Apple ha lanzado su primer MacBook Pro con pantalla táctil, marcando un giro significativo en su filosofía de diseño y funcionalidad. Este movimiento contradice la visión previa de la compañía sobre la distinción entre iPad y Mac, y reinterpreta la trayectoria de la convergencia tecnológica. La decisión responde a la evolución de las expectativas del usuario, especialmente entre las nuevas generaciones familiarizadas con interfaces táctiles.
En noviembre de 2017, Apple lanzó un memorable anuncio que mostraba a una niña usando un iPad Pro para diversas actividades diarias, desde tareas escolares hasta chatear y dibujar. Al final del anuncio, cuando una vecina le preguntaba qué hacía con su ordenador, la niña respondía con otra pregunta: “¿Qué es un ordenador?”. Este anuncio no era una simple campaña publicitaria, sino la manifestación de una tesis empresarial. Dos años antes, en una entrevista con The Telegraph, Tim Cook ya había cuestionado por qué alguien seguiría comprando un PC. Apple estaba convencida de que el futuro de la computación residía en una pantalla táctil, y que ese futuro se llamaba iPad.
Ayer, Apple presentó en Los Ángeles su primer MacBook Pro con pantalla táctil. Gran parte de la discusión posterior se ha centrado en Steve Jobs y su keynote de 2010, donde afirmó que un portátil táctil era ergonómicamente inviable. Si bien esta es una contradicción notable, no es la más relevante. La contradicción verdaderamente significativa no es con Jobs, sino con la propia estrategia de Apple de la última década. Durante este tiempo, la compañía defendió que no fusionaría el iPad y el Mac porque ambos cumplían funciones distintas: el Mac era el ordenador con teclado y trackpad, mientras que el iPad era el dispositivo táctil. La apuesta de Apple era que, con el tiempo, el segundo suplantaría al primero.
Esto no ha sucedido. De hecho, Apple ha resuelto la cuestión de si el iPad podía reemplazar al portátil de la manera más inesperada: dotando al portátil de la única característica que el iPad poseía en exclusiva. Cada innovación importante del iPad Pro ha incorporado algo que el Mac ya tenía: el teclado en 2015, el cursor en 2020, un chip de la serie M en 2021, las ventanas en 2022 y la barra de menús en 2025. La convergencia se movía en una sola dirección. Al iPad le quedaban dos características exclusivas: la pantalla táctil y el Apple Pencil. Ahora solo conserva la segunda.
El Pencil requiere una superficie horizontal para apoyar la mano, lo que probablemente explica por qué Apple no lo ha integrado en el Mac. Greg Joswiak lo explicó en Wired: casi todos los profesionales utilizan un iPad, y los creadores jóvenes, que han crecido rodeados de pantallas táctiles, esperan poder interactuar directamente con la pantalla de su MacBook Pro. El iPad ha sido fundamental en la educación de millones de personas en el uso táctil, y ese hábito es ahora aprovechado por el producto al que originalmente pretendía sustituir.
Por otro lado, la presión del iPhone Duo también se hace sentir: con 7,6 pulgadas desplegado, multitarea heredada de iPadOS y compatibilidad con el Pencil. Aunque su precio de 2.339 euros no amenaza directamente al iPad de entrada, la combinación de un iPhone 18 Pro Max (1.619 euros) y el nuevo iPad mini (749 euros) suma 2.368 euros. Para quienes compraban ambos, el dispositivo plegable ofrece las mismas funciones por un precio similar y la comodidad de un solo dispositivo.
Nada de esto pone en peligro la existencia del iPad. Entre enero y marzo, más de la mitad de sus compradores eran nuevos. Lo que se pierde es la promesa original. Si se busca un ordenador con pantalla táctil, Apple ahora ofrece uno que también se llama Mac. La niña del anuncio, que tenía doce años entonces, ahora tiene veintiuno. Es la generación a la que se refiere Joswiak. El iPad la familiarizó con la interacción táctil, pero ahora que alcanza la edad laboral, Apple no le ofrece un iPad mejor, sino un Mac que permite la interacción táctil. La niña del anuncio ya tiene su respuesta. Y no es el iPad.