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Mié, Oct

La historia del gamo europeo en Argentina: de ornamento a especie invasora

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En las laderas del Parque Provincial Ernesto Tornquist, en Buenos Aires, habitan gamos de pelaje rojizo que no son nativos del continente americano. Su presencia se remonta a 1905, cuando un empresario los introdujo con fines paisajísticos. Lo que comenzó como una iniciativa decorativa evolucionó hasta convertir a esta especie en un elemento clave para el estudio de los ecosistemas, al tiempo que plantea desafíos ambientales significativos.

En las laderas del Parque Provincial Ernesto Tornquist, al sur de la provincia de Buenos Aires, se observan gamos de pelaje rojizo y motas blancas, con astas palmeadas que pueden alcanzar hasta 70 centímetros de largo. Estos animales no son autóctonos del continente americano; fueron introducidos con la intención de 'decorar' terrenos. Lo que sucedió después es una de las situaciones más peculiares en la historia de los cérvidos a nivel mundial.

Según la ficha de referencia del CONICET, todo comenzó con Ernesto Tornquist. En 1905, este empresario argentino trajo gamos de España y Polonia, liberándolos en su propiedad al pie de la Sierra de la Ventana. Desde allí, los animales se dispersaron rápidamente a numerosos lugares. Aunque inicialmente el proyecto tenía una función casi paisajística, pronto cotos de caza de todo el país solicitaron ejemplares, y la situación se descontroló. Las fechas varían, pero está claro que para la década de 1930 ya se estaban liberando en cotos de caza en el centro de Argentina.

La palabra "descontroló" parece ser la más precisa. De hecho, desde 2021, el gamo figura en la lista oficial de especies exóticas invasoras de Argentina, en la categoría de "uso controlado". Esto significa que su caza y cría están permitidas, pero bajo supervisión. Actualmente, vive en libertad en tres provincias: Buenos Aires, Neuquén y Río Negro. Si bien solo es realmente abundante en la isla Victoria y la península Huemul, es precisamente en estas áreas donde se ha podido medir su impacto real en los ecosistemas.

Ya se sabía que, en la isla Victoria, los cérvidos habían casi erradicado el maqui a finales de los años ochenta. Lo que ahora se sabe es que sus hábitos alimenticios (ramonean de forma selectiva el ciprés de la cordillera y otras leñosas nativas) facilitan la invasión de otras especies, como los pinos. Aún a pequeña escala, está alterando (sustituyendo especies nativas por especies europeas) el ecosistema progresivamente.

Este animal está acostumbrado a sobrevivir y a "conquistar" o "reconquistar" nuevos ecosistemas. En febrero de 2024, un equipo de 45 investigadores publicó en PNAS un estudio sobre los 10.000 años de historia del gamo europeo, cuyas conclusiones fueron claras: tras las glaciaciones, solo quedaron especies de corzos, ciervos o gamos en áreas como Anatolia y los Balcanes. De hecho, se cree que todos estos animales regresaron a la península Ibérica gracias a los romanos.

Esto es algo común. La distinción entre "nativo" e "invasor" es más sutil de lo que parece. Los gamos llegaron a Barbuda alrededor de 1700 y se han convertido en su animal nacional. El gamo argentino sigue siendo un invasor, pero nadie sabe por cuánto tiempo. Y conociendo las consecuencias que tiene en el medio ambiente, es crucial plantearse qué hacer al respecto más pronto que tarde.