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Mié, Ago

Aumento de Jóvenes Buscando Ayuda por Ansiedad en RD, Urge Actualización de Datos Estadísticos Nacionales

Nacionales
La ansiedad se manifiesta cada vez más en distintas franjas etarias, con un notorio incremento en adolescentes y adultos jóvenes, según especialistas dominicanas. Aunque la demanda de atención por estos síntomas crece, la República Dominicana carece de estadísticas nacionales recientes que permitan cuantificar la prevalencia real y la evolución de este desafío de salud mental en la población. Esta situación dificulta la comprensión precisa del problema y la formulación de estrategias efectivas.

La inquietud mental está llegando a los consultorios de especialistas en salud a lo largo de diversas etapas de la vida, pero los adolescentes, los jóvenes adultos y los individuos en edad productiva concentran una atención especial entre las expertas consultadas. La psicóloga Margaret Muñoz afirma haber notado un incremento en la cantidad de pacientes que buscan asistencia por manifestaciones de ansiedad. Dentro de su práctica, ella identifica particularmente a adolescentes entre los 12 y 16 años y mujeres de 22 a 35 años. Su apreciación coincide parcialmente con la vivencia de la neuróloga Abigail Jean. “Actualmente observamos ansiedad en casi todas las edades, pero existe una preocupación particular por el aumento de síntomas en adolescentes y jóvenes, además de una significativa carga de ansiedad en adultos en edad laboral”, explicó Jean.

Las observaciones de ambas profesionales corresponden a su experiencia en la clínica y no permiten determinar cuáles grupos presentan la mayor incidencia de ansiedad en toda la población dominicana. La República Dominicana carece de información nacional reciente. Medir el alcance actual del problema en el país sigue siendo un desafío. El Atlas de Salud Mental 2024 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la nación no había llevado a cabo un estudio nacional de salud mental en los diez años previos a la recolección de esos datos, aunque sí había publicado un informe sobre salud mental durante los dos años anteriores. Esta limitación impide determinar con exactitud cómo se distribuyen actualmente los trastornos de ansiedad por edad y género, o establecer cuánto ha variado su prevalencia en los últimos años. Una de las referencias disponibles es un informe de la OMS de 2017, que calculó que 570,312 personas padecían trastornos de ansiedad en República Dominicana en 2015, lo que equivalía al 5.7 % de la población de aquel entonces. Ese porcentaje, por lo tanto, no debe presentarse como una medición de la situación dominicana en 2026.

¿Qué ocurre con los jóvenes? Entre los factores que Jean identifica en adolescentes y jóvenes adultos se encuentran la presión académica, las relaciones con otros, las plataformas digitales, la inestabilidad laboral y económica, y las alteraciones del sueño. Muñoz añade la escasez de oportunidades de empleo, el uso excesivo de las redes sociales y las expectativas poco realistas sobre el éxito. Estos elementos pueden contribuir al malestar, pero no deben interpretarse como causas que, por sí solas, originen o permitan diagnosticar un trastorno de ansiedad. La OMS explica que los problemas de salud mental pueden estar vinculados a una combinación de factores sociales, psicológicos y biológicos. A nivel global, el organismo estima que los trastornos de ansiedad afectan al 4.1 % de los adolescentes de 10 a 14 años y al 5.3 % de aquellos entre 15 y 19 años, identificándolos entre los trastornos emocionales más habituales durante esta etapa de la vida. Estas cifras son globales y no pueden aplicarse automáticamente a República Dominicana.

¿Existen diferencias entre géneros? Muñoz asegura que observa disparidades entre hombres y mujeres en su ejercicio profesional, aunque no detalló cómo se manifiestan. Por esa razón, no sería correcto atribuirle características específicas que no precisó durante la entrevista. La OMS sí señala que, a nivel mundial, las niñas y las mujeres tienen una mayor probabilidad de presentar trastornos de ansiedad que los niños y los hombres. Esto se refiere a la frecuencia del trastorno y no significa que todas las mujeres o todos los hombres experimenten la ansiedad de una manera particular.

Estrés y ansiedad no son lo mismo. Confundir ambos términos es común, según las especialistas. Muñoz explica que el estrés suele surgir como reacción ante una situación o exigencia reconocible, como dificultades económicas, sobrecarga laboral o exámenes, y generalmente disminuye cuando desaparece el factor que lo provoca. La ansiedad, en cambio, puede generar preocupación, temor o un estado constante de alerta incluso cuando no hay un peligro inmediato. Aunque pueden compartir síntomas y presentarse simultáneamente, no significan lo mismo. Además, sentirse ansioso ocasionalmente no implica necesariamente padecer un trastorno de ansiedad. La OMS establece que estos trastornos se caracterizan por miedo o preocupación intensos y excesivos, difíciles de controlar y capaces de interferir significativamente con la vida diaria.

La ansiedad también se siente en el cuerpo. Los síntomas no son únicamente emocionales. Jean indica que pueden aparecer palpitaciones o taquicardia, sensación de falta de aire, molestias en el pecho, mareos, temblores, sudoración, hormigueo, insomnio y dificultades para concentrarse. La OMS también reconoce manifestaciones como tensión, irritabilidad, problemas para dormir y sensación de peligro o pánico. Durante algunos episodios puede producirse hiperventilación, una respiración excesivamente rápida y profunda que puede reducir el nivel de dióxido de carbono en la sangre y provocar mareos, debilidad, hormigueo y una intensa sensación de falta de aire. Sin embargo, estos síntomas no deben atribuirse automáticamente a la ansiedad.

Señales que requieren atención médica. Jean advierte que algunos síntomas pueden corresponder a una emergencia neurológica. Una debilidad o pérdida de sensibilidad repentina en un lado del cuerpo, asimetría facial, dificultad súbita para hablar o comprender, alteraciones repentinas de la visión o el equilibrio y un dolor de cabeza intenso de aparición brusca requieren evaluación médica. Estas manifestaciones coinciden con señales de alarma de un accidente cerebrovascular descritas por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). Por eso, ante síntomas nuevos, graves o inexplicables, la evaluación profesional debe determinar su origen.

¿Cuándo buscar ayuda? Muñoz considera que una señal importante aparece cuando la preocupación empieza a dominar la vida cotidiana. Su recomendación es reconocer la necesidad de apoyo y acompañamiento psicológico en lugar de minimizar el problema. Jean coincide en que se debe buscar ayuda cuando los síntomas comienzan a interferir con el sueño, el trabajo, los estudios, las relaciones personales o las actividades habituales. Sin atención adecuada, los trastornos de ansiedad pueden afectar el funcionamiento familiar, social, académico y laboral. Muñoz también señala que uno de los principales obstáculos es que algunas personas todavía no reconocen los problemas de salud mental como condiciones que pueden requerir evaluación y tratamiento. La OMS identifica el estigma, la falta de conocimiento sobre estos trastornos, la insuficiencia de profesionales capacitados y la limitada inversión en servicios de salud mental entre las barreras para acceder a tratamiento.

Ansiedad y riesgo de suicidio. Muñoz relacionó el estigma y la desinformación con consecuencias graves, entre ellas suicidios, homicidios y problemas académicos o laborales. Esta afirmación requiere una precisión. La OMS señala que los trastornos de ansiedad se asocian con un mayor riesgo de pensamientos y conductas suicidas y que los problemas de salud mental pueden afectar el funcionamiento académico y laboral. Sin embargo, esto no permite afirmar que la ansiedad sea responsable de un aumento de los suicidios en República Dominicana ni establecer una relación causal general entre ansiedad y homicidio. Por esa razón, el homicidio no debe presentarse como una consecuencia directa de la ansiedad.

Existen tratamientos efectivos. La evaluación profesional permite determinar si una persona presenta un trastorno de ansiedad, una respuesta al estrés, otra condición de salud mental o una enfermedad física con síntomas similares. El tratamiento puede incluir psicoterapia, cambios en los hábitos de vida y, cuando esté clínicamente indicado, medicamentos. La OMS identifica las intervenciones basadas en los principios de la terapia cognitivo-conductual entre las que cuentan con mayor evidencia para tratar distintos trastornos de ansiedad. Esto significa que buscar ayuda psicológica o psiquiátrica no implica automáticamente recibir medicamentos. El tratamiento debe responder al diagnóstico y a las necesidades de cada persona.

Una preocupación que aún necesita medición. Las consultas de Margaret Muñoz y Abigail Jean muestran una inquietud clínica por la presencia de síntomas de ansiedad entre adolescentes, jóvenes y adultos en edad laboral. Pero la principal limitación persiste: República Dominicana necesita datos nacionales recientes que permitan establecer con precisión cuántas personas están afectadas, cuáles grupos concentran la mayor prevalencia y cómo ha evolucionado el problema. Hasta contar con esas mediciones, la experiencia de los profesionales puede servir como señal de alerta, pero no sustituye las estadísticas necesarias para conocer el verdadero alcance de la ansiedad en el país.