Un robot de reparto autónomo de Bolt causó un accidente en Tallin al cruzar un semáforo en rojo, resultando en nueve pasajeros de autobús heridos. Este incidente ha puesto de manifiesto un vacío legal significativo en Europa respecto a la responsabilidad cuando las máquinas autónomas son las causantes de siniestros. Las autoridades estonias han iniciado una investigación, mientras el continente se enfrenta a la urgente necesidad de adaptar su marco jurídico a la creciente presencia de estos vehículos.
Eran casi las seis de la tarde en una transitada avenida del centro de Tallin, por la que circulaba un autobús urbano repleto de pasajeros. Repentinamente, un objeto interrumpió su trayectoria, obligando al conductor a realizar un frenazo brusco que provocó la caída de varios pasajeros que viajaban de pie. El causante del incidente continuó su recorrido sin detenerse ni mirar atrás.
El responsable de este suceso carece de licencia de conducir y de identificación oficial: se trata de un robot de reparto autónomo que cruzó la calle con el semáforo en rojo, generando el accidente. Actualmente, la policía de Estonia investiga el caso, y Europa se enfrenta a una interrogante para la cual aún no posee una respuesta clara: ¿quién asume la responsabilidad cuando el origen de un accidente es una máquina autónoma?
Según la información proporcionada por la empresa municipal de transporte TLT, el lunes 26 de octubre, un robot de reparto autónomo de Bolt llegó a un paso de peatones y, sin dudarlo, cruzó la vía con el semáforo en rojo. El conductor de un autobús que circulaba correctamente con el semáforo en verde se vio forzado a frenar abruptamente. Como consecuencia, varios pasajeros que viajaban de pie cayeron, y hasta nueve personas resultaron heridas a causa de la caída. El video del autobús registra el impacto y cómo el robot es desplazado por la calzada para luego continuar su camino como si nada hubiera ocurrido.
Andrei Novikov, directivo de TLT, declaró al medio local ERR que "el robot se dio a la fuga, por así decirlo". Un portavoz añadió que abandonar el lugar sin cumplir con la ley "puede constituir un delito".
Pepe Aaviksoo, jefe de operaciones de Starship, la empresa desarrolladora de estos robots, explicó que era de noche y que, detrás del semáforo, había un anuncio luminoso que dificultó el reconocimiento de la luz del paso de peatones. Adicionalmente, las luces del semáforo para peatones y las de los vehículos estaban en la misma línea de visión. El responsable reconoció una falla en la sensibilidad a la luz del robot. "Hay muchas lecciones que aprender, pero las situaciones excepcionales ocurren", recogió ERR News.
Sin embargo, Starship niega la fuga. Según Aaviksoo, el robot esperó aproximadamente 10 minutos en las inmediaciones del incidente y notificó a su equipo de soporte para que lo retiraran de la carretera. Para él, "la situación era clara, como lo demuestra el hecho de que el autobús abandonó el lugar". Afirma que sus empleados no vieron ni a la policía ni a los servicios sanitarios.
Esta situación, que por ahora es poco más que anecdótica, plantea un nuevo desafío para la normativa europea, justo cuando sus calles comienzan a llenarse de coches autónomos y otros vehículos de reparto: ¿quién paga cuando no hay conductor?
En lo que respecta a la responsabilidad civil, la UE cuenta con la nueva directiva de productos defectuosos, que considera el software y la inteligencia artificial como productos. No obstante, esta legislación solo se aplicará a los productos comercializados a partir del 9 de diciembre de 2026, por lo que los robots autónomos que ya circulan por Tallin y otras ciudades europeas siguen bajo la norma de 1985. La Comisión retiró la directiva de responsabilidad por daños causados por la IA, una normativa que podría haber abarcado los perjuicios ocasionados por estos sistemas de conducción autónoma. El eurodiputado Axel Voss, quien la tutelaba, calificó la decisión como un "error estratégico" a Euronews.
Afortunadamente, el incidente en Estonia no tuvo mayores consecuencias para los pasajeros. Pero de haberlas tenido, la vía penal es otro terreno. La UE solo puede establecer reglas mínimas para delitos graves de una lista específica, por lo que abandonar el lugar de un siniestro se sanciona según la legislación de cada país.
Desde 2017, la ley de tráfico de Estonia incluye a los robots de reparto autónomo y trata a su poseedor como a un conductor. Es decir, si el robot pertenece a una plataforma de reparto de última milla, como Bolt, a efectos legales sería responsabilidad de la compañía, y esta debe contar con un seguro de responsabilidad para cubrir los daños que puedan derivarse de un accidente. Si la propia empresa fabricante es la propietaria y lo ofrece como un servicio a las plataformas (similar a un renting), entonces esa responsabilidad recaería sobre el fabricante.
El caso del accidente de Tallin ocurre en un momento en que cada vez hay más servicios de entrega autónoma a domicilio, y justo cuando se están aprobando las primeras pruebas de conducción autónoma en ciudades como Madrid. Starship anunció en junio más de 10 millones de entregas y más de 3.000 robots en 300 ubicaciones de ocho países. Uber Eats, que ya los utiliza en Leeds, prevé incorporarlos en más países europeos en 2026. En España, Zaragoza estrenó los suyos en 2022 con Goggo Network. Su consejera de Movilidad, Natalia Chueca, afirmó que no era necesario modificar las normas porque los robots "no son vehículos". En Estonia, la ley sí los considera como tales y deben asumir las mismas responsabilidades que cualquier conductor cuando se saltan los semáforos en rojo.