Las prácticas asiáticas de protección solar, como el uso de 'facekinis' y sombrillas, que antes eran consideradas excéntricas en Occidente, están ganando terreno. Este cambio refleja una creciente conciencia sobre los peligros de la exposición solar y la importancia de proteger la piel, alineándose con la visión de que el bronceado no siempre es deseable.
Al viajar a playas en China, como Quingdao, es posible observar a bañistas que, además de su atuendo de playa habitual, lucen los coloridos 'facekinis'. Esta prenda, que cubre completamente el rostro para resguardarlo de los rayos ultravioleta, ganó popularidad hace algunos años, especialmente durante las olas de calor. En Europa, la imagen de mujeres chinas con la cabeza cubierta por gorros de baño extra grandes que solo exponen ojos y boca se interpretó como una peculiaridad, una manifestación de la aversión asiática al bronceado. Aunque el uso de 'facekinis' no es común en las playas españolas, la idea de que chinos, japoneses y coreanos estaban en lo correcto al protegerse del sol, más allá de las diferencias culturales, comienza a difundirse.
"Está muy mal visto". El 'facekini' es la expresión más visible de un fenómeno más amplio: el bronceado no es valorado de la misma manera por todos. Vincent Coëffé, de la Universidad de Angers, explicó en un artículo que la idea de una piel bronceada puede ser atractiva en California, pero la percepción es muy distinta en Asia. Coëffé, geógrafo y experto en turismo, señala que "la piel clara sigue siendo bien vista en las culturas asiáticas (China, India, Japón, Corea…), hasta el punto de que exponer el cuerpo al sol se percibe como un acto subversivo". Añade que "en China el bronceado está muy mal visto, sobre todo si altera el cuerpo femenino, particularmente influenciado por el ideal de piel 'lechosa'".
Aunque el bronceado se está globalizando y es más frecuente ver a asiáticos tomando el sol tanto en el extranjero como en sus países, persiste una significativa brecha cultural con Occidente. Estas diferencias en la exposición solar explican por qué, durante décadas, en países como España, se observaba con una mezcla de fascinación e incomprensión a los turistas asiáticos que, en pleno verano, evitaban los rayos ultravioleta. Llamaba la atención que, además de gorras y gafas de sol, usaran guantes, camisetas de manga larga, manguitos, prendas con protección solar y paraguas. Un viajero en agosto de 2025 preguntó en una comunidad de Facebook: "¿Por qué por las calles de Japón usan todos paraguas? ¿Hace mucho calor? ¿Se cuidan del sol o hace extremadamente calor?". Durante un viaje a El Cairo, se notó la presencia de turistas coreanas de piel muy blanca paseando con sombrillas y vestidos largos que cubrían sus brazos y piernas, contrastando con los españoles que caminaban bajo el sol en bermudas y camiseta.
En Benidorm, Málaga, Barcelona o cualquier otro destino de playa en España, aún es raro encontrar a alguien con el rostro cubierto por un 'facekini', pero es innegable que algo está cambiando. Es más común ver a personas optando por manga larga y prendas con protección solar (incluso manguitos) durante las horas de mayor calor, y el uso de paraguas para protegerse del sol ya no sorprende. Cada vez es más habitual ver a españoles paseando con paraguas a las cinco o seis de la tarde en julio, y a padres vistiendo a sus hijos pequeños con camisetas de protección solar antes de ir a la playa o al río.
Los paraguas son quizás la señal más clara de un cambio en nuestra relación con el sol, pero no la única ni la más importante. Una revisión rápida de la hemeroteca revela entrevistas con expertos que desmienten mitos y alertan sobre los riesgos de la exposición solar sin protección, la amenaza de los melanomas y las quemaduras. Su insistencia demuestra una creciente sensibilidad. No se trata solo de un cambio en nuestra percepción cultural de los cuerpos bronceados, sino de la asimilación del mensaje de los expertos: aquellos que, hace 20, 30 o 40 años, veíamos con extrañeza a los asiáticos que se protegían del sol a toda costa, éramos en realidad los excéntricos. Lo inusual no es pasear con sombrilla y ropa protectora en julio a las cinco de la tarde. Lo inusual es castigar deliberadamente nuestro cuerpo, con todos los riesgos que ello implica.
"El Sol es una radiación electromagnética que, cuando llega a nuestra piel, va a producir mutaciones en nuestro ácido nucleico, y esas mutaciones al principio pueden ser anuladas por nuestro organismo", advirtió en 2016 el doctor Julián Conejo Mir, presidente de Honor de la Academia Española de Dermatología y Venereología. "Cualquier persona cuando va a la playa cada día desarrolla un cáncer de piel, pero nuestro sistema defensivo, si funciona, lo anula". Esta afirmación es solo parcialmente tranquilizadora. Aunque el uso de paraguas en una tarde soleada de agosto ya no sorprenda, esto no significa que hayamos interiorizado plenamente las implicaciones de una exposición solar irresponsable. Incluso existe el riesgo de confiar excesivamente en la ropa protectora o las sombrillas como herramientas infalibles contra los melanomas.
Un estudio reciente de Nivea Sun ilustra esta paradoja con dos porcentajes significativos: el 85% de los españoles reconoce su preocupación por los efectos del sol en su piel, pero una gran mayoría (el 67%) admite no usar protector solar habitualmente. Otro ejemplo claro se observa en las redes sociales. Aunque los médicos las utilizan para advertir sobre los peligros de la exposición prolongada al sol sin protección, plataformas como X, Instagram o TikTok también sirven de altavoz para la difusión de bulos, rumores y desinformación sin base científica que incitan a ignorar las recomendaciones de los dermatólogos.