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Vie, Ago

La ciencia resuelve el misterio de las muertes prematuras en la familia Medici: ¿Malaria o envenenamiento?

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Durante siglos, el destino de varias figuras clave de la poderosa familia Medici, que gobernó la Toscana entre los siglos XV y XVIII, ha sido objeto de especulación debido a sus repentinas muertes. Los historiadores han debatido si estas se debieron a enfermedades, mala suerte o envenenamiento. Ahora, un nuevo estudio genético arroja luz sobre este enigma, ofreciendo una respuesta científica a este misterio histórico.

El famoso dicho sobre el gran poder y la gran responsabilidad se aplica de manera particular a los Medici, una influyente familia de banqueros, prelados, mecenas y gobernantes que dominó la Toscana. Sin embargo, para ellos, un gran poder conllevaba un riesgo inmenso, marcado por rivalidades y conspiraciones tanto internas como externas. Esto ha llevado a los cronistas a cuestionar durante más de cuatro siglos la causa de las repentinas muertes de algunas de sus figuras principales a finales del siglo XVI. ¿Fue una enfermedad, un infortunio o un asesinato por envenenamiento? La ciencia ha proporcionado una respuesta.

La historia familiar de los Medici es tan intrigante como cualquier novela de misterio. Un repaso a los eventos que sacudieron a la saga florentina en la segunda mitad del siglo XVI lo confirma. En 1562, el cardenal Giovanni de Medici falleció a los 19 años tras un viaje por la costa, acompañado de su madre, Eleonora, y su hermano pequeño Garzia, quienes también murieron por esas fechas. Solo 25 años después, la tragedia volvió a golpear a la familia con la muerte de su hermano, el Gran Duque Francesco I, en 1587, a los 46 años. Horas después, su esposa Bianca también falleció. Esto parecía una gran coincidencia.

Los contemporáneos de Francesco y Bianca también lo pensaron, al ver cómo los dos miembros de una de las parejas más poderosas de la región fallecían en solo 24 horas. Aunque la causa oficial fue la malaria, la cercanía de las muertes y la similitud con el caso de Giovanni 25 años antes levantaron sospechas de asesinato. Las miradas se dirigieron a Ferdinando, otro Medici, quien era el siguiente en la línea de sucesión y corría el riesgo de ser superado por el hijo ilegítimo de Francesco I. Además, se decía que había visitado al Gran Duque y su esposa poco antes de que enfermaran. Estas sospechas han perdurado por más de 400 años.

Los historiadores han investigado la muerte de Francesco, preguntándose si fue malaria, envenenamiento por arsénico o una conspiración de Ferdinando. La ciencia intentó resolver el misterio, pero inicialmente solo añadió más controversia. Los análisis de restos óseos exhumados en su momento confirmaron la teoría de la malaria, mientras que otros estudios, incluido uno de 2006 realizado por profesores y forenses italianos, basado en exámenes toxicológicos, apuntaron al envenenamiento.

Los testimonios de la época no aclaran el panorama. Se sabe que Francesco y Bianca mostraron síntomas compatibles con la malaria, y los médicos de la familia intentaron curarlos con sangrías, un método que probablemente empeoró su estado. Sin embargo, los defensores de la teoría del envenenamiento también tienen argumentos sólidos. Donatella Lippi, coautora del estudio de 2006, señala que, aunque se confirme la malaria, no significa que fuera la causa directa de la muerte. Incluso menciona que en la Biblioteca del Vaticano existen testimonios que describen erupciones cutáneas y otros síntomas que podrían relacionarse con una intoxicación por arsénico.

La situación cambió hace unas semanas, cuando investigadores de la Universidad de Pisa y Yale publicaron un nuevo estudio en iScience. Este trabajo presenta sus conclusiones tras analizar el ADN de restos óseos de dos miembros de la familia Medici: Giovanni, fallecido en 1562, y Francesco, 25 años después. Específicamente, se extrajo material genético de cuatro muestras de costillas, tres del duque y una del cardenal, cuyos restos descansan en mausoleos de la Basílica de San Lorenzo en Florencia.

En el pasado, los investigadores intentaron resolver el misterio con análisis paleo-inmunológicos, que, aunque aportaron conclusiones interesantes, no lograron silenciar los rumores, como reconoce Valentina Ciuffra, profesora de Historia de la Medicina en la Universidad de Pisa y coautora del estudio en iScience. Era necesario ir más allá, y eso es lo que el equipo de Pisa y Yale hizo al utilizar métodos avanzados para estudiar ADN antiguo, extraído de muestras con siglos de antigüedad. Han descubierto que tanto Giovanni como su hermano Francesco padecieron malaria, al localizar rastros de Plasmodium, los protozoos parásitos causantes de la enfermedad.

Uno de los hermanos Medici, Francesco, sufrió una forma particularmente agresiva: tanto los huesos del cardenal como los del Gran Duque conservaban restos de Plasmodium falciparum, la especie más letal en humanos. Además, en el caso de Francesco, se encontraron rastros moleculares de P. malariae. Esto significa que el Gran Duque, fallecido en octubre de 1587, presentaba huellas de dos especies de malaria. Aunque no es excepcional –se han detectado en Bélgica muestras que sugieren la coexistencia de diferentes tipos de malaria–, los expertos insisten en que se necesita más investigación antes de afirmar con certeza que ambas especies circulaban en la Italia del siglo XVI.

Para los autores del nuevo estudio de ADN, su trabajo es concluyente y pone fin a un misterio de 400 años: “Este análisis genético confirma los relatos históricos, así como investigaciones previas. Ahora podemos afirmar con certeza científica que la malaria, y no el envenenamiento, fue la causa de la muerte del Gran Duque Francesco de Medici”, destaca Valentina Giuffra. Desde la Universidad de Yale, se recuerdan dos datos adicionales: primero, que la malaria fue endémica en el centro de Italia hasta el siglo XX; segundo, que tanto Giovanni como Francesco fallecieron tras visitar potenciales focos de malaria, como marismas o (en el caso del matrimonio) una villa familiar en Poggio, Livorno, entre cultivos infestados de mosquitos.

¿Está el asunto zanjado? Depende a quién se pregunte. Giuffra y sus colegas defienden la validez de su estudio, pero sigue habiendo expertos que creen que será difícil resolver definitivamente el misterio. “Aunque el estudio aporta evidencia compatible con una infección por malaria, no creo que resuelva de manera definitiva el debate de largo recorrido sobre la malaria vs. envenenamiento”, insiste David Caramelli, profesor de antropología de Florencia, quien no participó en el último estudio. “La presencia de ADN de patógenos no es necesariamente equivalente a demostrar la causa de la muerte. La evidencia genética siempre tiene que interpretarse junto con datos históricos, arqueológicos y patológicos”, reivindica. Por ahora, el estudio de los huesos de los desafortunados hermanos Medici ha servido, además de para arrojar luz sobre el enigma, para profundizar en nuestro conocimiento sobre las características de la malaria en la Italia del siglo XVI.