China ha inaugurado el High Intensity Heavy Ion Accelerator Facility (HIAF), un complejo de dos kilómetros diseñado para acelerar iones pesados y dirigirlos contra núcleos atómicos. Este laboratorio de vanguardia, ubicado en Huizhou, ha superado su revisión de aceptación y ha iniciado operaciones de prueba, abriendo nuevas vías para la investigación en física nuclear, la formación de elementos pesados y la resistencia de materiales a la radiación espacial.
Existen máquinas diseñadas para observar lo conocido y otras para explorar lo desconocido. En Huizhou, China ha construido un complejo con una línea de haz de dos kilómetros, capaz de acelerar iones pesados y dirigirlos contra núcleos atómicos con una intensidad difícil de alcanzar en otros laboratorios. Aunque parece concebida para físicos nucleares, su alcance es mucho mayor.
El paso crucial se dio el martes 21 de julio, cuando el High Intensity Heavy Ion Accelerator Facility (HIAF) superó la revisión de aceptación que certifica el cumplimiento de sus objetivos de construcción y entró en operación de prueba para investigación científica. El proyecto, a cargo del Instituto de Física Moderna de la Academia China de Ciencias, comenzó a construirse en diciembre de 2018 y produjo su primer haz en octubre de 2025. La obra está terminada; ahora es el momento de hacer ciencia.
El HIAF no funciona como una única pista; su arquitectura distribuye el trabajo entre tres sistemas principales: un acelerador lineal superconductor que suministra haces intensos de forma continua o pulsada, un sincrotrón que acumula los iones y los eleva a energías mayores, y un anillo de almacenamiento que permite conservarlos mientras los investigadores realizan mediciones de precisión. Todo se inicia con iones, que son átomos a los que se les han retirado uno o varios electrones, y que pueden ser acelerados y guiados mediante campos eléctricos y magnéticos. Los responsables del proyecto afirman que es la primera instalación avanzada de investigación con iones pesados que integra estas tres tecnologías.
Todavía no comprendemos completamente cómo se formaron muchos de los elementos pesados que nos rodean en el universo. Para reconstruir esa historia, los investigadores utilizarán el HIAF para producir núcleos inestables, medir su comportamiento y explorar las fronteras donde la materia nuclear deja de mantenerse unida. Este trabajo también abre la puerta a intentar crear nuevos elementos superpesados. El objetivo no es solo ampliar el conocimiento de la tabla periódica, sino entender mejor los procesos cósmicos que dieron origen a elementos como el uranio.
Los mismos haces utilizados para investigar núcleos también pueden emplearse para someter chips, componentes electrónicos y materiales a radiación intensa. En el espacio, el impacto de una partícula energética puede corromper datos, bloquear un circuito o causar daños permanentes en un componente; reproducir algunos de estos efectos en tierra permite estudiarlos antes de incorporar la tecnología a un satélite o una nave. El HIAF nace también con esta función: ofrecer un entorno controlado para comprobar qué resiste y qué falla cuando un dispositivo debe operar bajo la radiación espacial.
Cuando estos iones alcanzan tejidos o materiales, el experimento cambia de escala, pero no de principio. Su energía puede aprovecharse en el sector de la medicina y, al mismo tiempo, para acelerar la acumulación de daños por radiación en materiales destinados a sistemas nucleares avanzados o a futuros entornos de fusión. No se trata de un hospital ni de un reactor para producir electricidad. El HIAF ofrece algo previo y decisivo: un lugar donde comprobar, bajo parámetros controlados, qué funciona, qué se degrada y qué debe rediseñarse.
La fase de puesta en marcha ya ha proporcionado algunas cifras para medir su capacidad. Según los responsables del proyecto, el equipo completó en 16 horas la puesta en marcha del haz a lo largo de la línea de dos kilómetros, un récord entre instalaciones comparables. También sostienen que las intensidades pulsadas de los haces de oxígeno y bismuto superaron las anteriores referencias internacionales por factores de tres y 7,5, respectivamente. Durante las pruebas ya se han realizado trabajos sobre masas nucleares, producción de haces radiactivos, estructura nuclear e irradiación de materiales. Son resultados iniciales: el HIAF sigue en pruebas y ahora deberá demostrar hasta dónde puede transformar esa capacidad en descubrimientos y aplicaciones reales.