China, inmersa en una ambiciosa carrera espacial, investiga la posibilidad de la reproducción humana fuera de la Tierra. Sin embargo, los resultados de experimentos recientes, que incluyen células germinales y embriones artificiales, sugieren que la microgravedad y la radiación cósmica plantean serios obstáculos. Aunque hay un atisbo de esperanza en ciertos aspectos, el panorama general es complejo para la concepción y el desarrollo en el entorno espacial.
China ha estado activamente involucrada en la nueva carrera espacial durante años. Además de probar cohetes reutilizables para reducir costos y poblar la órbita baja con diversos satélites, también está aprovechando su estación espacial, la Tiangong. En un envío reciente a la estación mediante la Tianzhou‑10, se incluyó un paquete muy particular: una célula con embriones de peces cebra, ratones y estructuras que simulan embriones humanos artificiales. El objetivo es experimentar con ellos para determinar si es posible tener bebés en el espacio, una línea de investigación que China ha explorado en varias ocasiones.
Sin embargo, los resultados preliminares de pruebas anteriores han comenzado a llegar, y el panorama no es muy alentador para la reproducción espacial.
China ha dedicado mucho tiempo a esta investigación. A principios de año, se informó que el gigante asiático había enviado una ratona a la estación espacial para que tuviera crías, con el fin de analizar si la radiación y la microgravedad causaban problemas o alteraciones en la descendencia. De las nueve crías nacidas, seis sobrevivieron, lo que se consideró un éxito y llevó a la decisión de continuar investigando, esta vez con los embriones humanos artificiales.
La posibilidad de tener bebés en el espacio se complica. Es importante aclarar que los "humanos artificiales" no son organismos completos capaces de convertirse en bebés. Según las autoridades chinas, se trata de estructuras a partir de células madre que imitan las fases muy tempranas del desarrollo humano. Lo que se envió a la Tiangong corresponde a embriones de aproximadamente 14 a 21 días después de la fertilización. Aunque es una fase temprana, es crucial porque es cuando comienzan a formarse todos los órganos y donde se podrían observar anomalías debido a la radiación espacial. Estas muestras deben ser estudiadas, pero en la misma línea de investigación, trabajos previos han publicado sus resultados.
Las perspectivas no son muy buenas, aunque dejan espacio para cierto optimismo.
Investigadores del Instituto de Física Técnica de Shanghái de la Academia de Ciencias de China y la Universidad Tsinghua de Pekín señalan que las células enviadas en la misión Tianzhou‑6, que se encontraban en una etapa temprana, no crecieron ni se desarrollaron tan bien como lo habrían hecho en la Tierra.
En el experimento, la tasa de éxito en la generación de células germinales se redujo aproximadamente a la mitad, mientras que las células precursoras de espermatozoides se multiplicaron más del 25% más lentamente. Los principales sospechosos de estos problemas son la microgravedad y la radiación cósmica. Esto significa que no solo las células ya formadas no se desarrollan a un ritmo normal, sino que, si se intenta concebir en el espacio, el esperma tampoco funciona adecuadamente.
Como se mencionó, esta no es la primera vez que China investiga este tema. En 2023, ya se estudió un conjunto de cultivos celulares automatizados en el módulo de experimentación de la estación. Cuando regresaron a la Tierra, se descubrió que la tasa de éxito del crecimiento de esas células madre especiales (células germinales primordiales derivadas de células madre pluripotentes inducidas por humanos) se redujo a la mitad. Es decir, se obtuvo un éxito del 2% al 6% en las pruebas, frente al 6% al 15% medido en el grupo terrestre.
La conclusión es que el entorno más hostil del espacio exterior dificulta considerablemente que las células primordiales se conviertan en óvulos o esperma. Sin embargo, existe un rayo de esperanza, ya que la actividad y el recuento de los folículos ováricos inducidos por el ser humano no mostraron una disminución notable, lo que sugiere que la radiación espacial tiene un impacto limitado a corto plazo en las células germinales.
Los investigadores han indicado que, a pesar de los resultados "desalentadores", continuarán experimentando. Con las potenciales misiones de larga duración en el espacio, la perspectiva de embarazos en este entorno es algo que vale la pena seguir explorando, y queda por ver qué sucede con los embriones humanos artificiales de la Tianzhou‑10.