Europa busca reducir su vulnerabilidad en las cadenas de suministro industriales, especialmente ante la alta dependencia de China en materiales críticos como las tierras raras. Bruselas se prepara para un posible escenario de restricciones comerciales en octubre, creando un equipo de emergencia y explorando medidas para diversificar proveedores y fortalecer la producción interna, con el fin de anticiparse a futuras crisis y asegurar el abastecimiento de la industria europea.
Una decisión tomada a miles de kilómetros de distancia puede impactar la producción de una fábrica europea que requiere chips, imanes o materiales procesados. Esta fragilidad es lo que Bruselas intenta mitigar a medida que se acerca una fecha clave en su relación comercial con China. Durante años, Europa ha desarrollado cadenas industriales con una gran exposición a ciertos proveedores. Ahora, frente a las tensiones geopolíticas que afectan el suministro, la Comisión Europea busca evitar que la próxima crisis la encuentre reaccionando una vez que el problema ya esté presente.
Las cifras ilustran la magnitud del problema de la concentración del suministro en China. China extrae el 66% de todas las tierras raras a nivel mundial, pero su participación se eleva al 88% en el suministro refinado, según el Financial Times. Esta última proporción es la más reveladora, ya que la disponibilidad del mineral no es suficiente sin la capacidad industrial para procesarlo y prepararlo para su uso. Para Europa, la dependencia no se limita a la extracción, sino que se extiende a las plantas que transforman estas materias primas en productos utilizables por sus fabricantes.
Octubre es la fecha que genera preocupación en Bruselas. China levantó durante un año la prohibición de algunas exportaciones de imanes y materias primas de tierras raras, pero este compromiso finaliza en octubre. Los funcionarios europeos confían en que Pekín extienda la tregua, aunque no descartan el regreso de las restricciones al concluir el plazo. El alivio tampoco eliminó todos los controles, ya que China mantuvo un sistema de licencias que exige a los compradores europeos presentar solicitudes y proporcionar información sobre sus procesos de producción y clientes. Esta incertidumbre justifica que Bruselas prepare respuestas antes de conocer la decisión china.
Según tres funcionarios citados por el Financial Times, la Comisión está organizando una fuerza de emergencia cuya primera reunión está programada para septiembre. Bruselas busca integrar en un mismo grupo a responsables de industria, comercio, servicios financieros, economía y ayuda al desarrollo, junto con la unidad central bajo la supervisión directa de Ursula von der Leyen. Su objetivo será identificar problemas con anticipación y coordinar una respuesta unificada. China será uno de sus focos, pero no el único, ya que la iniciativa también pretende abordar otras amenazas económicas e industriales.
La estrategia combina dos enfoques. Por un lado, identificar proveedores alternativos y evaluar el uso de fondos de la UE para asegurar el abastecimiento en caso de una interrupción. Por otro, modificar las normativas que rigen a las empresas más expuestas mediante una futura ley de diversificación, que las obligaría a reducir su dependencia de una única fuente para determinados insumos clave. La Comisión no pretende reemplazar el suministro chino de inmediato, sino distribuir mejor un riesgo que actualmente está excesivamente concentrado.
El precedente más reciente no se relaciona con las tierras raras, sino con los semiconductores. En octubre pasado, una disputa entre el Gobierno de Países Bajos y el propietario chino de Nexperia generó tensiones en el suministro de chips, al punto de que la industria automotriz advirtió sobre posibles desabastecimientos. Ante esta presión, la UE optó por flexibilizar temporalmente las sanciones aplicadas a otro proveedor chino. Este episodio demostró cómo una dependencia elevada puede limitar rápidamente el margen de acción de Bruselas cuando la industria empieza a quedarse sin alternativas.
Además, la Comisión está desarrollando medidas para optimizar el uso de los recursos disponibles dentro de Europa. La propuesta prevista para septiembre incluiría un impuesto a la exportación de chatarra de aluminio, diseñado para retener más material en el bloque y fomentar su transformación en metal nuevo, según las fuentes citadas por el Financial Times. También se están evaluando acciones para aumentar el reciclaje de imanes de tierras raras. La lógica es simple: importar de más lugares ayuda, pero recuperar una mayor cantidad de materiales dentro de la UE también reduce la exposición externa.