19
Dom, Jul

La Evolución de los Eclipses Solares: De Fenómenos Temidos a Espectáculos Naturales y Herramientas Científicas

Tecnologia
Los eclipses solares han transitado de ser objetos de temor o culto a herramientas científicas clave y, actualmente, a espectáculos naturales disfrutados por la sociedad. Aunque la ciencia ha desarrollado instrumentos para estudiar la corona solar, los eclipses continúan siendo especiales para ciertas investigaciones y, sobre todo, para inspirar vocaciones y conectar a las personas con el cosmos. David Galadí, astrónomo, reflexiona sobre esta fascinante transformación.

Los eclipses solares han experimentado diversas transformaciones a lo largo de la historia. Inicialmente, fueron considerados objetos de culto o generadores de pánico, dependiendo de la civilización. Con una mejor comprensión de su origen, se convirtieron en una herramienta precisa, pero extremadamente valiosa para los astrónomos, al ser la única vía para estudiar la corona solar. Hoy en día, el temor a los eclipses es mínimo, y los científicos disponen de instrumentos que pueden suplir su función para estudiar la corona. Sin embargo, no han perdido su carácter especial. Hemos entrado en una nueva fase, donde la sociedad los disfruta en lugar de temerlos, y los científicos observan cómo en otras personas surge el amor por el cielo que a ellos mismos los llevó a su profesión.

Sobre esto y otros temas conversé con David Galadí, astrónomo, profesor de la Universidad de Córdoba y miembro de la Comisión Científica y de Asesoramiento del Trío de Eclipses.

El fin de una era

Durante mucho tiempo, los eclipses solares han sido cruciales para estudiar características del Sol o la Luna que normalmente no son medibles o visibles. Incluso se utilizó un eclipse solar para corroborar la Teoría de la Relatividad de Einstein. No obstante, los estudios sobre la corona solar, la capa más externa de la atmósfera solar, son posiblemente los más destacados.

La corona está compuesta principalmente por plasma, un gas ionizado cuyos átomos han ganado o perdido electrones, adquiriendo una carga eléctrica. Este gas en movimiento constituye los vientos solares. También es en la corona donde se originan las eyecciones de masa coronal, fuente de las tormentas geomagnéticas. Por ello, su estudio es fundamental para los científicos. Sin embargo, existe un obstáculo: el centro del Sol es tan brillante y la corona tan tenue que normalmente no puede observarse con instrumentos convencionales. La única excepción es un eclipse solar total.

Cuando la Luna cubre completamente el Sol, su brillo ya no oculta la corona solar, que aparece de repente en el cielo. Durante décadas, los científicos contaban con unos pocos minutos en cada eclipse para estudiarla. Afortunadamente, hoy en día esto ya no es indispensable, gracias a los coronógrafos, instrumentos capaces de “eclipsar” artificialmente tanto el Sol como otras estrellas, revelando lo que normalmente no podemos ver. Aun así, persisten algunas cualidades que solo pueden estudiarse durante los eclipses. “Los coronógrafos cubren no solo el disco solar, sino que también deben tapar, por necesidades de diseño ineludibles, la cromosfera y la parte más baja de la corona solar”, explica Galadí. “Sin embargo, estas regiones sí se pueden observar bien durante un eclipse solar total”. Además, “el coronógrafo elimina la luz de la fotosfera solar, pero no reduce el brillo general del cielo, por lo que las partes más externas y tenues de la corona también se pierden con estos instrumentos”.

En consecuencia, hoy conocemos mucho mejor el Sol y la Luna. La teoría de la relatividad general sigue siendo puesta a prueba constantemente con nuevos descubrimientos astronómicos. Y sí, la corona solar puede estudiarse sin necesidad de un eclipse solar. No obstante, estos instrumentos impiden verla con la misma nitidez que cuando la Luna eclipsa completamente el Sol. “Aquí tenemos los dos únicos residuos de heliofísica para los que los eclipses siguen siendo útiles: el estudio del enlace entre la fotosfera solar y la corona media a través de la cromosfera y la baja corona, y para analizar las regiones coronales más externas”. Sin embargo, en el futuro los eclipses solares dejarán de ser necesarios incluso para esto, ya que hay dos misiones en marcha para resolver el problema. “La observación de la corona externa desde el espacio, con coronógrafos en satélites artificiales, como el Observatorio Solar y Heliosférico (SOHO) de la Agencia Espacial Europea en colaboración con la NASA, evita todas las desventajas de la atmósfera terrestre y su brillo”, comenta el astrónomo de la Universidad de Córdoba. “Además, contamos con grandes innovaciones tecnológicas como las de la misión Proba-3 (también de la ESA), que ya están permitiendo estudiar la cromosfera y la baja corona desde el espacio, precisamente creando eclipses artificiales”.

¿Significa esto que los científicos ya no tendrán nada que estudiar durante un eclipse solar? Quizás para los astrónomos sí llegue el momento en que puedan dedicarse solo a mirar al cielo y disfrutar. Para otros científicos, como los especializados en comportamiento animal, aunque ya existían estudios previos, la verdadera oportunidad comienza ahora. “En etología animal es interesante estudiar el comportamiento cuando se produce una noche brusca, desacoplada de otros ritmos circadianos”, relata Galadí. “Los comportamientos de las especies al «apagar» el Sol de golpe solo pueden deberse al cambio de luz ambiental y de temperatura, pero no a otros factores externos o internos”.

El eclipse solar ahora es para la sociedad

Este 12 de agosto de 2026, miles o incluso millones de personas viajarán o buscarán los mejores lugares cerca de sus hogares para observar el eclipse solar. Estos fenómenos astronómicos se han convertido en hitos que trascienden la ciencia. Es el momento de que la sociedad los disfrute.

David Galadí lo tiene claro: “Los eclipses totales de Sol ya no son ciencia, o casi han dejado de serlo, pero siguen constituyendo grandísimos espectáculos naturales con un potencial enorme para sorprender a las personas”. Esto puede manifestarse en múltiples niveles. “Tienen poder como fuente de inspiración artística, recurso turístico, fuente inagotable de aplicaciones didácticas o divulgativas, y capacidad de despertar vocaciones”. De hecho, esto último es algo en lo que él mismo se ve reflejado. “Los grandes sucesos astronómicos marcan a la gente, yo mismo soy un producto de la fiebre astronómica del cometa Halley en los años ochenta”.

En España tenemos una gran oportunidad, ya que no se trata de un solo eclipse. El próximo año tendremos otro eclipse solar total y en 2028 un eclipse anular, que brindarán nuevas oportunidades para disfrutarlos en distintas regiones del país. “Aunque el Trío Ibérico de Eclipses no es de escala planetaria, sino más local, tengo la ilusión de que sirva para atraer hacia la ciencia en general y la astronomía en particular a mucha gente joven que quizá termine por ser conocida como la «generación del trío de eclipses»”.

¿Podría decepcionarnos? Basta con revisar los comentarios de los artículos sobre el eclipse solar que se están publicando para constatar que hay personas que lo consideran decepcionante. Temen que se esté generando una expectación excesiva y que, llegado el momento, toda esa ilusión se desinfle. Es una posibilidad, ciertamente. Sin embargo, no es lo que afirman quienes ya han visto un eclipse y viajan por el mundo para presenciarlos una y otra vez.

Para Galadí, la clave radica en saber gestionar la frustración y, sobre todo, entender lo que se va a ver. “Hay varios factores que pueden decepcionar a personas que no hayan tenido antes un interés especial por la astronomía”, señala. “Ante todo, la brevedad del suceso: dentro de la banda de totalidad, el eclipse de 2026 no llega a durar ni dos minutos, y el de 2027 solo alcanzará los cuatro en el mismísimo estrecho de Gibraltar”. Las fases parciales se prolongan durante una hora antes y después, pero son mucho menos impactantes que la totalidad. “Desde zonas donde el eclipse no sea total, la población debe saber que el espectáculo será curioso, pero menos espectacular que la breve totalidad”, añade el experto. “Y, por supuesto, hay que advertir de que podría hacer mal tiempo, ¡hay que concienciarse para resistir la frustración si llega a pasar eso!” De hecho, el eclipse solar de este año es bastante sensible en ese sentido. “En el eclipse de este año, por ocurrir con el Sol tan bajo, es más probable que las brumas del horizonte impidan verlo”. Eso no implica que debamos ir sin ilusión en busca del eclipse solar, pero sí que debemos comprender que es un fenómeno natural, no una película proyectada en el cine. Esto es lo que puede convertirlo en una fuente de frustración, pero también lo que lo hace aún más especial.

Entonces, ¿qué debemos hacer para ver el eclipse solar? Ya hemos visto que debemos observarlo teniendo en cuenta que, quizás, no todo sea como nos habría gustado. Aun así, lo más probable es que sea un espectáculo único, que vale la pena ver a través de nuestros ojos (siempre con gafas homologadas durante la parcialidad) y no a través del visor de una cámara. “La totalidad solo dura un minuto y pico este año, menos de cuatro el que viene”, recuerda Galadí. “Es tan espectacular que habrá personas que quieran grabarlo con el móvil, pero sería un error, porque grabar o fotografiar un eclipse es muy difícil, cualquier cosa que hagamos con un móvil va a quedar muy mal y nos vamos a perder el espectáculo”. Es una ocasión especial y única, y lo mejor es vivirla en directo. “Dejemos las fotos y vídeos para especialistas, que sin duda van a obtener registros impresionantes de estos fenómenos”. Después, todos podremos disfrutarlos.

Y la última pregunta: ¿vale la pena desplazarse? No todos tenemos la suerte de vivir dentro de la franja de totalidad del eclipse solar. Por eso, muchos nos hemos hecho la gran pregunta: ¿vale la pena organizar un viaje para ver el eclipse total, en vez de con la parcialidad que se verá en el resto de España? Para Galadí, la respuesta es un rotundo sí.

“Por supuesto, hay que planificarlo bien y nunca hay que intentar desplazarse el mismo día del eclipse, porque los atascos van a ser monumentales”, advierte. “Pero la experiencia de un eclipse parcial, aunque sea muy profundo, y de otro total, es por completo distinta, son productos diferentes”.

El experto lo explica con un ejemplo, que a mí, como almeriense, me viene muy bien saber. “Para el eclipse de 2027, Almería capital queda fuera de la banda de totalidad por muy poco, así que tiene sentido intentar verlo desde algún lugar cercano pero dentro de la banda de totalidad, como podrían ser el cabo de Gata o el Campo de Dalías”. Sin embargo, “para residentes en Málaga capital, donde el eclipse de 2027 será total, yo no recomendaría intentar moverse”. Es cierto que pueden ganar minutos de totalidad viajando hacia el sur, pero “los problemas de tráfico y aglomeraciones pueden ser tan grandes que conviene más quedarse en la ciudad y disfrutar del tiempo de totalidad que nos toque allí”.

En definitiva, la percepción de los eclipses ha cambiado mucho a lo largo de la historia, pero siguen siendo tan mágicos y especiales como la primera vez que un ser humano vio el Sol ocultándose en pleno día. Vale la pena disfrutar de ellos, pero siempre con protección, manejo de la frustración y, en definitiva, conocimiento. Que se note lo que hemos evolucionado en todos estos años.