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Jue, Oct

El mito de la artritis y el crujido de nudillos: La ciencia desmiente la creencia popular

Tecnologia
La creencia de que crujirse los nudillos causa artritis es un mito extendido. Un médico dedicó 50 años a un autoexperimento para desmentirlo, y estudios posteriores con miles de participantes han respaldado consistentemente que no existe ninguna correlación entre esta práctica y el desarrollo de la enfermedad articular. La ciencia explica el sonido característico como un fenómeno de cavitación en el líquido sinovial.

Es bastante común que, cuando una persona comienza a crujirse los nudillos, aparezca alguien que apunte a que hacer eso es malísimo para los huesos, puesto que puede acelerar la aparición de artritis. Pero esta típica frase de madre o abuelo tiene bastante de mito detrás, como demostró un médico que estuvo crujiéndose los nudillos durante muchos años para ver el efecto que tenía.

Un médico alergólogo llamado Donald L. Unger estaba harto de escuchar estas advertencias durante su infancia y es por ello que optó por convertir su cuerpo en un laboratorio a largo plazo. Para ello, durante décadas Unger se crujió religiosamente los nudillos de su mano izquierda al menos dos veces al día, dejando la mano derecha completamente intacta como control.

Una vez hecho esto, fue en 1998, tras 50 años de experimento, cuando publicó una carta al editor en la revista Arthritis & Rheumatism. Su conclusión aquí fue rotunda, puesto que, tras comparar ambas manos, no había rastro de artritis en ninguna de las dos y no existían diferencias radiográficas entre ellas.

Más allá de este caso que puede ser tan cómico, hay otros grandes estudios que buscan entender si una práctica que es tan habitual puede ser tan perjudicial para nuestra salud. Por ejemplo, en el año 1975, un estudio analizó a pacientes geriátricos y no encontró ninguna correlación entre el hábito de crujirse los dedos y los cambios degenerativos en las articulaciones. Pero el que tenía un mayor respaldo detrás es mucho más reciente, del año 2011. En este año se hizo un estudio de caso-control con 215 personas (de entre 50 y 89 años) evaluadas mediante radiografías y los resultados fueron un clavo en el ataúd del mito. Lo que se vio es que la prevalencia de artrosis fue del 18,1% en los que se crujían los nudillos y del 21,5% en los que no, por lo que estadísticamente no había asociación alguna, ni siquiera teniendo en cuenta los años acumulados de hábito.

Un estudio de 2017 utilizó ecografías y examinadores "ciegos" (que no sabían qué paciente tenía el hábito de crujirse y cuál no) en 400 articulaciones. Aquí en los resultados no encontraron diferencias en la función, la laxitud de los ligamentos ni la fuerza de agarre, y de hecho, notaron que justo después del crujido aumentaba ligeramente el rango de movimiento.

El sonido del 'crack' puede parecer que son los huesos que están rozándose, pero en realidad esto no ocurre de esta manera, ya que el responsable del sonido está en los líquidos. Para demostrarlo, los científicos introdujeron a voluntarios en una máquina de resonancia magnética que grababa en tiempo real lo que ocurría en los tejidos blandos. Aquí descubrieron que el sonido coincide con un fenómeno llamado tribonucleación.

Este proceso ocurre cuando se separan las superficies de la articulación puesto que cae la presión en el líquido sinovial que las está rodeando, provocando la formación repentina de una cavidad de gas. De esta manera, el sonido se produce al caerse la burbuja y no al estallar.