Una investigación finlandesa sugiere que los bebés en hogares con perros podrían experimentar menos infecciones respiratorias, episodios febriles y menor necesidad de antibióticos durante su primer año. Este efecto podría estar relacionado con ciertos microorganismos presentes en el polvo doméstico, que parecen influir positivamente en la salud infantil.
Los infantes que se desarrollan en casas donde habitan perros podrían manifestar menos padecimientos respiratorios, cuadros de fiebre y menor consumo de antibióticos durante sus primeros doce meses de vida. Parte de esta conexión podría ser atribuida a ciertos microbios encontrados en el polvo del hogar, de acuerdo con una investigación realizada en Finlandia.
El estudio, publicado en la revista científica Pediatric Allergy and Immunology, examinó a 368 niños finlandeses desde el periodo de gestación hasta aproximadamente su primer año de existencia. Los progenitores documentaron semanalmente datos sobre fiebre, infecciones de oído, utilización de antibióticos y la presencia de perros entre las semanas nueve y 52 posteriores al nacimiento.
El equipo, liderado por la científica Jenni M. Mäki, también analizó muestras de polvo recolectadas de los domicilios cuando los bebés contaban con dos meses de edad. Los investigadores buscaron la existencia de doce tipos de bacterias y dos de hongos vinculados a los perros, además de evaluar la cantidad y variedad de microorganismos presentes.
Los hallazgos revelaron que ocho de estos grupos microbianos explicaron de forma individual entre el 10% y el 23% de la correlación entre la convivencia con perros y la obtención de resultados más favorables en al menos uno de los marcadores de salud estudiados.
Uno de los descubrimientos más sobresalientes se vinculó con Pasteurella, un género de bacterias habitualmente asociado con los animales. Su detección en el polvo doméstico mostró una fuerte correspondencia con un número reducido de semanas con fiebre entre los infantes examinados. La bacteria Collinsella también exhibió una correlación positiva con los indicadores evaluados, incluyendo más semanas saludables, menos fiebre, menor uso de antibióticos y menos episodios de otitis.
Adicionalmente, tres géneros bacterianos interrelacionados, Collinsella, Ruminococcus candidate group y Sutterella, explicaron en conjunto cerca del 25% de la disminución asociada al uso de antibióticos entre los niños que vivían con perros.
No obstante, los investigadores notaron que no era la cantidad total ni la diversidad de microorganismos presentes en las viviendas lo que parecía justificar el efecto, sino la presencia de géneros bacterianos y fúngicos específicos relacionados con los perros.
Los autores señalan que los resultados no confirman que la posesión de un perro provoque directamente una mejor salud respiratoria en los bebés. La investigación es de tipo observacional, por lo que solo permite identificar asociaciones entre la convivencia con estos animales, determinados microorganismos del hogar y la frecuencia de algunos problemas de salud.
Entre las limitaciones se encuentra que se tomó una única muestra de polvo por vivienda, no se analizaron los virus presentes en los hogares ni se examinaron directamente microorganismos de las vías respiratorias de los niños.
Los investigadores concluyeron que ciertos microorganismos asociados con los perros podrían explicar parcialmente la relación previamente observada entre la convivencia con estos animales y una menor incidencia de infecciones respiratorias durante el primer año de vida, aunque consideran que son necesarios nuevos estudios para confirmar el mecanismo y determinar si el posible efecto se mantiene después de esa etapa.