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Dom, Jul

El Passage du Gois: la carretera francesa que se sumerge dos veces al día

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En Francia, el Passage du Gois es una carretera peculiar que se inunda con el Atlántico dos veces al día debido a las mareas. A pesar del riesgo evidente, miles de vehículos la transitan anualmente, confiando en las ventanas de tiempo seguras. Este paso, que ha sido parte del Tour de Francia, presenta un desafío constante para los conductores, quienes deben estar atentos a las mareas y no solo a las indicaciones del GPS.

Mientras que en la cornisa cantábrica es habitual ver vehículos de turistas en apuros por aparcar indebidamente, en el Passage du Gois, en Francia, la situación es predecible: la carretera queda sumergida cuando la marea sube, un fenómeno que ocurre dos veces al día.

Dada la peligrosidad, se podría considerar clausurar esta vía y emplear el puente de Noirmoutier como alternativa. Sin embargo, en 2021, 387.823 vehículos transitaron por ella, según datos de la Oficina de Turismo de Noirmoutier. Para quienes se atreven a cruzar, el paisaje es ya un referente, habiendo sido escenario de varias salidas del Tour de Francia.

Ahora hay carretera, ahora no. El Passage du Gois, con una longitud de 4,125 kilómetros, atraviesa la bahía de Bourgneuf, directamente en el océano Atlántico. Conecta la isla de Noirmoutier con el continente en Beauvoir-sur-Mer, cerca de Nantes. Esta infraestructura forma parte de la red D948 del departamento de Vendée. El acceso depende de las mareas; la calzada puede quedar cubierta por entre 1,30 y 4 metros de agua en cada pleamar, dependiendo del coeficiente de marea del día.

El Passage du Gois en Google Maps

Pasar o no pasar, he ahí la cuestión. Las recomendaciones de paso de la oficina de turismo local invitan a la cautela: con un coeficiente de marea alto, se dispone de 90 minutos antes y después de la bajamar. Si el coeficiente es bajo, el margen se reduce, y se aconseja cruzar solo en el momento exacto de la bajamar. Un error de cálculo en los cuatro kilómetros puede tener consecuencias fatales.

La buena noticia es que, desde el siglo XIX, existen nueve balizas de seguridad donde los conductores pueden dejar su coche y esperar a que la marea baje o a la llegada de los servicios de emergencia. Aun así, cada año hay vehículos que terminan en apuros. A pesar de la señalización, las autoridades han identificado un nuevo problema: el GPS, que no proporciona información sobre las mareas bajas ni las condiciones meteorológicas. Se recomienda precaución a quienes siguen estrictamente las indicaciones de aplicaciones como Google Maps.

Los movimientos de las mareas en el Passage du Gois. Service Hydrographique et Océanographique de la Marine

Por qué hacer una carretera ahí. La razón es geológica: el Passage du Gois se formó por la confluencia de dos corrientes opuestas, una del noroeste proveniente del estuario del Loira y otra del sur influenciada por el Atlántico. Ambas se encuentran en la isla y disminuyen su velocidad, generando un fenómeno conocido como wantij, que es la deposición de partículas en ese punto de colisión de las corrientes. Esto eleva el lecho marino hasta crear un dorso natural sobre el cual se construyó la calzada.

Construirla no fue fácil ni rápido. La pavimentación de la calzada tomó cinco años, de 1935 a 1939, un periodo considerable a pesar de su antigüedad. La dificultad residía en que las obras debían realizarse durante la bajamar, lo que limitaba el tiempo de trabajo diario a dos franjas de aproximadamente dos horas cada una. A partir de entonces, la vía fue transitable para vehículos sobre sus características losas de cemento. Desde su inauguración, varias secciones han sido sometidas a diversas pruebas de pavimentación que no han tenido éxito duradero.

Un futuro que pinta muy negro. El Passage du Gois, aunque no es la primera ni la más larga carretera inundable, es una de las principales candidatas a desaparecer en un futuro cercano. Las proyecciones del IPCC sobre el aumento del nivel del mar, estimadas entre 0,38 y 0,77 metros para 2100 con distintos escenarios de emisiones a partir de 2050, sugieren que la ventana operativa segura de calzadas como esta se reducirá progresivamente, volviéndola cada vez más inviable y peligrosa.