenta en diez minutos de juego...
Quizás por ser terreno conocido, pero es tan fácil quedarse inmóvil durante un par de minutos contemplando el amanecer sobre el río Dakota sin hacer nada, que me pareció un juego nuevo. Es el tipo de momento que en un monitor convencional uno acelera para llegar a la siguiente misión, y que aquí de repente merece una pausa.
Para un uso cómodo se necesita al menos una distancia de casi un metro en el escritorio.
La pradera ocupa literalmente el campo visual periférico. Los árboles en los extremos del encuadre aparecen donde uno esperaría verlos en un paisaje real. Es difícil de describir sin caer en la exageración, pero la sensación de estar dentro del mundo, en lugar de mirarlo a través de una ventana, es más real aquí que en cualquier otro producto que haya probado para jugar. Para mí, supera incluso la experiencia de jugar con gafas de realidad virtual.
Algo similar sucede con los títulos de conducción, otra de mis pasiones. En Forza Horizon 5, el capó del coche y los laterales de la carretera ocupan el espacio exacto donde el cerebro espera ver los bordes de una ventana de coche real.
En títulos de acción más directa, la curvatura tiene una implicación diferente: los enemigos en los extremos del campo visual son perceptibles con el rabillo del ojo antes de lo que se habrían visto en un panel plano convencional de la misma diagonal.
En juegos competitivos de tipo shooter, el mayor campo de visión teórico de la curvatura no compensa la pérdida de tiempo de reacción por el mayor espacio a barrer visualmente.
Con 52 pulgadas, un panel plano dejaría los extremos del encuadre tan alejados del eje central de visión que el cerebro los procesaría como pura periferia. Como ya se ha mencionado, la curva de 1000R acerca físicamente esos extremos al plano focal del ojo, de modo que quedan dentro de un ángulo de visión más próximo al cono central, donde la respuesta visual al movimiento es más inmediata y el reconocimiento de lo que se mueve llega antes.
Con esa idea de “ventaja competitiva teórica”, animé a mi hijo adolescente, un ávido jugador de Valorant y Counter Strike, a probar el monitor panorámico de LG. La emoción inicial le duró un par de partidas.
Ese “mayor campo de visión” no compensaba, según él, su monitor habitual de 24 pulgadas, ya que tenía demasiado espacio que barrer activamente y perdía el tiempo de reacción necesario en este tipo de juegos competitivos.
A pesar de su orientación gaming, dediqué parte de las horas de análisis de este LG UltraGear de 52 pulgadas a tareas de escritura, edición de textos, redes sociales y otras labores cotidianas que realizo frente a una pantalla de 27 pulgadas conectada a mi portátil de trabajo.
La inmensidad del espacio de trabajo de este panel 5K tan grande es una enorme ventaja, solo empañada por el ligero efecto de arco que se puede apreciar en el contenido que debería aparecer perfectamente recto en un panel plano. A largo plazo, a algunas personas, podría resultarles incómodo. Para estos casos, es preferible una curvatura 1800R o 2300R.
La imagen: un panel VA que sabe lo que hace y 240 Hz a exprimir
Uno de los aspectos interesantes de esta pantalla de LG es la elección de un panel VA. Sin embargo, no se trata de un panel VA de hace cinco años. Aquí encontramos un contraste nativo de 4.000:1 y brillo de 400 nits que, combinado con numerosas tecnologías de mejora de imagen como Deep Black Pro y certificaciones como DisplayHDR 600, ofrece una excelente experiencia al jugar y consumir contenido, incluso en escenas nocturnas complejas, interiores oscuros o cualquier contenido con fondos negros. Es recomendable ajustar los modos de estas ayudas según el contenido para obtener siempre el mejor rendimiento.
La resolución 5K2K en un panel de 52 pulgadas no ofrece la misma nitidez que en diagonales más comerciales como 32 pulgadas y 4K. Pero a la distancia adecuada no se percibe.
Otro gran argumento del LG 52G930B es su ficha técnica orientada al mundo gaming. Se trata de un panel de 240 Hz, con bajos tiempos de respuesta e input lag por debajo de lo habitual en monitores ultrapanorámicos. En los juegos donde la respuesta a los comandos del ratón es crucial, he notado una inmediatez que no esperaba de un panel de este tamaño. Tampoco hay que preocuparse por el desenfoque de movimiento.
Con esa cifra de 240 Hz y tecnología FreeSync Premium, el monitor de LG exige una tarjeta gráfica de última generación y alto nivel para ser aprovechado al máximo. Mi equipo habitual cuenta con una RTX 4070, una gráfica destacable para 1440p y razonablemente capaz en 4K, pero en una resolución de 5.120 x 2.160 píxeles se queda claramente corta para los títulos AAA más exigentes sin recurrir a herramientas de escalado, las cuales LG incorpora en esta pantalla con ayuda de la IA.
Para ilustrarlo con cifras, en Red Dead Redemption 2 con ajustes máximos, el promedio no superó los 50 fps, que mejoran gracias a la sincronización adaptativa. Sin embargo, los 240 Hz del panel solo se aprovechan de manera sostenida en títulos menos exigentes o con una RTX 5090. Si se adquiere este monitor con una GPU de generación anterior o de gama media, se disfrutará perfectamente, pero se estará pagando por un techo de rendimiento que no se podrá alcanzar.
El aspecto visual, sobresaliente en cobertura de color DCI-P3 y calibración de fábrica perfecta, se complementa con un sonido integrado de dos altavoces de 10W cada uno que me ha convencido. Aunque suelo jugar con auriculares, tanto para juegos como para contenido multimedia, los altavoces aprovechan las dimensiones físicas de la carcasa del monitor para ofrecer una potencia y una presencia de bajos inesperadas en altavoces de monitor, además de que la curva dirige físicamente el sonido hacia la posición del usuario.
El monitor para entrenar que no sabía que necesitaba
En semanas de trabajo intensas o cuando el clima no acompaña, mis salidas en bicicleta tienen un escenario menos glamuroso que las sierras y carreteras secundarias de Murcia. En mi caso, no es un rodillo, sino una Bkool que utilizo con aplicaciones de simulación como Zwift o, en mi caso, Rouvy.
Rouvy utiliza vídeo real grabado sobre el asfalto de las rutas que simula. No es un mundo generado por ordenador (aunque también existe esa opción), sino grabaciones en vídeo de carreteras reales, con sus texturas, su luz, sus curvas y sus referencias de paisaje, que se reproducen sincronizadas con la potencia y la cadencia que se está desarrollando en ese momento sobre la bicicleta. El resultado en cualquier pantalla es razonablemente convincente. En el LG 52G930B es una experiencia diferente.
Que usar un simulador de ciclismo en este LG panorámico y curvo de 52 pulgadas fuera una experiencia tan satisfactoria no entraba en mis cálculos.
A un metro de distancia, con el panel en 5K nativo y a pantalla completa, el asfalto de la ruta ocupa literalmente todo el campo visual. No hay marco, no hay escritorio, no hay nada alrededor que recuerde que se está en una habitación, al menos cuando las pulsaciones superan las 150 ppm y el oxígeno empieza a escasear.
La curva de 1000R, que en otros contextos podría generar dudas sobre su valor, aquí tiene una justificación muy clara: la pantalla envuelve el campo de visión de manera que los bordes del camino, la vegetación lateral y el horizonte quedan exactamente donde mi cerebro espera encontrarlos cuando pedaleo de verdad por una carretera.
Pedalear una etapa del Stelvio o el Angliru en Rouvy con este monitor no es simplemente ver un vídeo mientras se pedalea. Es otra cosa, y es difícil volver a la pantalla anterior después de haberlo probado.