02
Dom, Ago

Descubren el Primer Asteroide con Tres Lóbulos y una Luna: El Misterio de 44Nysa

Tecnologia
El asteroide 44Nysa, descubierto en 1857, ha revelado ser mucho más complejo de lo que se pensaba. Gracias a avanzadas técnicas de observación y procesamiento de imágenes, científicos han confirmado que posee tres lóbulos, convirtiéndolo en el primer asteroide tricéfalo conocido, y sorprendentemente, también orbita una luna. Este hallazgo abre nuevas vías para comprender la formación de los planetas interiores.

Las herramientas de observación astronómica han experimentado una notable evolución en los últimos dos siglos. Un ejemplo claro es el asteroide 44Nysa, descubierto en 1857 por el astrónomo Hermann Mayer Salomon Goldschmidt, quien inicialmente identificó un nuevo punto brillante con un telescopio rudimentario. Con el tiempo, se descubrió que no era un asteroide común, ya que parecía tener dos lóbulos. Ahora, gracias a las observaciones realizadas por los telescopios terrestres Large Binocular Telescope (LBT) y Very Large Telescope (VLT), se ha revelado que en realidad es un 'Can Cerbero del espacio' con tres lóbulos, siendo el primer asteroide de este tipo identificado.

Las tres 'cabezas' de Nysa eran difíciles de identificar debido al brillo del propio asteroide, que dificultaba la visualización de su estructura. Por ello, los autores del estudio utilizaron dos dispositivos de imagen de alto contraste: el SHARK-VIS en el LBT y SPHERE con su polarímetro ZIMPOL en el VLT. Además, emplearon ópticas adaptativas para contrarrestar el efecto de desenfoque atmosférico y aumentar la resolución de las imágenes. Estas técnicas se combinaron con un procesamiento de imágenes que permitió afinar aún más los detalles y eliminar el halo brillante que rodea al asteroide, revelando así la tercera 'cabeza' que había pasado desapercibida durante aproximadamente 170 años.

Los investigadores observaron que 44Nysa mide 75 kilómetros en su punto más ancho. Cuenta con dos valles que se habían podido vislumbrar con anterioridad y que ahora se sabe que son la unión de los 'cuellos' de sus tres lóbulos. También se ha podido estudiar su composición. Su superficie es más brillante que la de la mayoría de los asteroides debido a su riqueza en el silicato enstatita, que no contiene hierro, lo que lo clasifica como un asteroide tipo E.

Un detalle que también había pasado desapercibido debido a la dificultad de discernir a través del brillo del asteroide es que posee una luna orbitándolo. Inicialmente, se identificó como un objeto mucho más pequeño, de un kilómetro de ancho, ubicado a 170 kilómetros del asteroide. Tras ser observado en dos ocasiones independientes, se ha confirmado que, efectivamente, se mueve alrededor de 44Nysa, de manera similar a la Luna en torno a la Tierra.

Existen dos hipótesis sobre el origen de 44Nysa. Por un lado, podría ser el resultado de la fusión de tres objetos, cada uno dando lugar a una de sus 'cabezas'. Por otro lado, es posible que haya sido impactado por un objeto más grande, quizás otro asteroide, que lo deformaría, otorgándole esa apariencia tricéfala. Para que esta última hipótesis sea plausible, deberían existir más objetos de composición similar alrededor de 44Nysa, los cuales serían los restos de la colisión. De momento, estos no se han detectado, pero los científicos continuarán investigando todo a su alrededor, incluyendo su satélite.

Conocer el origen de Nysa no solo es útil por la curiosidad de observar un asteroide de tres lóbulos. También es relevante porque los asteroides tipo E se formaron cerca del Sol, lo que sugiere una posible relación con los bloques de construcción de los planetas interiores del sistema solar, incluyendo la Tierra. 44Nysa es el primer asteroide de tres lóbulos descubierto en nuestro sistema solar y, lógicamente, también más allá del mismo. Sin embargo, esto no implica que no existan más. Si ha sido difícil identificarlo en nuestro vecindario, sería aún más complicado encontrarlo a distancias mayores, donde las imágenes serían demasiado tenues e imprecisas. No obstante, si lo que se ha descubierto ahora era impensable en 1857, es evidente que aún queda muchísimo por descubrir, incluso fenómenos más impactantes que un asteroide de tres lóbulos.