Un estudio reciente publicado en PNAS en 2025 sugiere que la práctica de la momificación artificial se originó hace hasta 12.000 años en el sur de China y el Sudeste Asiático. Este hallazgo desplaza significativamente la cronología y geografía conocidas de esta tradición, superando a las culturas Chinchorro y egipcia. Los restos de cazadores-recolectores, preservados mediante humo, reescriben la historia de cómo y cuándo la humanidad comenzó a honrar a sus muertos de esta manera.
La imagen convencional de una momia evoca Egipto o, en una perspectiva más remota, las costas desérticas de Chile y Perú. Sin embargo, una investigación publicada en PNAS en 2025 ha reubicado el origen de esta práctica miles de kilómetros y milenios atrás. Restos hallados en el sur de China y diversas zonas del Sudeste Asiático indican que comunidades de cazadores-recolectores ya preservaban a sus difuntos utilizando humo hace aproximadamente 12.000 años.
Las momias más antiguas se encontraban en lugares insospechados. Durante mucho tiempo, el récord lo ostentaron los Chinchorro, una cultura de las actuales costas de Chile y Perú que momificaba deliberadamente a sus muertos hace unos 7.000 años, mucho antes de que los egipcios desarrollaran sus famosas técnicas de embalsamamiento. El estudio más reciente modifica drásticamente esa frontera. Los investigadores han encontrado evidencia de momificación artificial en entierros asiáticos que datan de hace unos 12.000 años, aproximadamente 5.000 años antes que los ejemplos sudamericanos que tradicionalmente marcaban el inicio de esta historia.
La clave: 54 tumbas diseminadas por gran parte de Asia. El equipo analizó 54 enterramientos de 11 yacimientos pre-neolíticos en una vasta región que incluye el sur de China, Vietnam, Filipinas, Laos, Tailandia, Malasia e Indonesia. Muchos de los esqueletos compartían una característica: habían sido sepultados en posiciones extremadamente flexionadas, agachados o prácticamente en cuclillas, y algunos mostraban decoloraciones y marcas provocadas por el calor.
Las sepulturas tienen una antigüedad de entre 4.000 y 12.000 años, lo que sugiere que esta particular forma de tratar a los muertos no fue un evento aislado, sino una costumbre extendida durante milenios. Parecían cuerpos quemados, pero sin evidencia de fuego. La explicación más obvia para esas marcas habría sido una cremación, excepto por un detalle: los arqueólogos no hallaron en las sepulturas las señales de hogueras que deberían acompañarla. Mediante difracción de rayos X y espectroscopia infrarroja, analizaron las modificaciones en los huesos y descubrieron indicios compatibles con una exposición prolongada al calor en un ambiente con poco oxígeno y abundante humo.
¿Entonces? Su hipótesis es que los cadáveres fueron atados en esas posiciones flexionadas y colocados sobre o cerca de una hoguera para deshidratarlos lentamente antes de enterrarlos, conservando por más tiempo tanto los huesos como los tejidos blandos. No se asemejan a las momias tradicionales. En esas tumbas ya no quedan cuerpos con piel, cabello o tejidos conservados como ocurre con muchas momias egipcias; lo que ha llegado hasta nosotros son principalmente esqueletos. El ahumado pudo haber mantenido los cadáveres reconocibles durante décadas o incluso siglos, pero el clima cálido y húmedo del Sudeste Asiático acabó destruyendo los tejidos blandos.
La momificación pervivió únicamente en las señales microscópicas y químicas grabadas en los huesos, por lo que identificarla ha requerido ir más allá de la definición visual de lo que usualmente se entiende por una momia. Un esqueleto fuertemente plegado fue encontrado en Guangxi, China. Este descubrimiento ha adelantado el reloj unos 5.000 años. Hasta ahora, y como se mencionó, los Chinchorro eran la principal referencia para rastrear los orígenes de la momificación deliberada: hace aproximadamente 7.000 años extraían órganos, reconstruían los cadáveres con fibras y otros materiales, y aprovechaban las condiciones extremadamente secas de la costa sudamericana para conservarlos. Egipto llegó bastante después, con sus primeras grandes tradiciones de momificación hace unos 4.500 años.
Si la interpretación del último estudio es correcta, la humanidad llevaba preservando deliberadamente a sus muertos mediante humo hasta cinco milenios antes de los propios Chinchorro, lo que obliga a reubicar tanto la fecha como el lugar donde comienza la historia conocida de esta práctica. Quizás aquellas momias estaban hechas para viajar. Aún queda una pregunta más intrigante: por qué esos cazadores-recolectores se tomaban la molestia de secar lentamente sus cadáveres. Peter Bellwood, coautor del estudio y arqueólogo emérito de la Australian National University, sugiere que algunos eran grupos nómadas y que atar y preservar los cuerpos pudo haberles permitido transportar a sus muertos durante sus desplazamientos.
Los investigadores creen, además, que el proceso debió tener un profundo significado espiritual: conservar físicamente a los fallecidos permitía mantenerlos durante más tiempo entre los vivos y prolongar el vínculo con los antepasados. 12.000 años después, la técnica sigue viva. No solo eso. La hipótesis adquiere una dimensión aún más notable porque el ahumado de cadáveres no desapareció por completo de esta parte del mundo. Algunas comunidades indígenas de Nueva Guinea y Australia continúan utilizando técnicas similares, y los investigadores visitaron en 2019 a los Dani de Papúa, en Indonesia, donde observaron cómo los cuerpos eran atados y ahumados hasta quedar completamente desecados y ennegrecidos.
Esto llevó al equipo a plantear la posibilidad de una continuidad cultural extraordinariamente larga, aunque especialistas externos advierten que algunas dataciones necesitan mayor solidez y que no todas las alteraciones térmicas demuestran necesariamente que un cadáver fuera momificado. El hallazgo, por lo tanto, aún admite discusión, aunque ha logrado algo difícil de ignorar: para buscar las primeras momias conocidas del planeta ya no basta con mirar a Egipto o los Andes, hay que retroceder hasta 12.000 años apuntando al Sudeste Asiático.