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Lun, Sep

El rodaje épico de 'Barrabás': Un eclipse solar, 9.000 extras y la audacia de una superproducción de 1961

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La película 'Barrabás' de 1961 se destacó por su audaz rodaje, que incluyó la filmación de la crucifixión de Cristo durante un eclipse solar total. Esta superproducción enfrentó desafíos logísticos y creativos, desde la gestión de miles de extras hasta la innovadora dirección musical, marcando un hito en la historia del cine bíblico y demostrando la visión de sus creadores.

El 15 de febrero de 1961, un eclipse solar total atravesó Francia, Mónaco e Italia, dirigiéndose hacia los Balcanes, y en su punto de máxima duración, la umbra cubrió el sol durante 165 segundos. El productor Dino De Laurentiis y el director Richard Fleischer decidieron aprovechar este raro evento para filmar la crucifixión de 'Barrabás' precisamente en ese lapso. Ochenta personas, entre el reparto y el equipo, se trasladaron a Roccastrada, un pueblo en la Toscana; esta decisión se tomó apenas cuarenta y ocho horas antes, sin ningún precedente cinematográfico al que recurrir. El director de fotografía, Aldo Tonti, retiró los filtros de las cámaras y abrió el diafragma al máximo, confiando en que el celuloide reaccionaría a una luz que nunca antes se había fotografiado de esa manera. El resultado fue exitoso.

Existe discrepancia sobre el número de cámaras utilizadas: algunas fuentes documentan tres (teleobjetivo, plano medio y panorámica), mientras que reportajes recientes elevan la cifra a más de cuarenta, distribuidas en distintas exposiciones. Tampoco hay consenso sobre la localización exacta: la mayoría menciona Roccastrada, Toscana, aunque algunas reseñas anglosajonas hablan de Niza. Considerando la posición del astro, la primera ubicación no encaja completamente. La secuencia aparece como colofón en la escena del calvario de Cristo, aproximadamente entre los minutos 15 y 17. Richard Fleischer tuvo una única oportunidad y ninguna referencia previa. Sin embargo, el resto del rodaje de esta superproducción de 1961 no fue menos extraordinario: un actor perdió su papel tras un apretón de manos, otra actriz fue contratada solo para engañar a la prensa, y entre los extras se encontraba una futura víctima de Charles Manson. Incluso circuló el rumor de que Fellini estuvo cerca de dirigirla.

De Laurentiis había cerrado un acuerdo con Columbia para un paquete de cuatro películas por 17 millones de dólares, y a 'Barrabás' le correspondieron 10 millones, justo en un momento en que Roma se estaba convirtiendo en la 'Hollywood barata' de la posguerra. El productor persiguió a Yul Brynner para el papel protagonista; Brynner y Fleischer sellaron el acuerdo con un apretón de manos. Pero el actor, conocido por Ramsés II en ‘Los diez mandamientos’ (1956) o Chris Adams en ‘Los siete magníficos’ (1960), no era económico. De Laurentiis finalmente lo descartó porque no le gustaba. Previamente, había contratado a Jeanne Moreau solo para pruebas de vestuario, sabiendo que nunca la ficharía —su esposa, Silvana Mangano, ya tenía el papel—: treinta periodistas cubrieron el evento. Anthony Quinn fue reclutado de Broadway, donde protagonizaba ‘Becket’ junto a Laurence Olivier, la adaptación de T.S. Eliot estrenada el 5 de octubre de 1960 en el St. James Theatre. De Laurentiis pagó 37.500 dólares de compensación y le garantizó semanas libres para rodar ‘Lawrence de Arabia’ en paralelo. El Hollywood de la época dorada producía unas 200 películas al año, y mantener ese ritmo requería gran dinamismo.

El estudio de De Laurentiis era entonces un 'tugurio industrial' con tres platós en ruinas, muy diferente de lo que construiría dos décadas después en Wilmington, Carolina del Norte. Así que el productor compró cientos de hectáreas de terreno baldío y, junto al diseñador Mario Chiari, levantó un centenar de edificios simplemente señalando con el dedo. El anfiteatro de Verona sirvió como Coliseo para la secuencia de gladiadores: un récord para la época, con 9.115 extras uniformados que llegaron en 75 autobuses desde los pueblos cercanos. Entre ellos, una joven de dieciocho años, hija de un militar estadounidense destinado en Vicenza, llamó la atención el segundo día de rodaje: se llamaba Sharon Tate, una presencia confirmada por varias fuentes independientes. Durante el mismo rodaje, Anthony Quinn conoció a Jolanda Addolori, figurinista del equipo; tuvieron dos hijos antes de casarse en 1966. La escena de las minas de azufre se filmó en la cima del Etna con 500 extras; alguien olvidó el carbón necesario para remachar las cadenas de los esclavos y hubo que bajar la montaña y volver a subir, mientras el cielo, ennegrecido por una tormenta, coincidía casualmente con la ceniza volcánica del suelo. El incendio de Roma se rodó en una sola noche, en una sola toma, quemando de verdad los decorados construidos.

El guion también fue un proceso complejo, con la participación de Diego Fabbri, Ivo Perilli, Cristopher Fry y finalmente Nigel Balchin. Y eso que partían de un material preexistente: Pär Lagerkvist estrenó su novela en Suecia el 6 de septiembre de 1950, y solo en los primeros cuatro meses se imprimieron 47.000 ejemplares. Para diciembre de 1950 ya había alcanzado la octava impresión y se anunciaba la tirada número 50.000. Sumando ediciones económicas, colecciones, clubes de lectura y libros de bolsillo, superó los 300.000 ejemplares a principios del siglo XXI. También fue un éxito internacional y con el tiempo llegó a circular en unas treinta lenguas. No en vano, le dio visibilidad y acabó por ganar el Nobel al año siguiente. Sin embargo, la película no obtuvo ningún premio importante. Los Oscars de 1962, en su 35.ª edición, premiaron a 'Lawrence de Arabia', a Gregory Peck por 'Matar a un Ruiseñor' y al guionista Ennio de Concini por 'Divorcio a la italiana'.

A pesar del presupuesto (Variety tituló sobre su desbordamiento), el rodaje no sufrió sobrecostes. El estreno, sin embargo, fue errático: triunfó en Italia a finales de 1961, hubo una espera de medio año hasta Londres, y Estados Unidos no la vio hasta octubre de 1962, precedidos además por Toronto. A pesar del despliegue publicitario de Columbia, que incluyó una carroza de doce metros paseando por Los Ángeles ante 1,2 millones de personas, la recaudación estadounidense apenas rozó los 3 millones de dólares, ubicándose en el puesto 35 del año. Quizás faltaron nazarenos. La partitura de Mario Nascimbene, bajo la dirección de orquesta de Franco Ferrara y con manipulaciones de cinta que él denominaba “nuevos sonidos”, fue un éxito. Nascimbene ya había trabajado con Fleischer en ‘Los Vikingos’ (1958) y su relación era excelente. El momento del eclipse presenta un arreglo del canto gregoriano ‘Kyrie eleison’ que resulta conmovedor. Además, utilizó una consola, Mixerama, y sintetizadores de invención propia, un precursor del sampler moderno. La consola empleaba 12 cintas de casete estéreo, lo que permitía 24 sonidos en mono. Acumuló más de 1.000 cintas en su estudio, grabando todos los sonidos posibles de una orquesta, “desde el flautín hasta el contrabajo. [...] Cuando tuve todos los sonidos por separado, grabé los registros agudos y graves de cada nota y luego los grabé juntos”. Tanto su obra como la fotografía de Tonti recibieron nominaciones a los Nastro d'Argento, pero no más reconocimientos. Hoy, ‘Barrabás’ es considerada una de las 100 películas bíblicas más importantes de la historia, al menos según el libro de Mathew Page y el BFI. No en vano, y siguiendo con la tradición, Barrabás fue el criminal indultado por Poncio Pilatos en lugar de Jesucristo. Su libertad significó la crucifixión del nazareno y esto lo atormentó durante toda una vida de penurias, desde esclavo en las minas de plata hasta ser gladiador en Roma y ganarse así su lugar como hombre libre.