La Línea 10 del Metro de Madrid, una de las más transitadas, tiene una rica historia que se remonta a los años 60. Su evolución ha implicado importantes desafíos de ingeniería, especialmente la construcción de las cocheras de Cuatro Vientos, ubicadas estratégicamente para servir al sur de la ciudad. Este artículo explora su desarrollo y los retos superados para su funcionamiento actual.
La línea 10 del Metro de Madrid se posiciona como una de las arterias principales de toda la red. Según los datos más recientes de 2024, esta línea registró cerca de 84 millones de usuarios, siendo superada únicamente por las Líneas 1 y 6. Esta conexión es la vía más rápida entre la zona sur de la ciudad y el norte o su centro financiero.
A pesar de su apariencia moderna, los orígenes de esta línea se remontan a la década de 1960, cuando era operada por una entidad privada conocida como Ferrocarril suburbano de Carabanchel. En aquel entonces, su recorrido fusionaba lo que hoy se conoce como la Línea 5 y la Línea 10.
Durante los años 80, la red de Metro de Madrid adquirió la compañía, y fue en ese momento cuando parte del trazado adoptó la numeración actual. Esto ocurrió tras la confirmación de la conexión entre Plaza de España, el término original de la línea, y Alonso Martínez, que era entonces la última parada de la Línea 10.
Las dos décadas siguientes marcaron una transformación significativa para el transporte en el sur de Madrid. Inicialmente, con la conexión con la línea 6 en Príncipe Pío, se revitalizó la antigua Estación del Norte, convirtiéndola en un nodo neurálgico clave para la región. Posteriormente, la llegada de MetroSur y su conexión con la Línea 10 consolidaron esta expansión.
En la década de los 90, el segmento entre Casa de Campo y Aluche se integró a la línea 5. Como consecuencia, Colonia Jardín se convirtió en la estación cabecera de la renovada Línea 10, a la espera de su enlace con el sur. A principios de los años 2000, la Línea 12, una vía circular que une Alcorcón, Móstoles, Fuenlabrada, Getafe y Leganés, fue inaugurada por completo, conectando con la Línea 10 en Alcorcón.
Desde entonces, la Línea 10 ha mantenido su estatus como uno de los principales ejes de movilidad diaria en la ciudad. El incremento en la capacidad de viajeros impulsó al Metro a buscar soluciones, que encontró en la remoción de 300.000 metros cúbicos de tierra.
Con el objetivo de consolidar la Línea 10 como uno de los principales ejes de movilidad de Madrid, el Metro tuvo que afrontar proyectos de gran envergadura, como la construcción de vías y la edificación de instalaciones auxiliares.
Entre estas instalaciones, destacan las cocheras de Cuatro Vientos, un proyecto concretado en el año 2002. Para gestionar el flujo de trenes y su renovación (en esa época se implementaron los modelos 7000 y 8000), Metro de Madrid diseñó un espacio de mantenimiento y almacenamiento para su flota.
El desafío residía en la necesidad de ubicar estas cocheras lo suficientemente cerca de la cabecera de la línea, Puerta del Sur en Alcorcón, pero en un terreno sumamente complejo. Entre Cuatro Vientos y Alcorcón se proyectaron la M-40, la autovía de circunvalación más grande de la ciudad, la carretera A-5, que conecta con el suroeste del país, y el autódromo de Cuatro Vientos, utilizado habitualmente por las fuerzas armadas.
La compleja gestión de estos elementos técnicos se resolvió mediante el diseño de unas cocheras en superficie que, sin embargo, se adentran bajo tierra justo después de la playa de vías. Los túneles, según explican en la propia página del Metro, se construyeron utilizando el sistema cut and cover. Esta técnica implica la excavación de un falso túnel que luego se recubre para su recreación, una solución eficiente para trabajos cercanos a la superficie.
La intención inicial, se señala, era construir el túnel mediante el método de mina, es decir, excavando de forma tradicional. No obstante, el reducido espacio disponible entre la M-40, por donde transitan más de 120.000 vehículos diariamente, y las vías del tren, obligó a modificar los planes, optando finalmente por la técnica mencionada.
De hecho, en algunos tramos, la anchura entre la carretera y las vías del tren apenas alcanzaba los cuatro metros. Esto significa que la diferencia de altura entre el paso de los trenes y el de los coches era mínima, poco más de un piso.
El resultado permitió la conexión entre la Línea 10, que discurre bajo el enlace de la M-40 y la A-5, y las nuevas cocheras del metro, para las cuales fue necesario remover 300.000 metros cúbicos de arena. Este es un espacio vasto de 395.441 metros cuadrados, diseñado para albergar hasta 30 de los trenes que circulan a diario por la Línea 10. Solo en esta área, existen más de cinco kilómetros de vías.
De esos casi 400.000 metros cuadrados, la parte más significativa corresponde a las cocheras, pero también se incluye un edificio auxiliar que alberga una sala de simulación, donde los futuros conductores pueden realizar sus primeras prácticas.