Telefónica ha finalizado la venta de su histórica sede en Gran Vía 28, Madrid, al promotor Tomás Olivo por cerca de 200 millones de euros. Esta operación, que podría concretarse en agosto, marca un cambio estratégico para la compañía al desprenderse de un activo emblemático. El acuerdo incluye una cláusula que podría incrementar el precio final si se autoriza un cambio de uso del inmueble por parte del Ayuntamiento de Madrid.
Telefónica ha acordado la venta de su antigua sede en Madrid, el reconocido edificio de Gran Vía 28, al promotor cartagenero Tomás Olivo por alrededor de 200 millones de euros, según ha informado Economía Digital. Se espera que la operación se formalice en agosto.
La panorámica. El edificio, diseñado por Ignacio de Cárdenas e inaugurado en 1929, que cuenta con la máxima protección patrimonial de Madrid, dejará de ser propiedad de la empresa que le dio nombre.
Telefónica ha optado por no esperar una posible recalificación urbanística que habría elevado su valor, prefiriendo cerrar el trato con Olivo, quien es el segundo mayor accionista de Unicaja y propietario de centros comerciales como La Cañada y Nevada Shopping.
En detalle. El acuerdo contempla una cláusula que beneficia a ambas partes dependiendo de la evolución del expediente municipal:
Si el Ayuntamiento de Madrid aprueba un cambio en el uso del inmueble (de dotacional a residencial, comercial u hotelero), el precio final podría aumentar entre 40 y 50 millones de euros adicionales, a modo de prima para Telefónica.
En caso de que dicha recalificación no se concrete, Olivo adquirirá un activo histórico que, según el actual Plan General de Ordenación Urbana, solo puede destinarse a fines culturales o educativos.
El riesgo regulatorio, antes asumido por Telefónica, ahora recae en el comprador.
Por qué es importante. Esta venta confirma la estrategia de Marc Murtra desde que asumió la presidencia en enero de 2025: desinvertir en activos que no contribuyen directamente al negocio principal de telecomunicaciones, sin importar su valor simbólico.
Previamente a la venta del edificio de Gran Vía 28, Telefónica ya había enajenado sus filiales en gran parte de Hispanoamérica: Argentina, Perú, México, Chile, Ecuador y Colombia, quedando solo Venezuela pendiente. Se prevé que esta última operación se resuelva antes de que finalice el año.
El contexto. La venta de este edificio histórico no es un hecho aislado. Hace pocas semanas, Murtra puso en alquiler más de 40.000 metros cuadrados de la sede central de Las Tablas, espacios que quedaron vacíos tras sucesivos expedientes de regulación de empleo y planes de bajas voluntarias que han reducido la plantilla.
José María Álvarez-Pallete, su predecesor, había evitado desprenderse de ambos edificios debido a su significado simbólico, a pesar de las críticas internas por el exceso de teletrabajo y la consecuente subutilización del espacio.
Sí, pero. La venta de oficinas y filiales disminuye la deuda y genera liquidez, pero no aborda por sí misma el problema fundamental de Telefónica: una empresa de telecomunicaciones que compite en un sector donde el valor se ha desplazado hacia el control del software y los datos, en lugar de la infraestructura de cables y antenas. Aligerar el balance puede otorgar tiempo, pero no asegura la diferenciación.
El contraste. Tomás Olivo, con un patrimonio inmobiliario que supera los 3.000 millones de euros y una fortuna personal estimada en 4.600 millones, invierte en un activo cuyas posibilidades de uso están casi completamente restringidas por la normativa urbanística.
Su perfil inversor, caracterizado por la adquisición de centros comerciales en Murcia, Almería o Canarias, sugiere una estrategia de paciencia en sus movimientos: el verdadero potencial de negocio del edificio de Gran Vía 28 dependerá de una decisión que, tarde o temprano, deberá tomar el Ayuntamiento de Madrid.