Linus Torvalds, creador del kernel Linux, ha evolucionado su rol de programador a gestor de proyectos, enfocándose en la coordinación y la revisión de código más que en la escritura. A 35 años de la creación de Linux, Torvalds se define como un jefe de proyecto, delegando la programación activa y utilizando herramientas básicas como Git y el correo electrónico. Este cambio de enfoque ha sido beneficioso para la estabilidad y el desarrollo continuo del proyecto, permitiéndole abordar desafíos humanos y aprovechar el potencial de la inteligencia artificial en la detección de errores.
Linus Torvalds, quien creó el kernel Linux en 1991, ha manifestado que 35 años después ya no se considera un programador que escribe código. Durante el Open Source Summit India 2026, explicó que apenas lee el código del proyecto de código abierto y que actualmente se ve más como un jefe de proyecto. Uno de los programadores más legendarios de la historia ha dejado esa labor, lo cual es probablemente lo mejor que le podía pasar al proyecto.
Torvalds explica en ese encuentro que sigue escribiendo pequeños parches, pero no los integra directamente en el código; son solo sugerencias sin probar que los mantenedores (responsables de gestionar distintas partes del kernel) pueden revisar, corregir y preparar para su integración en el proyecto. El creador de Linux sigue dirigiendo el proyecto y siendo su máximo responsable, pero su actividad de programación es mínima.
Su trabajo es entender el código, no escribirlo. Torvalds comenta también que cuando recibe una petición de integración de código (pull request), necesita tener una visión general perfecta de lo que se pretende lograr con esos cambios. Su labor se centra en leer las explicaciones de esos cambios y por qué se sugieren. Solo "baja" a nivel de código cuando algo le llama la atención, como un fallo de compilación o alguna modificación sospechosa.
"Git y el correo electrónico son las dos únicas herramientas que realmente uso", explicó Torvalds, aunque también utiliza el buscador de Google para documentarse y buscar información. Resulta sorprendente y casi anacrónico que ese sea su catálogo de herramientas en una industria inundada de entornos de desarrollo, plataformas colaborativas y asistentes de IA. Hay mantenedores que sí usan, por ejemplo, herramientas de IA para revisar parches, pero él prefiere mantenerse en una capa más alta porque su labor fundamental, explica, es trabajar con personas, no con herramientas.
El célebre creador del kernel Linux explica que los errores de código son relativamente fáciles de resolver. Lo que realmente le estresa son los conflictos entre las personas, y es normal. Un proyecto con miles de colaboradores y responsables repartidos por todo el mundo depende en gran medida de la confianza que tienen unos en otros y de su correcta coordinación. Él mismo admitía que en el pasado había contribuido a algunos problemas personales con los desarrolladores, y explicaba que ha trabajado para cambiar su forma de relacionarse con la comunidad de desarrolladores.
La llegada de los modelos de IA se ha notado especialmente en el ámbito de la programación, y Linus Torvalds ha entendido que esta tecnología tenía una gran oportunidad en el desarrollo del kernel Linux. Explica cómo la IA ya ha detectado errores interesantes, incluidos algunos que se deberían haber detectado hace décadas. Sin embargo, también recuerda que hasta comienzos de 2026 la IA había generado más "basura" que código útil, especialmente informes de fallos que eran falsos positivos. Para él, la IA comienza a aportar más productividad de la que destruye, pero sigue dejando claro que detrás de la IA siempre tiene que haber una persona que entienda el código generado por la IA para participar en el proceso y supervisarlo.
Linux ha crecido de tal forma que su creador ya no necesita ser quien más código escribe ni quien mejor conoce cada subsistema. Esa evolución en sus responsabilidades es probablemente lo mejor que podía pasarle a un proyecto que ha conquistado al mundo. El valor de la labor actual de Torvalds radica en mantener el criterio técnico, en coordinar su red de colaboradores y mantenedores, y en detectar qué encaja y qué no en un Linux que está más vivo que nunca.